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De chiquito, François Boucher veía a su padre y decía: “Yo quiero ser eso”. Nicolas Boucher era maestro pintor y dibujante en la Academia de San Lucas. Fue quien le dio las primeras clases artísticas como un legado familiar. Recién arrancaba el siglo XVIII en París y el joven François ansiaba conquistarlo a fuerza de trazos.
Al principio le costó abrazar la excelencia. Tuvo muchísimos maestros hasta que se topó, primero con François Lemoyne y luego con Jean-François Cars, y encontró el rumbo. Recién tenía 17 años.
En 1723 ganó el prestigioso Premio de Roma, pero por falta de plazas tuvo que esperar cuatro años para disfrutar del premio: un viaje de estudios a Italia alojado por la Academia Francesa en Roma. Era el sueño de todo estudiante. Esos cuatro años los usó para aprender de los que lo rodeaban, entonces cuando partió a Italia su talento era todavía mayor.
Al volver, estaba listo para sorprender a su país, pero necesitaba que alguien lo apoye y le brinde contactos. En definitiva, que lo acerque al mundillo artístico. Un mecenas. Entonces conoció a Jeanne-Antoinette Poisson.
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Jeanne-Antoinette Poisson tenía la misma ambición intelectual que Boucher. Parisina, nacida en 1721, sabía bailar, tocar el laúd y el clavicordio, era una buena cantante y sabía muy bien dibujar y grabar.
A los diecinueve años se casó con Guillaume Le Normant d’Etioles y abrió su propio salón. Las reuniones con artistas e intelectuales (solía ir Voltaire, por ejemplo) se hicieron muy famosas en su tiempo. Nadie quería perderse esas tertulias de charlas, bebidas e ideas.
En 1745 fue invitada a un baile de máscaras en Versalles. Estaba el Rey Luis XV que, al conocerla, quedó fascinado. Se hicieron amantes (a este rey, conocido como “el bien amado”, le sobraban amantes) y la convirtió en Marquesa de Pompadour.
Inteligente, culta y carismática, mantuvo una elevada posición en la corte influyendo en la política y en las artes. Ese era su terreno y su lugar de conquista.
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François Boucher y Jeanne-Antoinette Poisson se ayudaron mutuamente y ambos tuvieron un enorme éxito, cada cual en lo suyo.
Él fue admitido en la Real Academia de Pintura y Escultura (llegó incluso a ser el rector) y fue director de la Real Fábrica de Gobelinos. Más tarde, en 1765, fue nombrado Primer Pintor del Rey. Luego, la historia se encargó de ponerlo como protagonista de la era rococó.
Ella, por su parte, se convirtió en una mujer influyente y en una figura importante de la cultura. En 1756 fue nombrada dama de honor. Para conmemorar la ocasión, le encargó a Boucher un retrato. Ya le había hecho varios. Ahora quería uno que sea realmente deslumbrante, que combine lo privado y lo oficial.
Así nació El Retrato de la marquesa de Pompadour de 1756. La obra es realmente deslumbrante. Tiene los tonos elegantes y sensuales de la época y del estilo de Boucher. Jeanne-Antoinette Poisson posa reclinada en su sillón canapé sosteniendo un libro abierto en el regazo, con un vestido verde bordado con rosas.
Es un cuadro lleno de detalles y colores. Hoy está en la Pinacoteca Antigua de Múnich, Alemania.
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