La accidentada relación de Bolivia con la República Popular China

La presencia de Beijing en el país latinoamericano atraviesa uno de sus momentos más débiles tras dos décadas de expansión. Proyectos paralizados, empresas que abandonaron el país, equipos militares fuera de servicio y la crisis económica y política boliviana han erosionado una relación que alcanzó su punto más alto durante los gobiernos corruptos del MAS

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La bandera roja de China con cinco estrellas amarillas y la bandera de Bolivia, con franjas roja, amarilla y verde y su escudo central, ondean juntas.
La accidentada relación de Bolivia con la República Popular China (Imagen Ilustrativa Infobae)

En mayo de 2026, mientras Bolivia se veía paralizada por las protestas que pretendían derrocar al Gobierno de Rodrigo Paz, la República Popular China y su embajador en Bolivia, Wang Liang, guardaron un llamativo silencio ante la crisis. En un escenario distópico, elementos antigubernamentales lanzaron dinamita contra la policía y mantuvieron bloqueos de carreteras que impedían la entrada de alimentos, gasolina e incluso suministros médicos a la capital, La Paz, mientras Wang Liang celebraba un foro económico en el departamento sureño de Tarija, irónicamente titulado “Bolivia, al mundo con China”.

Del 20 al 30 de mayo de 2026, el autor viajó a Bolivia, donde mantuvo contactos con personal empresarial, académico y gubernamental sobre la evolución de la relación del país con la República Popular China, entre otros temas. Este trabajo refleja las ideas extraídas de esos contactos y de la investigación complementaria.

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Las actividades chinas en Bolivia se han deteriorado notablemente con respecto a su época dorada bajo los gobiernos populistas de izquierda de Evo Morales y Luis Arce, lo que se refleja en una miríada de proyectos manchados por la corrupción, los malos resultados y la resistencia de las comunidades afectadas. La creciente crisis económica, fiscal y política de Bolivia, así como los esfuerzos del Gobierno de Paz por restablecer relaciones positivas con Estados Unidos y otros países occidentales, también han limitado el avance de China.

Entre 2006 y 2019, el Gobierno de Morales abrió de par en par las puertas de Bolivia a la cooperación económica, militar, técnica y de otro tipo con la República Popular China. Durante ese periodo, la República Popular China vendió a Bolivia 6 aviones de combate K-8, 6 helicópteros militares Z-9, 31 vehículos blindados y un número indeterminado de camiones y lanchas patrulleras, así como el sistema nacional de vigilancia BOL-110, escáneres aduaneros y el satélite Tupac Katari, incluida la construcción y el equipamiento de instalaciones terrestres espaciales en Amachuma (La Paz) y en el distrito de La Guardia de Santa Cruz, además de enviar técnicos chinos para dar soporte a las instalaciones.

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Según los empresarios bolivianos entrevistados para este trabajo, más de 60 empresas chinas operaban en el país durante ese periodo, vendiendo equipos de telefonía y construyendo infraestructura digital para la empresa nacional de telecomunicaciones ENTEL, suministrando equipos y realizando trabajos para los sectores minero y petrolero, y participando en proyectos de infraestructura por un valor estimado de 6.000 millones de dólares, que abarcaban desde plantas de procesamiento de asfalto y zinc hasta centrales hidroeléctricas como Rositas, San José e Ivirzu, pasando por grandes proyectos de carreteras y ferrocarriles. Sin embargo, prácticamente todos ellos consistían en contratos con el Estado boliviano para la adquisición de bienes y servicios chinos, más que en inversiones reales. En la actualidad, menos de 20 empresas con sede en la República Popular China siguen operando en el país. El propio embajador de China, Wang Liang, ha achacado la falta de inversión china a la naturaleza incierta de Bolivia.

En el ámbito de las infraestructuras, prácticamente todos los proyectos de China se encuentran paralizados. Sus principales empresas constructoras en el país, Sinohydro, Vicstar y CAMCE, han cerrado o reducido considerablemente sus oficinas. El Gobierno se ha negado a aceptar una importante autopista entre Santa Cruz y Cochabamba construida por Sinohydro, en la que se han detectado numerosos defectos estructurales. La planta de procesamiento de acero de 460 millones de dólares construida por Sinosteel en El Mutún ha superado con creces la fecha de entrega inicial prometida, presenta cientos de defectos identificados y aún no ha producido ni un gramo de acero. Megaproyectos que en su día se contemplaron, como la línea ferroviaria central de la IIRSA que conectaría el Atlántico y el Pacífico a través de Bolivia, ya ni siquiera se debaten seriamente.

A nivel local, las empresas chinas se ven obstaculizadas por problemas en gran medida provocados por ellas mismas. Los ejecutivos del sector de la construcción boliviano entrevistados para este trabajo señalaron que pocas empresas locales quieren prestar servicios a las empresas chinas debido, en parte, a prácticas abusivas de pago muy bajo y, a menudo, atrasado, así como a problemas con su cumplimiento de las leyes laborales, medioambientales y de otro tipo locales.

En el sector petrolero, al parecer hubo problemas de calidad con los equipos de perforación y los servicios vendidos por empresas con sede en la República Popular China al anterior gobierno del MAS. Recientemente, ha habido poca actividad de empresas con sede en la República Popular China en el sector.

En el sector minero, según se informa, varias empresas chinas de menor tamaño venden equipos y compran oro y otros metales, principalmente en el sector minero informal, pero apenas ha habido inversiones formales por parte de las grandes empresas mineras chinas.

En el sector del litio, las empresas chinas CATL y CITIC Gouan tienen contratos que aún no han sido ratificados por el Congreso boliviano. En febrero de 2026, según se informa, esas empresas mineras llevaron a una delegación de congresistas bolivianos a la República Popular China para facilitar dicha ratificación, pero hasta ahora sin éxito.

En el sector agrícola, los expertos del sector entrevistados para este trabajo señalan que las empresas chinas de logística agrícola, como COFCO y su filial Nidera, no operan en el país. Señalaron además que pocos productores locales quieren asumir los costes y riesgos que supone enviar sus productos a la República Popular China, tratando con un cliente chino cuando tienen compradores de confianza para sus productos más cerca de casa.

En el sector de las telecomunicaciones, el gigante industrial Huawei ha tenido malos resultados en Bolivia y ha cerrado oficinas, aunque su rival chino ZTE sigue realizando trabajos de infraestructura telefónica para ENTEL. Aun así, las empresas con sede en la República Popular China han construido colectivamente más de la mitad de la infraestructura de telecomunicaciones del país. La marca de lujo china Xiaomi se comercializa a través de un socio boliviano, y la empresa china Honor, que compite principalmente por su bajo coste, se está expandiendo rápidamente en el país.

En el sector minorista, los automóviles y otros productos chinos han logrado una penetración considerable en el país, principalmente a través de empresas bolivianas locales, como el grupo Saavedra en el sector del automóvil. Sin embargo, cabe destacar que las empresas con sede en la República Popular China no han establecido centros comerciales para la venta de productos chinos, como sí han hecho en Nicaragua, Honduras y otros lugares de la región. Los pocos que quedan en Bolivia, como los ya veteranos Chinbol y ChinaCruz, están gestionados por empresarios locales que abastecen las tiendas a través de relaciones a pequeña escala con proveedores individuales de la República Popular China.

En la comunidad empresarial y académica en general, los vínculos con la República Popular China siguen siendo igualmente limitados. El embajador de Bolivia ante la República Popular China durante la era del MAS, Hugo Núñez del Prado, fue llamado a casa por el Gobierno de Arce y aún no ha sido sustituido. Existe una pequeña cámara de comercio y sociedad de amistad entre China y Bolivia dirigida por la sinóloga boliviana Ximena Barrientos, que creció en la República Popular China. Del mismo modo, el país solo cuenta con un Instituto Confucio, en la Universidad de San Simón de Cochabamba, sede del aliado político Evo Morales y su federación de cultivadores de coca. No hay ninguno ni en la capital ni en Santa Cruz, el centro económico del país. Ese centro estuvo en su día vinculado a profesores “voluntarios de la República Popular China que trabajaban en universidades estatales de otros departamentos, aunque, según se informa, ese personal chino ha sido sustituido por personal boliviano.

Aunque varias universidades bolivianas cuentan con pequeños programas de chino, a los entrevistados para este trabajo les costó mucho nombrar un programa de grado en una universidad boliviana dedicado al estudio de China desde una perspectiva empresarial, política o de seguridad. Del mismo modo, aunque algunos periodistas bolivianos han sido invitados a la República Popular China para participar en programas de formación, a los entrevistados les resultó difícil nombrar a alguno que destacara especialmente por su cobertura de temas relacionados con China.

En materia de seguridad, aunque, según se informa, el ejército boliviano sigue enviando personal a cursos en la República Popular China, según funcionarios de seguridad bolivianos que hablaron de forma confidencial, actualmente ningún miembro del ejército chino participa en cursos en Bolivia. De los seis cazas K-8 vendidos a Bolivia, dos se han estrellado y, según se informa, solo uno sigue operativo, lo que refleja las dificultades para mantener y encontrar piezas de repuesto para la aeronave. Del mismo modo, de los seis helicópteros chinos Z-9 adquiridos por los gobiernos del MAS, solo uno sigue operativo y, según funcionarios de seguridad consultados extraoficialmente, el ejército desconfía de volar en él debido a su estado de mantenimiento. La flota de camiones y vehículos blindados fabricados en la República Popular China se encuentra, según se informa, en un estado similar de deterioro parcial, sin planes actuales de adquirir más.

En el sector espacial, el contrato para el mantenimiento por parte de China de las instalaciones terrestres que controlan el satélite Tupac Katari finalizó hace algún tiempo y, según se informa, el personal chino que visitaba las instalaciones ha dejado de acudir. Actualmente no hay planes para sustituir el satélite cuando expire su vida útil en 2030.

Es importante reconocer que los actuales reveses de China en Bolivia se deben a la desastrosa actuación de las entidades con sede en la República Popular China que han tratado con los antiguos regímenes corruptos del MAS, así como a la incertidumbre derivada de la actual crisis económica y política. Esto solo se traducirá en una oportunidad para Estados Unidos si Washington actúa con decisión para ofrecer alternativas concretas al Gobierno de La Paz y a la comunidad empresarial boliviana.

(*) El autor R. Evan Ellis es profesor de investigación sobre América Latina en la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos. Las opiniones expresadas en este documento son estrictamente personales.

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