
Ya se produjo la primera baja en la guerra comercial entre los Washington y Beijing: ZTE, la cuarta fábrica de smartphones de China, con una ganancia anual de unos USD 17.000 millones, suspendió "sus principales actividades operativas" el miércoles 9 de mayo, según un comunicado. La empresa depende de microchips importados, y la Casa Blanca le prohibió el comercio con los Estados Unidos hasta 2025, en castigo por haber hecho envíos a Irán y Corea del Norte en violación de sus sanciones.
"Los problemas de ZTE con el gobierno estadounidense también se desarrollan en medio de un miedo más amplio a la ascendente industria tecnológica china", observó The Washington Post. "ZTE tenía planes para convertirse en uno de los primeros proveedores de los Estados Unidos en ofrecer un smartphone conectado a la red inalámbrica de la nueva generación, conocida como 5G".

ZTE domina aproximadamente el 10% del mercado estadounidense de teléfonos celulares, pero el 84% de sus microchips provienen de Qualcomm, empresa de California. El mayor operador de telecom de Australia, Telstra, decidió no usar más los móviles de ZTE, por temor a que no se pueda garantizar la provisión; MTN, una de las redes más grandes de África, estudia la posibilidad.
Sin embargo, según informó The Wall Street Journal (WSJ), el cese de las operaciones principales no impidió que los empleados de ZTE asistieran a su trabajo en las instalaciones de Shenzhen, en China, el jueves 10. "Cientos de trabajadores entraban y salían de una cafetería cercana a la hora del almuerzo, y algunos comentaban que tenían poco que hacer porque la producción se había parado a finales de abril. Otros dijeron que trabajaban como de costumbre".

ZTE emplea a 75.000 personas en el mundo y posee fábricas en China e India y cinco oficinas de investigación y desarrollo en los Estados Unidos. Según el medio financiero, la compañía "conserva efectivo suficiente" a pesar del cierre de la producción, unos USD 3.730 millones.
La firma china está en comunicaciones con el gobierno estadounidense para modificar o revertir la orden del Departamento de Comercio que prohíbe a las empresas del país tratar con ZTE durante siete años. La medida siguió al fin de la comercialización de teléfonos de esa marca en las bases militares, que ordenó el Departamento de Defensa.

También está la cuestión de la seguridad nacional: la Comisión Federal de Comunicaciones dio pasos para prohibir que se gasten fondos nacionales en equipos realizados por firmas que representen una amenaza de seguridad a las redes de comunicación, y ZTE fue listada entre esas firmas.
Según el periódico de Washington DC, por ejemplo, a comienzos de año Donald Trump impidió la oferta hostil de Broadcom, una empresa con sede en Singapur, para comprar Qualcomm por USD 117.000 millones. El presidente de los Estados Unidos citó "pruebas creíbles" de que la adquisición amenazaba con "socavar la seguridad nacional".
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