Durante años, la dictadura de Cuba ha empleado la estrategia vil de apresar extranjeros para utilizarlos como moneda de cambio en negociaciones bilaterales con otros países. El propósito ha sido lograr que flexibilicen sus posiciones sobre la falta de democracia y derechos humanos en la isla y, al mismo tiempo, proteger los intereses económicos del régimen.
Es importante recordar casos emblemáticos, como el de Lorenzo Johnson y otros pescadores estadounidenses arrestados en 1963 por presuntas actividades de espionaje. Otro ejemplo ocurrió en 2003, durante la llamada “Primavera Negra”, cuando el gobierno cubano arrestó a 75 disidentes, entre ellos varios periodistas extranjeros, incluidos dos suecos. En ambos casos el régimen los liberó a cambio de dividendos políticos por parte de los países implicados.
En tiempos más recientes, Raúl Castro liberó a más de 100 presos políticos en 2010, tras largas conversaciones auspiciadas por la Iglesia Católica, en un intento por mejorar las relaciones con la Unión Europea. Hace apenas un mes, cuando estaba por terminar el mandato de Biden en la Casa Blanca, el régimen cubano anunció la liberación de 553 personas sancionadas por diversos delitos. Como contraprestación, Estados Unidos eliminó a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo.
La práctica de secuestrar personas para intercambiarlas por beneficios políticos tiene una larga historia y ha sido patentada por el régimen cubano. Maduro, como fiel discípulo, ha venido aplicando la misma receta: detener extranjeros, acusarlos de magnicidio, terrorismo o espionaje, y luego utilizarlos en negociaciones como piezas de un tablero de ajedrez. Así lo hizo con la administración Biden, al liberar a siete estadounidenses a cambio de la entrega de sus dos sobrinos sentenciados por tráfico de drogas en Estados Unidos.

Desde entonces, la maniobra se ha exacerbado. Solo en diciembre, la dictadura anunció la captura de supuestos 200 mercenarios de diversas nacionalidades, acusándolos de poner bombas y alterar la paz. La verdad es que muchos, como el gendarme argentino Nahuel Gallo, simplemente viajaron por cuestiones familiares.
Actualmente, hay 54 extranjeros detenidos en Venezuela por razones políticas, de diversas nacionalidades: 1 de Alemania, 5 de Estados Unidos, 2 de Argentina, 1 de Chile, 1 de República Checa, 13 de Colombia, 2 de Ecuador, 11 de España, 1 de Guyana, 1 de Países Bajos, 9 de Italia, 3 de Portugal, 1 de Ucrania y 1 de Uruguay.
Este tema ha cobrado mayor relevancia tras la visita de Richard Grenell a Venezuela. Luego de un intercambio con la dictadura, se logró la liberación de seis estadounidenses. A cambio, Maduro consiguió la extensión de la licencia a Chevron para seguir exportando crudo venezolano.
La noticia del encuentro entre Maduro y Grenell levantó revuelo, ya que el aparato mediático del régimen intentó venderlo como un reconocimiento a la dictadura. Sin embargo, el gobierno estadounidense negó que este proceso de liberación estuviera enmarcado en una negociación oficial entre ambos países.
Lo preocupante es que la administración estadounidense entre nuevamente en la dinámica nociva del régimen, donde secuestran ciudadanos para luego liberarlos a cambio de algún beneficio. Tiempo después, detienen a otros ciudadanos y reinician el ciclo. Es una puerta giratoria: salen unos y entran otros.

Estados Unidos necesita adoptar una postura firme y coherente respecto al régimen venezolano. No basta con reconocer a Edmundo González como presidente; debe liderar un bloque de presión que frene el financiamiento ilegal de la dictadura, combata a grupos criminales como el Tren de Aragua y denuncie la alianza del régimen con el ELN, las disidencias de las FARC y grupos iraníes.
El problema de la migración tiene su origen en la falta de democracia y el auge del crimen organizado. Hasta que no se frene la causa de estos males, que tienen como punto de partida la dictadura en Venezuela, no habrá solución efectiva. Estados Unidos debe construir una hoja de ruta que defienda sus fronteras y combata a los enemigos de Occidente más allá de ellas.
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