
Hace unas semanas, California estaba ardiendo y los funcionarios de gestión de emergencias de Sacramento (California) estaban enumerando las últimas estadísticas sobre los incendios, los bomberos, las hectáreas quemadas, las muertes, las personas desaparecidas, el número de aviones cisterna y helicópteros desplegados, y así sucesivamente. A un lado, con traje y corbata, se encontraba el gobernador, Jerry Brown.
Cuando tomó el micrófono, ofreció la visión a largo plazo de ese extraordinario año de desastres naturales en Estados Unidos.
"Es solo parte de los hechos de una sociedad altamente desarrollada, que tiene mucha gente y muchos activos frente a inundaciones, huracanes e incendios", comentó Brown durante la sesión informativa. "Y eso es lo que pasa", apostilló.

Eso podría haber sonado a algo desapegado durante una crisis, pero es lo que todos, en el negocio de gestión de emergencias, saben que es verdad. Como pueblo, estamos constantemente avanzando en el camino de la destrucción. Los desastres "naturales" tienen un elemento muy modificado.
Los últimos meses han generado un constante efecto de miseria, ya que las inundaciones ahogaron Houston, los huracanes engulleron Florida, las islas Vírgenes y Puerto Rico, y los incendios forestales mataron a docenas de personas en California. Si uno tiene la sensación de que las cosas empeoran, los expertos dicen que es porque, en algunos casos, así es.
Hay más personas y propiedades vulnerables a las fuerzas naturales. Y el cambio climático no ayuda. Los científicos saben que el calentamiento global no crea un huracán específico o un incendio forestal, pero el cambio climático, que ha sido impulsado significativamente por la quema de combustibles fósiles, prepara la bomba para condiciones climáticas extremas.

Una atmósfera más cálida puede contener más humedad y producir inundaciones mucho más pesadas. En un planeta más caliente, las sequías pueden ser, y han sido, más severas. Las inundaciones costeras empeoran a medida que aumentan los mares.
La temporada de incendios forestales se ha alargado en los últimos años, y los incendios son más grandes, tal y como apunta Shawna Legarza, directora de Administración de Incendios y Aviación del Servicio Forestal de Estados Unidos.
"Estamos viendo períodos intensos de veranos más largos y más calurosos", argumenta. "Vimos que este verano en Montana, por ejemplo, no llovió durante 60 días", agrega.

Kerry Emanuel, profesor de meteorología en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, dijo que el tipo de lluvias torrenciales que inundaron Houston son mucho más probables que ocurran ahora que hace una generación.
"La probabilidad subyacente de una lluvia similar a la de Harvey, en Texas, fue tal vez del 1 por ciento de probabilidad anual en 1990 y hoy tiene un 6 por ciento de probabilidad debido al cambio climático", defendió.
Los eventos climáticos recientes en el país han sido catastróficos, pero apenas inimaginables. Los ingenieros han advertido durante mucho tiempo sobre los riesgos de inundación en Houston, que ya sufrieron algo parecido en 2015 y 2016.

Florida, mientras tanto, ha sido históricamente un imán para los huracanes y el estado ha sido el más golpeado entre 1851 y 2015, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. La población de Florida se ha cuadruplicado en medio siglo, llegando a más de 20 millones. En un momento de septiembre, toda la península de Florida estaba bajo la advertencia del huracán Irma, que transitó por el estado como si estuviera manejando por la Interestatal 75 y afectó a casi todos los principales centros de población de la Florida.
"La mayoría de nosotros evaluamos el riesgo en función de nuestros sentimientos viscerales", dice Paul Slovic, profesor de psicología de la Universidad de Oregon. Cuando clasificamos posibles amenazas, "los riesgos naturales tienden a ser relativamente bajos teniendo en cuenta la cantidad de daño que representan y su frecuencia", apostilla.

Desastres como incendios forestales, huracanes e inundaciones han existido siempre, por lo que estamos familiarizados con ellos. La gente tiende a preocuparse por las amenazas nuevas y desconocidas, como el terrorismo y el tipo de tiroteo masivo, como el que se llevó a decenas de vidas en Las Vegas.
"La madre naturaleza no es maliciosa. No creemos que ella nos atrapará, mientras que un terrorista está dispuesto a dañarnos, solo por puro odio, por el deseo de dañar", finaliza.
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