
“A Remedios Varo le gustaba la libertad, no puede ser encajada en ninguna vanguardia. Por eso en su obra está tan presente la figura del gato, un símbolo de todo lo que representa. Encajarla en una convención es la antítesis de lo que ella era”, dijo a Infobae Cultura Victoria Giraudo, jefa de curaduría de Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), el espacio porteño donde antes de comenzada la pandemia se inauguró Constelaciones, la primera muestra en el país dedicada a la artista hispano-mexicana.
El corpus de obra de Varo (Girona, España, 1908 – Ciudad de México, 1963) puede dividirse en dos momentos claros: antes y después de México. Con una aproximación al surrealismo al principio, realizado en Barcelona y París, la artista toma un estilo personal inconfundible y maduro ya en esta parte del mundo.
En México trabaja y mantiene un vínculo muy cercano con otras artistas emigradas, como Kati Horna y Leonora Carrington, con quienes desarrolla una narrativa fantástica y creativa que tiene muy poco que ver con el discurso hegemónico del muralismo, que además de ser pintado por hombres es abrazado por el Estado como propaganda propia.
También se aleja del surrealismo, la otra vanguardia artística del momento, que si bien en su espacio contaba con Frida Kahlo era un lugar donde se daba preferencia y relevancia a los hombres.
En Paraíso de los gatos, de 1955, se puede apreciar, por ejemplo, la influencia de la pintura flamenca, en su obsesión por el detalle. Esta obra fue realizada con pincel triple cero, con uno o dos pelos, por lo que demoró meses en finalizarla.
La obra de Varo no es taxativamente felina, ya que estos animales solo aparecen en ocho cuadros y dos bocetos, aunque su caracterización se diferencia tanto de otras y pasa por tantos registros que la asociación es inevitable.

El Gato Helecho, de 1957, es un ejemplo. Si se lo compara con este del paraíso poco tienen en común. Este fue inspirado en el sueño de su amiga, la fotógrafa Eva Sulzer, quien relató: “Un día tuve un sueño y se lo narré a Remedios, soñé que paseaban por el jardín unos gatos que se habían convertido en helechos, pero los helechos no estaban pegados al gato con su misma forma sino que era como si salieran de ellos. Remedios pintó ese cuadro El gato helecho y me lo regaló...”
Simpatía (La Rabia del gato) es más cercana al gato hecho planta. Allí, se muestra a una figura humana frente a un gato, ambos en una especie de simbiosis, una suerte de energía ‘cósmica’, lo que marca la relación que tenía con su mascota favorita.
Los gatos están rodeados de una mística que los ha acompañado durante todo el desarrollo de la humanidad. Mágicos, misteriosos, y enigmáticos, parecen habitar espacios metafísicos a los que las personas no pueden acceder. En sus trabajos, están solos o acompañados, en total mímesis o como opuestos, ocultos (como Vagabundo, de 1957, o Mimetismo, de 1960) o en primer plano. Y nunca, nunca, pasan desapercibidos.
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