
Amantes de los chocolates, mientras menos amargo sea su capricho, más daño les hará.
Últimamente he escuchado que hacer el amor es cosa del pasado, y quizás sí, pero habemos muchas personas que aún disfrutamos de una noche desenfrenada, medio sucia y sudorosa de buen sexo. Pero hay datos importantes que debemos tener en cuenta para que todo siga funcionando de la mejor forma. Es momento de renunciar a la inocencia de la infancia y darnos cuenta que existen sustancias y alimentos que pueden ser muy nocivos no sólo para nuestra calidad de vida en general, sino también para nuestro desempeño sexual.
No es sorpresa que en la mayoría de las tiendas de autoservicio en cadena, suelan vender azúcar en diferentes formatos: dulces, refrescos, chocolates, burritos, donas y cientos de otras presentaciones, así que, si aún crees que el azúcar únicamente existe en polvo, por favor date cuenta. Esto es importante porque si tus niveles de azúcar están altos, es muy probable que tus hormonas sexuales se alteren. Imagina esto: estás comiendo más glucosa y fructosa de la que necesitas, entonces tu cuerpo las convierte en lípidos, este exceso se traducirá en la desactivación paulatina de un gen que controla las cantidades de hormonas sexuales, o sea que los estrógenos y la testosterona disminuirán, de la misma forma que tu deseo sexual.
Comencemos con uno de los consumos regulares más disparados en las estadísticas: el refresco. Si dentro de tu dieta sueles tomar refrescos de forma regular, es momento que sepas que día con día tus niveles de serotonina se transforman debido a los endulzantes artificiales con los que se fabrican estas bebidas. La serotonina, si no te dice mucho, es también conocida como la hormona de la felicidad, y es una sustancia producida por el cuerpo humano que regula tu estado de ánimo. En pocas palabras es quien decide qué tan deprimido o contento te sentirás cada día.
Sigamos, si en tu dieta también están las papas fritas, alimentos congelados, productos fritos, manteca, mucha comida rápida y pasteles industriales o tartas, le estás haciendo un doble daño a tu cuerpo, debido a que parte de las grasas que estos alimentos contienen —grasas saturadas y trans que ayudan a la conservación y a 'mejorar el sabor'—, tienen el potencial de obstruir tus venas, lo cual se puede traducir en orgasmos débiles.
Amantes de los chocolates, mientras menos amargo sea su capricho, más daño les hará. Pero no lloren, el chocolate amargo, el chocolate real, puede llegar a funcionar como estimulante, ensanchando las venas y permitiendo que la sangre corra más rápido, pero ten cuidado y mira bien la etiqueta de lo que comes. Hay productos que, por su composición, pueden disminuir tus hormonas sexuales, convirtiéndose en otro causante de tu triste y aferrada pasividad sexual. Mientras más industrial, peor.
Hablemos de la leptina, una proteína que controla nuestro apetito, misma que se produce en mayores cantidades cuando nos pasamos de cucharadas con el azúcar, debido a la resistencia que generamos ante ella. En pocas palabras, mientras más azúcar comas, más hambre tendrás, porque tu cuerpo no sabe cuándo debes dejar de comer y, ¿qué crees? Esta proteína también monitorea tu conducta sexual, por ejemplo, en un estudio hecho sólo con hombres, se dieron cuenta que los que tenían mayores niveles de leptina, tenían índices más altos de masa corporal y la testosterona más baja.
Por último, tu hormona de crecimiento también está en peligro, y quizás no te importe, pero esta pequeña amistad guarda una relación muy profunda con el libido y la testosterona, así que puede estar afectando tus deseos sexuales de forma directa. Parecido a la manera en que la orexina actúa sobre nosotros, un neurotransmisor que regula nuestro apetito, vigor y excitación, que, para tu desgracia, también se afecta con el azúcar, convirtiéndote en una persona fatigada y sedentaria.
En esta pieza no hablaremos de la ansiedad y el estrés generados por el azúcar, porque es todo un tema aparte, pero no hace falta decir que estos trastornos mentales pueden conducir a un declive sexual poco afortunado, transformándote en alguien con el cortisol a fondo —la hormona del estrés—; esto quiere decir que tu masa muscular se reducirá, acumularás más grasa y tu libido se irá al suelo, y con ello tus ganas de tener relaciones.
Si ahora tienes paranoia y crees que todas tus hormonas están fatales, puedes recurrir a una eminencia médica y contarle tus penas mientras sigues comiendo donas y refresco; el otro camino que puedes tomar es el de acomodar mejor tu alimentación y desechar —quizás poco a poco— tu consumo inconsciente de azúcar.
Publicado originalmente en VICE.com
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