Un día como hoy: Oscar Wilde fue condenado a trabajos forzados por ser gay

En la Inglaterra victoriana había una ley que castigaba los actos de sodomía con la cárcel

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El escritor Oscar Wilde al lado de Lord Alfred Douglas en Oxford, 1893.  / (Foto de Hulton Archive/Getty Images)
El escritor Oscar Wilde al lado de Lord Alfred Douglas en Oxford, 1893. / (Foto de Hulton Archive/Getty Images)

En uno de los actos de más injustos en la historia de la literatura universal, un día como hoy, pero de 1895, el escritor irlandés Oscar Wilde fue declarado culpable de los delitos de conducta indecente y sodomía. La sentencia se dio en clásico edificio Old Bailley (Inglaterra) y la pena impuesta fue de dos años.

A finales del siglo XIX la homosexualidad era todavía vista como un infracción a la ley, por lo que el giro que dio esta historia quedará en el recuerdo como una de las más grandes atrocidades judiciales en el mundo.

Hay que recordar que para esa época Oscar Wilde ya gozaba de fama y reputación en toda Inglaterra. Por lo que frecuentemente era invitado a reuniones y fiestas de la alta sociedad, a las que casi nunca decía que no.

El literato nunca ocultó sus preferencias sexuales; sin embargo, obligado por las convenciones sociales de la época se casó y tuvo dos hijos. Esta situación le ayudó a encajar mejor en la hipócrita Inglaterra victoriana.

Al poco tiempo de publicar su obra cumbre, El retrato de Dorian Gray, Wilde conoció a un joven Alfred Douglas. La amistad inicial se convirtió en relación amorosa en poco tiempo.

Lo bueno, o lo malo, es que la pareja no se esforzó nunca en ocultar la relación que los unía. Y es que se mostraban en cuanto lugar público podían como fiestas y cafés. Además, Wilde no escatimaba gastos para engreír al joven Douglas. Las ganancias por El retrato de Dorian Gray, a pesar de las críticas a favor y en contra, eran sustanciosas.

TODO CAMBIÓ

La historia dio un giro drástico cuando el padre de Alfred, marqués de Queensberry, se enteró de qué iba esa ‘amistad’ con Wilde. Herido en su orgullo de varón, el aristócrata usó todo el poder a su disposición para destruir la carrera de Oscar Wilde con campañas difamatorias en las que exponía sus preferencias sexuales. La presión fue tanta que la sociedad ya no pudo hacerse de la vista gorda.

Harto de todo lo que se decía de él por meses, Wilde decidió denunciar el ataque de Queensberry por difamación. Pero ocurrió lo que nunca debe pasar en un juicio: le dieron vuelta a la tortilla y todo se centró en que si Wilde era homosexual o no, en lugar ver el acoso y difamación del marqués.

Finalmente, en abril de 1895, el denunciante terminó siendo denunciado y el jurado determinó que Wilde era un sodomita y que su acusador no había mentido, por lo que quedó libre de cualquier imputación.

EL OTRO JUICIO

Dos minutos después de finalizar el primer juicio, Wilde fue arrestado y acusado por indecente. A partir de ahí, lo vivido por el escritor nacido en Dublín fue un infierno en la tierra.

Todo el proceso estuvo influido por la opinión pública, se presentaron como testigos a varios chantajistas que daban fe de la homosexualidad de Wilde, Es más, hasta tuvo que repetirse el juicio ya que el primer jurado fue incapaz de dar un veredicto firme.

A pesar que muchos creían que el talento de Wilde para la oratoria lo salvaría una vez más, fue condenado por conducta indecente y sodomía a dos años de prisión y trabajos forzados.

EL FINAL DE SU VIDA

La pena y las labores que debía realizar en la prisión de Reading comenzaron a minar su vida de a pocos. Aun así se dio tiempo para escribir ‘De Profundis’, una muy larga carta dedicada a su querido Alfred Douglas.

Tras cumplir con su condena, se dio con la ingrata sorpresa que sus bienes habían sido embargados, su esposa se había ido a Suiza con sus hijos y no dejaba que los visitara y, lo peor de todo, los que él consideraba su amigo le dieron la espalda.

Solo, triste, sin dinero y enfermo de meningitis, Oscar Wilde murió en París, en noviembre del año 1900.

Como dato, la ley que encarceló al literato por su homosexualidad estuvo vigente hasta 1956 y entre las muchas personas a las que encerró se encuentra el matemático Alan Turing. Pero esa ya es otra historia.

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