
El departamento de cirugía plástica de la Universidad Nacional de Colombia (Unal), desde hace algunos meses viene desarrollando una nueva técnica llamada “colgajos de nanoperforantes ubicuas de localización aleatoria”, que consiste optimizar los tiempos empleados en las cirugías, debido a la practicidad de esta; además son garantizados los estéticos y de seguridad para los pacientes.
En el campo de la cirugía plástica reconstructiva, los colgajos son utilizados para restaurar la forma, función y apariencia de áreas afectadas por distintos tipos de quemaduras severas, heridas profundas y casos complejos como tumores.

Así mismo, los colgajos se definen como cualquier segmento de tejido (piel) que es movido de un sitio a otro y que preserve su propia fuente vascular (o irrigación sanguínea). Estos son usados por los cirujanos plásticos como una herramienta que es empleada para resolver defectos de cobertura de piel.
El profesor Oswaldo Javier Gómez Díaz, médico especialista en cirugía plástica de la Facultad de Medicina de la Unal, fue quien creó esta novedosa técnica, a la que considera más versátil ya que les permite resolver problemas reconstructivos de todo tipo con mayor facilidad.
Durante el proceso de desarrollo de esta técnica, el doctor Gómez introdujo una serie de modificaciones al “colgajo Keystone”, en el cual son diseñados colgajos en isla que tienen forma de piedra angular y que permiten distribuir la tensión del cierre de la piel, transformando los vértices de estos triángulos en una Y. En otras palabras esta técnica lo que hace es darle más versatilidad al colgajo, pues no se requiere de un gran vaso sanguíneo, sino que el área pedicular o fuente vascular utiliza muchos vasos pequeños, lo que permite que se puedan hacer formas distintas con el pedazo de piel que se usa posteriormente para cubrir la herida.

El doctor Daniel Espinel Pinzón, especialista en cirugía plástica de la Universidad Nacional, recuerda cuando le tocó atender a un paciente de 16 años quien se había quemado los pies y la pierna, en una zona que es muy difícil de reconstruir desde el punto de vista quirúrgico, porque hay poca piel disponible y la irrigación de sangre en este lugar del cuerpo no es tan buena. “Cualquier cosa que uno haga allí tiene muy altas probabilidades de fallar”, recalcó el cirujano.
Por lo tanto, devolverle la funcionalidad y la estética de las partes del cuerpo a ese joven, que estaban gravemente afectadas, dice, habría sido imposible sin una técnica que él y el profesor Gómez Díaz y otros expertos de esa universidad, ayudaron a desarrollar.
Básicamente, explica Espinel, “lo que se hacía en el método tradicional es tomar una porción de piel denominada colgajo y cortarla en forma angular para cubrir la zona afectada y así reconstruirla. Sin embargo, esta técnica presenta una limitación ya que requiere de un vaso sanguíneo grande para que el colgajo tenga mejor posibilidad de funcionar”.
Eso, que en teoría suena tan sencillo, aunque no lo sea, permite que la cicatriz que queda después de la intervención se pueda camuflar mejor disminuyendo los tiempos de la intervención quirúrgica.
“Esto ha sido posible gracias a las modificaciones al concepto de área pedicular, que es el concepto vascular clave. La mayoría de colgajos se impregnan de un vaso sanguíneo grande que entra al colgajo, que usualmente es un vaso que está en una localización específica y tiene un nombre específico. Lo que nosotros hemos hecho es reemplazar ese vaso único por muchos vasos muy pequeños a los que hemos llamado microperforantes bajo la premisa de que estos están ubicados de forma ubicua en el cuerpo, lo que nos permite no estar restringidos a un vaso sanguíneo grande con una localización fija”, agrega el doctor Espinel.
La eficiencia de esta técnica no solo ha sido al nivel reconstructivo, sino también en el estético. Esto, porque permite usar piel ubicada en partes cercanas a la zona afectada. Es decir, si la reconstrucción se da en el rostro se usa piel de la cara y el cuello, que presenta características similares, lo que conlleva a que la reconstrucción conserve un estado más natural y que en algunos casos, se noten detalles mínimos de la intervención.
“Esto no pasa con otras técnicas que se utilizan con más frecuencia, como por ejemplo la transferencia de tejido libre, que es una técnica donde se toma piel de otras partes del cuerpo y se trasplantan a la parte donde uno quiere reconstruir. Si bien son técnicas muy seguras y que han probado su utilidad, el problema es que al ser piel de otras zonas se ven parches con resultados estéticos que no son los mejores”, enfatizó Espinel.
Esta técnica fue probada por Espinel durante el desarrollo de su tesis de grado de especialización, allí se evaluó a un grupo de 150 pacientes sometidos a este procedimiento, lo que dio como resultado un total de 211 colgajos utilizados para corregir 184 defectos, la mayoría de los cuales se relacionaban con tumores y traumas causados por accidentes automovilísticos, mordeduras de perros y otros incidentes.
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