Oona y Charles Chaplin: un amor que desafió las convenciones, escandalizó a la sociedad y encendió una llama que no dejó de arder

Cuando se conocieron el actor atravesaba un periodo oscuro de su vida. El tenía 53 y ella, 17. Se deslumbraron el uno al otro y en pocas semanas se enamoraron. Esperaron a que ella cumpliera 18 para casarse. Fueron centro de polémicas y controversias, y estuvieron en boca de todo Hollywood hasta que decidieron mudarse a Europa a ser felices

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Fotografía en blanco y negro de Charlie Chaplin y Oona O'Neill. Chaplin, con traje, sonríe y saluda con la mano. O'Neill, con collar de perlas, también sonríe
El legendario actor Charlie Chaplin y su esposa, Oona O'Neill

Los separaban 13.149 días. No importó. Los separaban las normas y valores sociales. No importó. Había 36 años de distancia entre una y otra historia de vida. Tampoco les pareció un impedimento.

La vasta experiencia de él cuando ella recién comenzaba a andar escandalizó a la mayoría. Incluso a sus respectivas familias. Nadie aprobó la relación despareja, rayana a la inmoralidad por la corta edad de ella, pero avanzaron decididos, ciegos de pasión. Y se prometieron colaboración mutua: él la ayudaría a madurar y ella a ser “joven hasta el final”.

Cuando Oona O’Neill y Charlie Chaplin, finalmente, se casaron corría el año 1943: él tenía 54 años y ella, 18.

O'Neill y Chaplin.
Oona O’Neill

Amor desparejo

Oona O´Neill llegó a este mundo el 14 de mayo de 1925 en Bermudas, adonde sus padres se habían mudado para pasar el invierno junto con su hermano mayor Shane, de 6 años. Los adultos buscaban tranquilidad para escribir. Su padre era el célebre dramaturgo norteamericano Eugene O’Neill (ganador del Premio Nobel de Literatura y cuatro veces del Pulitzer); su madre, la escritora inglesa Agnes Boulton. Aunque Eugene tenía otro hijo que llevaba su nombre de una pareja anterior, no vivía con ellos. Eran una familia de cuatro. Lamentablemente para Oona, la pareja no duró demasiado y se quebró cuando ella cumplió 2 años. Eugene los abandonó, se había enamorado de otra mujer: la actriz Carlotta Monterey. Los dos chicos fueron criados en soledad por su madre.

Oona padeció la distancia que se interpuso con su padre. Una lejanía dolorosa interrumpida por algunas cartas que ella esperaba con desesperación.

Creció entre Nueva York y Bermuda, en escuelas privadas de élite. Bella y carismática rápidamente comenzó a circular por los estratos más sofisticados de Manhattan, siempre vinculada al mundo artístico y literario. Le gustaba la bohemia y lo intelectual, al tiempo que disfrutaba de aparecer en revistas y frecuentar discotecas de moda. Con solamente 15 años, su enorme atractivo donde se fundían lo superfluo y lo profundo, impactó al joven Orson Welles (26, actor, director, guionista) y se hizo amiga de personajes como el escritor Truman Capote y la artista Gloria Vanderbilt.

En el último año de la secundaria fue elegida la Debutante Número Uno (evento que marcaba el ingreso de las jóvenes a la sociedad adulta y aristocrática de la época). Su foto salió en todos lados y, enseguida, recibió ofertas de agencias de modelos y de publicidad. Oona pertenecía al selecto mundo de la época donde se permitía rozar el escándalo con glamour. Por entonces salió con un autor aún desconocido llamado J.D. Salinger (22), quien se haría más adelante famoso con su obra El guardián entre el centeno. La relación entre Oona y Salinger se enfrió cuando él se enlistó en el Ejército y fue destinado al estado de Georgia.

El padre de Oona era un hombre ausente en la vida de sus hijos, pero tuvo el tupé de enojarse con las pretensiones mundanas de su hija. De hecho, intentó frustrar los coqueteos de Oona con Hollywood valiéndose de sus contactos como dramaturgo famoso. No pudo con la convicción de la joven. Ella no le hizo el menor caso: decidió dedicarse al cine y se trasladó a Hollywood con su madre para las pruebas de actuación.

En 1942, a los 17 años, conoció por medio de la agente Mina Wallace a Charlie Chaplin, de 53. Era una cita puramente laboral en la que ella buscaba abrirse puertas y él, una joven actriz para un proyecto cinematográfico que jamás concretaría. Lo que empezó como algo estrictamente profesional mutó con velocidad. En ese primer encuentro Chaplin quedó impactado por la belleza de Oona, pero más todavía por sus formas de expresión. Le gustó su frescura, su modo de hablar, su sofisticación salpicada de inocencia. Ella quedó encantada con ese hombre magnético, dueño de una inteligencia superior. Chaplin no demoró en invitarla a cenar. Luego otra vez, y otra vez más. Más tarde la recibió en su casa donde mantuvieron larguísimas charlas. En cuestión de semanas estaban profundamente enamorados.

Se volvieron inseparables.

Charles Chaplin
Charlie Chaplin y su esposa, Oona O'Neill, en el club nocturno El Morocco de la ciudad de Nueva York (Bettmann)

El hombre envuelto en escándalos

No ocultaron la relación y su diferencia de edad comenzó a reclutar detractores de la pareja en todos los ámbitos.

Arrancado el año 1943 las cosas se precipitaron. En mayo Oona cumplió 18 años. La mayoría de edad era lo que estaban esperando para dar el paso. El 16 de junio de 1943, se casaron.

El distante padre de Oona se enojó tanto que rompió la poca comunicación que mantenía con ella. ¡Su hija se había casado con un hombre que tenía su misma edad! Eugene O’Neill escribió furioso a un amigo: “Te habrás enterado de la última payasada de mi hija”.

Quitó a Oona de su testamento y nunca volvió a hablarle en su vida.

La prensa sentía curiosidad por esa pareja tan dispar en edades. Envueltos en intrigas y críticas ellos sabían que estaban protagonizando un escándalo de proporciones en Hollywood.

Lo cierto es que la vida de Chaplin tenía más banderas rojas que cualquier otro candidato posible para Oona. Nacido en Londres en abril de 1889, su infancia estuvo marcada por la pobreza. Sus padres eran artistas de music hall sin éxito. La ausencia del padre y la escasez de recursos de su madre, que trabajaba ocasionalmente de enfermera y costurera, lo envió a los 7 años a un orfanato para niños sin recursos. Estuvo allí por un año y medio. Su madre intentó rescatarlo, pero fracasó y tuvo que enviar otra vez a sus hijos a un asilo para indigentes. En 1898 ella terminó internada en un psiquiátrico, había desarrollado psicosis por la desnutrición y la sífilis según los médicos. En ese tiempo los chicos terminaron viviendo con su padre, un hombre que casi no conocían y que era alcohólico perdido. Dos años más tarde murió por cirrosis y fue enterrado en una fosa sin nombre.

Lo que Charlie Chaplin llevaba vivido con cortos diez años era demasiado. Su madre mejoró durante un lapso, pero volvió a desbarrancar en 1903. Con 14 años Chaplin fue el encargado de internarla en un psiquiátrico del que saldría intermitentemente.

El joven Chaplin quedó a la deriva, comiendo de aquí y de allá, durmiendo donde podía, bajo el cielo o el techo de algún personaje caritativo.

Ya actuaba y siguió insistiendo por ese camino que le venía impreso en la sangre. Consiguió entrar a una compañía de claqué con la que comenzó algunas giras de music hall por Inglaterra. Mientras trabajaba en otros oficios (soplador de vidrio y vendedor callejero) se registró en una agencia teatral. El mánager detectó talento en el adolescente y le dieron un primer papel como repartidor de periódicos. Luego, consiguió otro y otro. A los 19 años tuvo una mejor oportunidad con la que levantó aplausos. Terminó formando parte de una compañía que lo llevó a los Estados Unidos durante 21 meses. Le fue muy bien. Había aparecido su “vagabundo”, su personaje cinematográfico central. Fue en 1914 cuando en los estudios Keystone le pidieron que improvisara un personaje cómico para un corto. Se puso unos pantalones grandes, un saco ajustado, zapatos enormes, se colocó un bigotito y un sombrero hongo pequeño. Tomó un bastón e improvisó. Ese personaje entre torpe y digno, con un dejo de tristeza tierna, se convirtió con el tiempo en un ícono universal del cine mudo. El silencio hablaba en la interpretación de cada cabeza (así fue hasta la aparición del cine sonoro en 1927).

Charles Chaplin - Tiempos Modernos 90 años
Charles Chaplin en "Tiempos Modernos" (Captura de video)

De allí en más, la carrera de Chaplin solo fue hacia arriba. Para 1918 se había convertido en uno de los actores mejor pagados del planeta con unos 670 mil dólares al año (eso equivaldría a unos 16 millones de dólares actuales). En 1919 ya había fundado su propia compañía. Chaplin escribía, dirigía, editaba, componía música, protagonizaba.

En lo que respecta a las relaciones sentimentales anteriores a Oona, Chaplin venía de turbulencia en turbulencia. En 1918 se casó con Mildred Harris de 16 años porque ella le dijo que estaba embarazada. Poco después descubrió que la gestación había sido una mentira de Mildred para atraparlo. La relación se iba a pique mientras sucedió el verdadero embarazo del que nació Norman. Lamentablemente el bebé llegó con serias malformaciones y murió pocos días después. Se separaron en 1920 y Chaplin alegó públicamente que eran incompatibles.

En 1921 estuvo a punto de comprometerse con la actriz May Collins, a quien había contratado como su secretaria. Se arrepintió cuando se dio cuenta de que no podía tolerarla en la misma habitación, pero en vez de romper el compromiso decidió dejar de ir a la oficina. Su maniobra funcionó y todo terminó.

Cuando Chaplin tenía 35 años comenzó a salir con Lita Grey, una adolescente de 15. El sexo tuvo lugar por primera vez en el sauna de la casa del actor en Bevery Hills. Ella quedó embarazada y la familia de Lita amenazó con denunciarlo por corrupción de menores. Chaplin decidió entonces que se casarían en México porque, según la ley de California, podría ser acusado de violación legal. Corría el año 1924 y estuvieron juntos hasta 1926. Con ella engendró dos hijos: Charles Jr y Sydney. Hay quienes dicen que esta historia habría inspirado la novela Lolita, de Nabokov.

Pero otra vez Chaplin sintió que no era feliz. Empezó a quedarse en su oficina para evitar estar en casa con su mujer. En noviembre de 1926, Lita se cansó, dejó el hogar que compartían y se llevó a los chicos.

Comenzó un largo proceso de divorcio donde ella lo acusó de “deseos sexuales pervertidos”. La noticia llegó a los titulares y se crearon grupos que buscaban prohibir las películas de Chaplin.

Los abogados de Chaplin terminaron pactando un acuerdo millonario con su ex, Lita, el más grande hasta ese momento otorgado por los tribunales del país. Cuando, unos meses después, el exmayordomo de Lita fue asesinado en Utah corrieron rumores sobre la posible vinculación de Chaplin con el crimen.

La fama del actor estaba hecha trizas, pero él seguía facturando.

O'Neill y Chaplin.
Los Chaplin y seis de sus ocho hijos en 1961. De izquierda a derecha: Geraldine, Eugene, Victoria, Charlie Chaplin, O'Neill, Annette, Josephine y Michael

Más mujeres, más conflictos

En 1936 se casó a escondidas con Paulette Goddard, de 26 años, durante un viaje por el Lejano Oriente. Dos años después estaban distanciados, aunque se divorciaron realmente en 1942 sin tener descendencia. Es aquí donde aparece otra joven aspirante a actriz llamada Joan Barry (22) con la que Chaplin mantuvo una relación breve y sumamente conflictiva. La inestabilidad emocional de ella y el acoso al que lo sometió hicieron que Chaplin se alejara de la historia. A pesar de que Joan amenazaba con suicidarse no dio un paso atrás. En un momento de desesperación ella le anunció que estaba embarazada. Chaplin no cedió.

En 1943 lo acusó de no querer reconocer a su hija Carol Ann y le inició un juicio de paternidad.

Un análisis de sangre demostró que Carol Ann no era hija de Chaplin, pero de todas maneras el tribunal lo obligó a pagar su manutención hasta los 21 años. ¿Por qué? Porque la ley no admitió la prueba sanguínea porque, en ese entonces, no se consideraba concluyente.

Al mismo tiempo, Chaplin enfrentó una acusación federal grave: haber trasladado a la joven entre distintos estados con “fines inmorales”. Se enfrentó a una condena de 23 años de cárcel, pero terminó siendo absuelto.

La prensa lo despedazaba a gusto. Su pasión por las chicas jóvenes era vista por la sociedad como la prueba cabal de su inmoralidad. También había quedado envuelto en huracanes políticos porque el FBI sospechaba que era comunista, algo considerado una amenaza a la seguridad durante la Guerra Fría. Si bien él no era miembro del partido, manifestaba posturas progresistas apoyando causas sociales, por lo que los conservadores lo tuvieron bajo la lupa.

Charles Chaplin -El gran dictador
Charles Chaplin en "El gran dictador"

Sale el sol y se disuelven las sombras

Justo en ese momento más oscuro de su vida se hizo la luz. Apareció Oona. La mayoría de quienes vieron el nacimiento del romance fue escéptica respecto de la estabilidad que tendría el corazón de Chaplin.

La controversia fue mayúscula.

Sin embargo, para Charlie Chaplin y Oona empezaba el trayecto más feliz de sus vidas. Dijo él: “Las sombras desaparecen con la noche y después de la noche sale el sol”. Charles Chaplin le dijo a Oona a la hora de proponerle casamiento: “Cásate conmigo para que pueda enseñarte a vivir y tú puedas enseñarme a morir”. A lo que ella, rápida de reflejos, respondió: “No. Me casaré contigo para que tú me enseñes a crecer y disfrutar de la vida y yo te enseñaré a mantenerte joven hasta el final”.

Si bien Agnes Boulton no estuvo de acuerdo con el matrimonio de su hija, no se opuso. Decidió mantener una posición moderada. En cambio, Eugene O’Neill reaccionó enfurecido, para él era algo inaceptable. No soportaba la mala imagen pública que tenía el indeseado marido de su hija y estaba convencido de que su exmujer había orquestado ese romance. Oona le respondió tajante a su padre: “Si no me das permiso, nunca me casaré con nadie. Este va a ser el amor de mi vida”.

La ceremonia del casamiento civil fue clandestina para evitar malos momentos y se llevó a cabo en Santa Bárbara. Ella entró primero y él hizo su aparición sobre el filo de las firmas. No querían que nadie avisara a la prensa.

Tuvieron juntos ocho hijos: Geraldine (actriz), Michael (actor y escritor), Josephine (actriz y escritora), Victoria (artista de circo), Eugene (ingeniero de sonido y documentalista), Jane (productora y escritora), Anette (actriz) y Christopher (compositor y actor). Curioso que Oona le pusiera el nombre de su padre a uno de ellos. Vivieron la mayor parte de su vida en Suiza, adonde se mudaron en 1952, hartos de la persecución de los anticomunistas.

O'Neill y Chaplin.
Las tumbas de Charles y Oona Chaplin en Corsier-sur-Vevey

Chaplin, que no era ciudadano estadounidense, había viajado para el estreno de su película Limelight a Londres. Aprovechando que estaba fuera, Estados Unidos no le renovó el permiso de reingreso al país. Las sospechas políticas del macartismo fueron las grandes impulsoras de esta medida. Chaplin decidió no solicitar nada e instalarse definitivamente en Suiza junto a Oona quien, dos años después, renunció a su ciudadanía norteamericana para adoptar la británica de su marido. Para entonces ya tenían cuatro hijos. Los cuatro siguientes nacieron en Europa.

Instalados en su casa frente a un lago en Corsier-sur-Vevey estuvieron juntos hasta la muerte de Chaplin, el 25 de diciembre de 1977. Él tenía 88 años. Ella, con 52, quedó devastada y cayó en el alcoholismo. Para tapar el tremendo vacío salió con hombres más jóvenes. Uno de ellos fue nada menos que David Bowie: ella tenía 55 en ese momento y él 32.

La melancolía siguió siendo absoluta. El 27 de septiembre de 1991, Oona murió como consecuencia de un cáncer de páncreas con 66 años. Antes de morir destruyó todos sus diarios personales. ¿Qué no quería que se supiera? No deseaba que su vida quedara expuesta luego de partir y, quizá, también quiso evitar perjudicar a sus hijos o a la figura de Chaplin. De esa manera también habría evitado que siguieran lucrando con su historia, y con su propia voz.

Se dice que la canción Limelight (Candilejas), compuesta por Chaplin, estaba dedicada a Oona. La frase clave es: “Llegaste a mí cuando yo ya me iba, eres luz de abril en mi tarde gris”. Después de tanto ejercicio inútil de su corazón extraviado, Chaplin encontró en Oona lo que siempre había buscado: paz, contención, acompañamiento. Eran dos almas a la par a pesar de las décadas que los separaban. No les creyeron al comienzo, pero la historia que quedó escrita demuestra que el corazón de Chaplin fue domesticado por el amor de Oona. Solo la muerte pudo separarlos y apenas por un rato. Hoy sus cuerpos descansan, uno al lado del otro, en el cementerio del pequeño pueblo Corsier-sur-Vevey.

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