
En Colombia, más de 1.753 obras públicas permanecen inconclusas desde 1991, según datos de la Auditoría General de la República (AGR) y las contralorías locales. Estas construcciones, conocidas como “elefantes blancos”, representan un gasto de más de seis billones de pesos, con un costo promedio por obra de 6.927 millones de pesos.
Asi quedó reflejado en un reciente compilado de datos realizado por la revista Cambio que determinó, entre otras cosas, que las obras que más han generado un detrimento al Estado ha sido las de alcantarillado, con 80 contratos sin finalizar que suman 1.4 billones de pesos, convirtiéndose en el sector con las construcciones inconclusas más costosas del país.
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El informe de la AGR también destaca que las obras de infraestructura vial y acueducto son otras áreas críticas, con 102 y 139 contratos sin terminar, respectivamente, que representan un gasto de 1.2 billones y 741.000 millones de pesos.
Además, los proyectos de vivienda y hospitales también enfrentan problemas fuertes, con 90 contratos de vivienda sin concluir por un valor de 564.000 millones de pesos y 38 contratos hospitalarios que suman 451.000 millones de pesos.

Un ejemplo de estas obras es el centro de salud en El Rosal, Cundinamarca, que permanece sin terminar, y la ampliación del Hospital Barranquilla, iniciada en 2020 con una inversión de más de 80.000 millones de pesos, pero suspendida por problemas financieros. La administración de Alejandro Char ha retomado recientemente este proyecto.
El sector deportivo tampoco escapa a esta problemática, con 70 contratos inconclusos para instalaciones deportivas que superan los 450.000 millones de pesos, lo que representa cerca del 30% del presupuesto del Ministerio del Deporte para el año en curso, según el informe dado a conocer por Cambio.
En cuanto a las regiones, Bogotá lidera en términos de valor de obras inconclusas, con 14 contratos que suman 1.1 billones de pesos. Un caso destacado es la extensión de la troncal de TransMilenio hacia Soacha, que comenzó en 2020 y cuyo avance físico es mínimo. Magdalena sigue con 20 contratos sin terminar que alcanzan los 742.000 millones de pesos, incluyendo el megacolegio de Taganga, iniciado en 2019 y aun sin finalizar.
El departamento del Meta presenta 70 contratos estancados, principalmente relacionados con acueductos, sumando 542.000 millones de pesos. Un proyecto notablemente problemático es la línea de agua desde la quebrada La Honda hasta la planta de La Esmeralda en Villavicencio, que costó 65.000 millones de pesos y permanece sin solución.
La Guajira, con 61 contratos inconclusos que suman 394.000 millones de pesos, enfrenta un panorama similar, con proyectos que datan de 1999 aun sin concluir. Un ejemplo es la represa del río Ranchería, que a pesar de una inversión de 574.000 millones desde 2002, no ha entrado en operación.
Finalmente, Bolívar completa el listado de los cinco departamentos con más obras inconclusas, con 34 contratos que representan 377.000 millones de pesos. La ineficiencia y la corrupción han alimentado la proliferación de estos “elefantes blancos” en todo el país, convirtiéndose en un problema persistente en la infraestructura colombiana.
Este es el “Elefante Blanco” que le está poniendo el ojo a las obras inconclusas

En Colombia, el término elefante blanco se ha convertido en un símbolo de corrupción y proyectos inconclusos, a diferencia de su significado en Myanmar, donde representa prosperidad y suerte. En este contexto, un influencer conocido como Elefante Blanco ha ganado notoriedad en las redes sociales por formar un colectivo ciudadano dedicado a la vigilancia de obras públicas inconclusas. Este personaje, que ha captado la atención de muchos, critica duramente a quienes malgastan los recursos provenientes de los impuestos de los colombianos.
En una entrevista con Infobae Colombia, Elefante Blanco expresó su descontento con el actual gobierno y abordó temas como la financiación de la construcción de vías 4G en Antioquia. Este proyecto, que buscaba mejorar la infraestructura vial, ha sido objeto de controversia debido a la mala gestión de los fondos públicos.
El término elefante blanco tiene sus raíces en la historia de Siam (actualmente Tailandia), donde los elefantes blancos eran considerados un símbolo de poder real. Sin embargo, su costosa manutención podía llevar a la ruina a quienes los recibían como regalo, lo que dio lugar a la analogía con proyectos que, aunque inicialmente prometedores, terminan siendo un lastre económico.
En Colombia, estos proyectos suelen ser obras de infraestructura donde los costos superan los beneficios sociales, generando un impacto negativo en la comunidad. Elefante Blanco, a través de su colectivo, busca visibilizar estos problemas y exigir transparencia en el uso de los recursos públicos.
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