
Hécate es una deidad de la mitología griega, que encarna dualidades y es conocida tanto por su influencia benévola como por su conexión con aspectos oscuros. Según World History Encyclopedia, Hécate es una de las figuras más enigmáticas del panteón griego y desempeña un papel crucial en la hechicería, la magia, y la protección de los límites y las encrucijadas para la cosmovisión de la Antigua Grecia, en el siglo VII a. C.
“Siempre me fascino la mitología griega, con el tiempo fui interesándome más por algunos conceptos difusos. En esa búsqueda, me di cuenta de que la figura conceptual de Hécate ha estado presente en diferentes religiones y mitologías, todos a través de los relatos orales”, relató una bogotana de 63 años que, bajo la condición de anonimato, quiso hablar con Infobae Colombia sobre su fe pagana y sus creencias. La identificaremos como Sofía.
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“Me interesé tanto, que como agüero, en mi época de universidad, me encomendaba a ella, como quien se encomienda a los ángeles o a ‘ese dios’, para pasar los exámenes. Como el que se encomienda a un familiar muerto... realmente no garantiza que pase lo que quieras, pero te sientes respaldado”, recuerda Sofía, que sostiene que desde su adolescencia, su interés por los libros y la historia antigua, se encontró con esta diosa griega, con sangre de titán.
La representación de Hécate varía considerablemente en la literatura y el arte griegos. A menudo descrita con tres rostros o cuerpos, Hécate simboliza su papel como guardiana de puertas y fronteras. Además, se le asocia con elementos nocturnos y criaturas de la noche como los perros infernales.

El poeta Hesíodo, en su Teogonía, describe a Hécate como hija de Perses y Asteria, nieta de los titanes Febe y Ceo. Entre las divergencias sobre su genealogía, Eurípides menciona a Leto como su madre, mientras que otros autores sugieren que Hécate es hija de Zeus y Deméter, Aristeo o hija de la noche misma. Su conexión frecuente con Deméter y los cultos relacionados propone una relación simbiótica entre ambas deidades.
Sofía concuerda con varios investigadores, el concepto de Hécate es difícil de entender y mucho más de creer.
“Alguna vez, una profesora me acusó de satánica. Mi dios no era el mismo que el de ella, no era hombre, ni andaba con túnica blanca, ni hipócritamente siempre benevolente; era y es mujer, una mujer atractiva, desnuda, y se podía equivocar, ser vengativa y justa, como un humano”, relata Sofía.
Según en la Teogonía de Hesíodo, poema épico griego, datado del siglo VIII a. C., que narra el origen del universo y de los dioses griegos, desde el Caos primordial hasta el reinado de Zeus. Se considera una fuente fundamental de la mitología griega, ofreciendo una genealogía divina y explicando la distribución de poderes en el cosmos.
A partir del siglo V a.C., Hécate se asocia más intensamente con aspectos sombríos de la vida humana, tales como la muerte y la brujería. Según el Oxford Classical Dictionary, su rol “extravagante en su aspecto infernal” la relegó a la periferia del politeísmo griego, y su ambigüedad y naturaleza polimorfa la hicieron una figura difícil de definir.

En sus rituales, Hécate recibía ofrendas en las encrucijadas y otros umbrales, conocidos como “la cena de Hécate”, que incluían pasteles de huevo, queso y carne de perro, encendidos con antorchas en miniatura. Según el World History Encyclopedia, estos “sacrificios de perros, especialmente cachorros, lo que podría estar relacionado con su vinculación a los perros”, animales que, según algunas creencias tergiversadas por religiones predominantes, guiaban las almas al inframundo.
“Así como se prende el incienso para hablar con ‘ese dios’, o algún ángel, u otro dios, se puede dar ofrendas, trato. No en vano las personas hacen tratos y concilios con varias Marías u otros santos. La gente sube Monserrate de rodillas por fe, esa es su ofrenda. La mía es diferente. Puedo hacer un plato de comida”.
Su representación en la escultura y la cerámica griega incluye imágenes con una antorcha o una llave, que simbolizan sus funciones de deidad nocturna y guardiana de las puertas del Hades. En el arte helenístico, sus esculturas adquieren un carácter impresionante con múltiples cabezas o cuerpos, a veces con halo o rayos de luna.
Para citar un ejemplo, la Hécate Epipyrgidia de la Acrópolis de Atenas, obra del escultor Alcámenes en el siglo V a.C., muestra a la diosa triplicada, un símbolo de su custodia en los límites sagrados y las murallas de las ciudades. El altar de Zeus en Pérgamo también presenta una Hécate tricéfala luchando contra un gigante serpentino, ayudada por un perro.

Culturalmente, su veneración se extendió más allá del periodo clásico, incluyendo misterios en la isla de Egina, en Grecia, y festividades en Lagina, Caria, donde se encontraba su principal templo. Durante estas celebraciones, se transportaba una llave como símbolo del acceso al inframundo.
“Ella llega a Sur América y posteriormente a Colombia por medio de tradiciones orales y relatos de poblaciones nómadas europeas, aparte de los libros de historia académicos de las universidades. Es difícil determinar como llegó al país la imagen de Hecate, pero, se que hay cultos en Bogotá que la adoran, así como hay mezquitas, iglesias y templos, pero no hay conglomeraciones para rendirle culto. Normalmente, se le reza en la intimidad del hogar. Así lo hago yo”, explica Sofía.
La poesía trágica y épica, como las obras de Eurípides, Sófocles y Virgilio en la Eneida, también hace referencia a Hécate como guía de la Sibila al inframundo.
Finalmente, el culto a Hécate siempre ha sido relacionado por su capacidad para proteger a guerreros, cazadores y niños, y muestra cómo una figura ambivalente puede ser tanto una benevolente protectora como una ominosa guardiana de los misterios oscuros.
“Las creencias son solo de cada quien. No es algo que se vaya gritando por la calle o juzgando a las demás personas por no creer lo mismo que uno, pero prefiero negar mis creencias, que explicarle a las personas quién es Hécate y exigirles respeto. Todos se asustan y es obvio, uno se asusta de lo desconocido, pero no estoy obligada a enseñarles, solo pido que no me vean como una paria”, finaliza Sofía.
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