Estados Unidos vive su invierno más leve en cuanto a casos de COVID a la fecha

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(The Upshot)

La ola de COVID-19 de este invierno en Estados Unidos ha sido la más leve a la fecha, un respiro que se agradece.

Según los datos de aguas residuales agregados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), durante las vacaciones no solo circuló menos COVID que en años anteriores, sino que también hubo menos virus en las aguas residuales que en todas las oleadas estivales de las que ha hecho seguimiento el programa.

La tasa de hospitalización por COVID se mantuvo casi a la mitad de la del año pasado, y las muertes también disminuyeron. A finales de diciembre, morían alrededor de 600 personas a la semana. El invierno pasado, en esas fechas, eran casi 2000 (durante la oleada de la variante ómicron a finales de 2021, las muertes semanales superaban las 10.000.

Aunque los niveles en aguas residuales no pueden decirnos cuántos casos individuales de COVID hay, los datos recientes reflejan una importante pausa en el ataque de cinco años del virus.

"Este es sin duda el invierno más leve en cuanto a casos de COVID", afirmó Michael Mina, epidemiólogo y director científico de eMed. "En términos de hospitalizaciones y en términos de propagación".

Un nuevo nivel mínimo

Una posible razón de esta tregua es que la población todavía cuenta con cierta inmunidad de una gran oleada veraniega, más tardía de lo habitual, explicó Peter Chin-Hong, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de California en San Francisco. La vacuna de este año también tuvo buena compatibilidad con la variante circulante, y este año se vacunó más gente que el anterior, según datos de los CDC.

Además, el virus no sufrió el tipo de mutaciones tras la oleada de verano que habrían permitido una transmisión bastante más rápida o enfermedades más graves, señalaron los epidemiólogos.

De acuerdo con Aubree Gordon, epidemióloga de la Universidad de Míchigan, esto no es algo inesperado cuando ya han transcurrido varios años desde la aparición de un nuevo virus.

"Hay dos o tres años en los que la situación es muy negativa", aseguró. "Normalmente, el primer año es el peor --en cuanto a tasas de incidencia y gravedad-- y luego se estabiliza".

Los epidemiólogos aún no saben cómo será una oleada de COVID "de referencia", y no hay garantías de que cada invierno sea más leve que el anterior. Pero las probabilidades de que aparezca una nueva variante que pueda causar daños importantes son mucho menores ahora, afirmó Mina.

"¿Podemos esperar un declive de las variantes en cuanto a la rapidez con que aumentan y la agresividad con que lo hacen?", comentó. "La respuesta corta es sí. El virus ha evolucionado".

Mina dijo que el sistema inmunitario de los estadounidenses se ha familiarizado mucho con el virus gracias a la vacunación y a los contagios anteriores, y que en general es más capaz de reconocerlo y atacarlo. Esto significa que podemos tener una carga viral menor cuando enfermamos, agregó, o eliminar el virus con mayor rapidez, por lo que desarrollamos una enfermedad más leve e infectamos a menos personas en el proceso. Un menor número de infecciones también le da al virus menos oportunidades de mutar.

Todavía hay otras formas de enfermarse

Dicho esto, si te parece que casi todas las personas que conoces se han enfermado este invierno (o siguen enfermándose), no te equivocas: ha sido otra temporada difícil en cuanto a otros virus respiratorios.

En su punto álgido, la tasa semanal de hospitalizaciones por gripe (influenza) de este año superó la alta tasa del invierno pasado; las hospitalizaciones por virus respiratorio sincitial (VRS) han sido similares a las del año pasado (los casos de norovirus, aunque no es un virus respiratorio, también son notablemente numerosos este año).

La gripe y la COVID han causado aproximadamente el mismo número de muertes en lo que va de la temporada: entre 8000 y 9000 personas hasta mediados de enero, según las estimaciones de los CDC. Las muertes por COVID desde el comienzo del verano pasado han ascendido a unas 25.000 (aunque contraer un virus en teoría puede reducir el riesgo de que una persona contraiga otro durante un breve periodo, sigue siendo muy posible que surjan varios virus a la vez).

La comparación con la gripe es útil porque, al igual que la gripe, la COVID llegó para quedarse. Como con la gripe, habrá temporadas mejores y peores. Podría resultar que este invierno esté en el lado bajo de nuestro nuevo punto de referencia, explicó Gordon.

Sin embargo, a diferencia de la gripe, quizás habrá más oleadas en otras estaciones del año. Aunque los tiempos de la oleada invernal de COVID han sido relativamente constantes --alcanza su punto máximo a principios de enero cada año--, sus otras oleadas aún no han establecido un patrón claro. Una oleada leve durante las fiestas de fin de año podría significar que se dé una peor más adelante este año, tal vez incluso más tarde este próximo invierno. Y para las personas que están en mayor riesgo, eso seguirá traduciéndose en enfermedades graves y muerte, además de nuevos casos de COVID prolongado.

"Puede que haya momentos buenos y momentos malos", señaló Chin-Hong. "Así que no podemos saber si nos contagiaremos de algo más adelante o no. Debemos tener humildad".

Pero, por ahora, hay cierto alivio para los estadounidenses, así como para los expertos que han seguido la pista del virus durante cinco largos años. "Si no volviera a ver una variante descontrolada en lo que me resta de vida", dijo, "estaría muy emocionado".

La oleada de COVID de este invierno en Estados Unidos ha sido la más leve a la fecha, un respiro que se agradece. Dos gráficas que muestran datos de seguimiento de aguas residuales y hospitalizaciones por COVID, gripe y VRS.