
Después de que Connor Betts asesinara a nueve personas, incluyendo su hermana, en Dayton Ohio, la semana pasada, sus conocidos describieron al hombre de 24 años como a un individuo profundamente perturbado que estaba obsesionado con las pistolas, llevaba una "lista" para asesinar a compañeros de clase, y tenía un historial de ataques verbales contra mujeres.
Pero un obituario publicado por su familia esta semana dibuja una imagen muy distinta, describiendo al tirador como "un hombre divertido, audaz e inteligente, con unos vibrantes ojos azules y una amable sonrisa".
Betts, escribieron sus afligidos padres, era un ex Boy Scout y un ávido lector. Cantó en un coro masculino, tocaba la trompeta en la banda de música de su escuela secundaria y trabajaba en el restaurante "Chipotle Mexican Grill" mientras asistía a la Universidad comunitaria. El obituario no hizo mención a la masacre, o al hecho de que Betts hubiera muerto en un fuego cruzdo con la policía cuando intentaba entrar en un bar abarrotado. En lugar de eso, explicaba que le gustaba bailar música electrónica, jugar a la Xbox y ver la serie de dibujos animados "Bob's Burger".
"Connor será extrañado inmensamente por sus amigos, su familia, y especialmente por su perro Teddy", terminaba el texto.
La conmemoración pública de un asesino múltiple fue un movimiento inusual, y parece haber detonado una reacción violenta. El viernes por la noche, el obituario había sido eliminado del sitio web de la casa fúnebre.
"Stephen y Moira Betts piden disculpas porque las palabras del obituario de su hijo Connor eran insensibles al no reconocer la terrible tragedia que él perpetró", dijo en un comunicado que remplazó al obituario. "En su dolor, ellos presentaron al hijo que ellos conocían, y que en ninguna manera reduce el horror de su última acción. Lo lamentamos profundamente".

Mientras lloraban a sus dos hijos, la pareja tropezó sin darse cuenta con un dilema que a menudo confunde a las familias de los autores de tiroteos masivos y de otros destacados asesinos: ¿Cómo lamentas la muerte de la persona que has perdido de una forma que no sea irrespetuosa para las víctimas?
Tal y como reportó en 2015 Sarah Kaplan en The Washington Post, los padres de Eric Harris y Dylan Klebold tuvieron que enfrentar esa pregunta después de que sus hijos mataran a 13 personas durante la masacre en la Escuela Secundaria Columbine en 1999. La familia de Klebold había incinerado a su hijo de 17 años, lo que eliminó el problema de encontrarle un lugar donde poder enterrarlo. Pero ellos todavía querían realizar un funeral y organizar un evento pequeño en el que los dolientes no llamaran la atención. A pesar de todas esas precauciones, el pastor que condujo la ceremonia perdió su trabajo en medio de un retroceso generalizado. Los padres de Harri, por su parte, nunca han dicho dónde está enterrado su hijo.
Tampoco los familiares sobrevivientes de Adam Lanza, que asesinó a 26 personas, la mayoría de las cuales eran niños, en la Escuela Elemental Sandy Hook, en Newton, Connecticut, en 2012, después de asesinar a su madre. Su padre, Peter Lanza, habló con franqueza sobre los problemas de la vida del tirador de 20 años, y sus aparentes enfermedades mentales en una entrevista con Daily Telegraph en 2014, la única que ha dado hasta la fecha. Él se frenó cuando le preguntaron si había organizado un funeral para su hijo después de reclamar el cuerpo.
"Nadie lo sabe", sentenció finalmente el padre. "Y nadie nunca lo sabrá".
Muchos cementerios se niegan a aceptar los cuerpos de otros asesinos notorios, temiendo la indignación que pueden provocar, informó Miami Herald. Cuando las familias logran encontrar un nicho, normalmente mantienen su localización en secreto y evitan colocar una señal o una lápida. De otro modo, se exponen a que la tumba se convierta en el objetivo de actos vandálicos. Otro peligro potencial es que podría atraer a un pequeño grupo de personas que idealizan al asesino – un problema que también es familiar para los funcionarios en Littleton, Colorado, que recientemente debatieron derribar la Escuela Secundaria de Columbine porque continúa atrayendo a visitantes que sienten una "fascinación mórbida" por los tiroteos en colegios. (La propuesta fue rechazada el mes pasado).

Para algunos, como la familia Klebold, la incineración es una alternativa más sencilla, y una que probablemente no ofenderá a nadie. Pero la práctica está prohibida bajo la ley del Islam, lo que ha llevado a casos complicados cuando el perpetrador es musulmán. Después de que la bomba en la maratón de Boston en 2013, ningún cementerio en Massachusetts estaba dispuesto a enterrar el cuerpo de Tamerlan Tsarnaev, que fue acusado de perpetrar el ataque. Cuando los manifestantes supieron donde tenían al chico de 26 años, se reunieron a las puertas de la casa funeraria con banderas americanas y carteles en los que se leía "No lo entierren en suelo americano", y "Es una desgracia para nuestros militares". Finalmente, el cuerpo de Tsarnaev terminó en una tumba sin identificar en Virgina.
Incluso en los casos que no involucran tiroteos masivos, es inusual para los asesinos ser recordados en obituarios que aparecen en los sitios web de las casas fúnebres y en páginas de noticias de los periódicos locales. Pero una excepción notable se produjo en 2016, cuando Joshua Bishop, un hombre de Georgia que había asesinado a un pariente durante una pelea por las llaves de un auto, fue sentenciado a pena de muerte.
"Justo como cuando pierdes a un amigo, ninguno de nosotros quería que la noticia de la ejecución fuera lo último que se dijera sobre Josh", le dijo Sarah Gerwig-Moore, profesora de la Universidad de Leyes de Mercer y parte del equipo legal de Bishop a Atlanta Journal-Constitution. Él era mucho más que lo que hizo. Él era mucho más que alguien que cometió un horrible crimen".
Para los padres de Connor Betts, tales consideraciones eran indudablemente complicadas por el hecho del segundo obituario que tuvieron que escribir – uno que honraba la memoria de su hija de 22 años, Megan Betts, a quien describieron como una escritora talentosa y una amiga leal fascinada con la geología y con la exploración espacial. Y después de que el obituario de su hijo fuera eliminado y reemplazado por un comunicado de disculpas, ocurrió algo sorprendente: comentarios de apoyo empezaron a aflorar de extraños que ofrecían oraciones y buenos deseos, comprendiendo que la familia estaba enfrentando un dolor y una aflicción inconcebible.
"No tienen nada por lo que pedir perdón", escribió un usuario.
"Ustedes conocieron y vieron una parte de su hijo que fue preciosa para los dos. Recuerden eso por siempre. Que Dios les bendiga".
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