
Una tormenta violenta y explosiva en la costa de Maine, eso es lo que Winslow Homer (1836-1910) reprodujo en esta obra. Cuando el artista exhibió este lienzo por primera vez en 1895, la pintura contemplaba las figuras de dos hombres con impermeables, acurrucados bajo la columna de espuma, que no era tan imponente como terminó siendo. Aunque el cuadro fue bien recibido y fue adquirido por el coleccionista George A. Hearn, los cambios que luego imprimió Homer, con el foco puesto claramente en los efectos del agua aumentaron su impacto.
Según describe la página del Metropolitan Museum de Nueva York -donde se encuentra la obra- un crítico comentó que Tormenta presenta “tres elementos fundamentales, la solidez de las rocas escarpadas, el poderoso y majestuoso movimiento del mar y la atmósfera de grandes espacios naturales libres de la insignificante presencia humana”.
En 1873 Homer comenzó a utilizar la acuarela. Durante la década de 1870 los temas predominantes de sus obras fueron los de inspiración rural o idílica: escenas de la vida agrícola, niños jugando y escenas de lugares conocidos poblados de mujeres elegantes.

Representante del realismo estadounidense, Homer fue el artista norteamericano más importante de la segunda mitad del siglo XIX y se destacó tanto en la pintura al óleo como en la técnica de la acuarela. Su formación de pintor se limitó a unas cuantas clases de pintura por lo cual se lo considera un autodidacta. Estudió en Cambridge, Massachusetts, y comenzó a trabajar como ilustrador en Boston y más tarde en Nueva York, adonde se mudó en 1859.
Ese mismo año comenzó a colaborar con la revista Harper’s Weekly y fue también su corresponsal durante la guerra civil, pero no solo se dedicaba a trabajar con imágenes a la manera de cronista de los hechos sino que le resultaban más atractivas las escenas de campo y de naturaleza que las del campo de batalla. En 1866 viajó a París con motivo de la Exposition Universelle y aunque trabajó el tema de la luz al mismo tiempo que los impresionistas, su obra no sufrió influencia directa de esta escuela.

Según cuenta la página del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid, que también cuenta en su colección con varias obras del gran artista estadounidense, en 1881 viajó a Inglaterra; se instaló en Cullercoats, un pueblo en la costa del Mar del Norte, donde permaneció hasta noviembre de 1882. Ese año en sus pinturas comenzaron a verse “escenas de pescadores del lugar con una monumentalidad casi heroica”.
En 1883 Homer se trasladó a Prouts Neck, Maine, una península de la costa atlántica y vivió allí hasta su muerte. En los inviernos viajaba siempre a las Bahamas, a la Florida, a las Bermudas, donde pintó acuarelas que reflejan el ambiente cálido de esos paisajes.
El mar fue el gran tópico de su obra. Nuestra belleza del día refleja esa pasión y el escenario donde el artista pasó gran parte de su vida.
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