
Viajamos a Paraguay y hablamos con mujeres que sufrieron durante toda su vida distintos tipos de abusos por su aspecto físico. Un concurso de belleza les devolvió la felicidad.
El término "hacerse de la vista gorda" es sintomático y contradictorio: significa obviar e invisibilizar a una persona o situación. Habla de una simulación, de ocultar un problema que está ahí y no por el momento en que va a desaparecer. Sucede así con la gracia misma, encubierta, incriminada a voces, siempre dispuesta como una situación patológica y que acusa falta de voluntad o descuido en quien la padece. Pocas veces se habla de la gordura desde el orgullo o la militancia, y se parece a la gente con sobrepeso como los sujetos vulnerables, y es que la diversidad de cuerpos en los medios de comunicación es casi inexistente, como si hubiera sido un patrón de cuerpos que merece ser visto, como el resto no existe más que con el objetivo de hacer chistes o hacer de mal ejemplo, resultado de una alimentación poco saludable.

Según esta lógica que ha ido permeando durante décadas frente a nuestros ojos, los cuerpos deben ser idénticos, blancos, atléticos, jóvenes, ricos. El mundo de la moda encumbra la discriminación hacia las tallas expandidas. Hasta hace relativamente poco, los diseñadores ni siquiera consideraban a las personas de cuerpo grande como posibles portadoras de sus creaciones y las pasarelas eran territorio vedado para todo aquel que no luciera talla cero. Hay quienes piensan que, después de todo, el mercado de la moda no es un lugar para pensar la revolución. Yo creo lo contrario: la exposición de la que goza lo convierte en el campo idóneo para discutir ideas.

En 2012, Michael Beras tuvo la idea de crear el certamen Miss Gordita Paraguay como un ejercicio de reivindicación de los cuerpos diferentes. Un llamado para hacer notar su existencia, para celebrar distintos tipos de belleza y erradicar estereotipos normativos sin olvidarse de alumbrar el tema salud. El único requisito para participar es pesar más de 70 kg, tener disposición de tiempo y la mente abierta. Luchar contra los paradigmas estéticos también requiere dejar de pensar que la delgadez es sinónimo de belleza y de salud.
El problema es que vemos la obesidad como algo que tiene que combatirse en lugar de entender primero cómo disociar ciertos conceptos que nos hacen llegar a conclusiones erróneas. Por ejemplo, en lo relacionado con la salud. Según un estudio realizado en conjunto por la Facultad de Salud Pública del Imperial College de Londres y la Organización Mundial de la Salud, las tasas de obesidad de niños y adolescente en el mundo se han elevado de manera exponencial desde un discreto 1 por ciento (algo así como 5 millones de niñas y 6 millones de niños) en 1975, hasta casi un 10 por ciento en 2016. Con los años y en América la situación se agudiza: somos la región con el mayor número de adultos obesos, con el doble que el resto del mundo. ¿Pero es responsable hacer de la apariencia física una enfermedad más que un síntoma? ¿ser godo es ser poco sano? no necesariamente. Lo que hay que combatir es el estereotipo, no la gordura. Nadie puede diagnosticarnos con sólo echarnos una ojeada.

La primera vez que escuché sobre Miss Gordita fue gracias a un reportaje de Luis Cobelo que publicamos en VICE. El nombre del concurso al principio puede destantear. Llegamos a pensar que se trataba de una apología irresponsable cuyo objetivo era hacia mina de una condición específica al llevarla a extremos morbosos. Cuando comenzamos a hacer la investigación para el video nos dimos cuenta de que estábamos equivocados. Sólo en apariencia Miss Gordita es un "concurso de belleza". Se trata, en realidad, de una experiencia de vida. El programa dura un año e incluye asistencia psicológica, nutricional, clases de baile y modelaje, entre muchas otras cosas. No se trata de ganar o perder una corona sino de darle sentido a la existencia, un viaje personal e íntimo que sólo nos corresponde a nosotros mismos.

Cuando viajamos a Asunción y pude estar de cerca con las chicas que concursaron en la edición del año pasado, me di cuenta de lo importante que era en sus vidas participar en el programa de Miss Gordita. Al conocer sus historias de vida supe que todas ellas habían sufrido una cantidad abrumadora de abusos y vejaciones, no sólo por ser mujeres sino por su peso. La discriminación contra ellas había sido tal que de manera sistemática muchas habían asimilado la violencia de sus parejas o perdido trabajos por su apariencia física. Miss Gordita, de alguna manera, les había devuelto esa confianza que indudablemente habían extraviado tras décadas de soportar iniquidades. ¿Por qué ellas sólo pueden ser "bellas por dentro"? ¿por qué carajos no iban demostrar que si les daba la gana podían serlo por donde mejor les pareciera?
Publicado originalmente en VICE.com
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