Hay que admitirlo, en Bolivia hay un narcoterrorista que enfrenta a un gobierno débil, al que dejó una economía quebrada, con los mercenarios de la industria más poderosa que tuvo el país en toda su historia, es Evo Morales.
La guerra franca comenzó al día siguiente de la visita del mayor general Philip J. Ryan, comandante del Comando Sur del ejército de Estados Unidos para coordinar con el gobierno de Rodrigo Paz la participación de esa unidad en la lucha contra el narcotráfico boliviano.
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Ese día, el 1 de mayo, Evo Morales, jefe de los cocaleros que producen la materia prima para la cocaína, rompió la alianza secreta –un secreto a voces– que tenía con el gobierno desde que le ayudó a ganar las elecciones en 2025.
La guerra cumple ahora 23 días y ha paralizado al país con medio centenar de cortes de carretera y el asedio a la ciudad de La Paz, donde los bloqueadores no permiten el ingreso ni siquiera de oxígeno para los hospitales, y llegaron a impedir el paso de una ambulancia que llevaba a un niño minero de doce años, hasta que murió.
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El ejército no puede hacer nada y esta semana, cuando el ministro de obras públicas, Mauricio Zamora, fue emboscado por los combatientes de Morales, el comandante militar denunció que los bloqueadores tienen armas de alto calibre, de origen ruso.
En La Paz, de dos millones de habitantes, faltan alimentos y el gobierno propone un “corredor humanitario” para dejar pasar lo elemental, pero Morales no cede, ni siquiera porque Argentina y Chile han enviado aviones para ayudar.
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Bolivia, con una policía penetrada por los narcos y sin los pertrechos necesarios, no puede ni siquiera ingresar al Chapare, donde se dice los terroristas de Hezbollah dejaron drones para la guerra con el Estado boliviano, según el experto español Herman Tertsch en entrevista desde Francia.
La fiscalía nacional informó ahora que la policía no puede capturar a Morales, contra quien pesan tres mandamientos de aprehensión referidos a delitos de secuestro de tres niñas de 14 años a las que violó.
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Pero los principales cargos que hay contra el cocalero mayor se refieren a la droga, como lo probó el periodista brasileño Leonardo Coutinho en su libro “Hugo Chávez, o espectro”.
Allí se relata cómo la cocaína boliviana era llevada en aviones militares bolivianos al aeropuerto de Caracas, de paso a Estados Unidos en una operación de Morales y Hugo Chávez.
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Evo Morales es parte del sistema narcoterrorista y socio de Nicolás Maduro ahora procesado en EEUU. En su régimen protegió a narcos Mexicanos como el hijo del Chapo Guzmán que se accidentó en Santa Cruz mientras pasada cursos de aviación. El narco Esteban Marset ha vivido y operado en y desde Bolivia en el régimen de Morales y Arce y su captura por la DEA ha desatado la conspiración.
Dos de los jefes antinarcóticos de Morales han sido condenados por narcotráfico en EEUU y au zar antidrogas Felipe Cáceres está procesado por tener una fábrica de cocaína en su propiedad.
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En persona Evo Morales liquidó la ley 1008 de lucha contra el narcotráfico, amplió los cultivos de coca ilegal que eran de 3.000 hectáreas en 2003 cuando derrocó al presidente Sánchez de Lozada y ahora pueden estar llegando a 100.000 hectáreas. Expulsó a la DEA y desconoció los convenios internacionales antinarcóticos, pidió en la ONU la legalización de la cocaína, obedeció la consigna castrista de que “el narcotráfico es un instrumento de lucha antiimperialista” y convirtió a Bolivia en narcoestado parte del sistema liderado por Cuba y Venezuela.
En la Bolivia de la economía legal de necesita estado de derecho y tiene en frente a los mercenarios de la economía ilegal, pagados por el Cártel del Chapare cuyo jefe es Morales y las mafias colombianas, brasileñas y paraguayas que operan en los parques nacionales con su coca y cocaìna.
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El Comando Sur actuó en Ecuador en febrero pasado y en dos semanas capturó a 90% de los narcos de ese país, casi todos colombianos.
El presidente Daniel Noboa había dicho el año pasado que su país no tenía la fuerza para defenderse de la transnacional del narcotráfico, y pidió que alguien vaya a socorrerlo.
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Ese deseo se cumplió y ahora Ecuador tiene que terminar el trabajo para desterrar al poder de los narcos que quedaron.
Bolivia, con una policía penetrada por los narcos y sin los pertrechos necesarios, no puede ni siquiera ingresar al Chapare, y tampoco se atreve el ejército.
La OEA expresó su preocupación, pero sobre todo los países vecinos, con excepción de Brasil
La guerra de los narco-terroristas contra Bolivia está muy clara a pesar de que algunos no la quieren ver.
Es un tema de narcotráfico en el que el “jefazo Evo Morales” es un extraditable impune que desafía desde Bolivia al Escudo de las Américas para seguir exportando droga.
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