
Venezuela era conocida en el mundo por ser un país petrolero con una naturaleza increíble, gente hospitalaria que acobijó a millones de extranjeros que en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial llegaron al país buscando seguridad, paz y un mejor futuro para sus familias, y de paso contribuyeron a su crecimiento y desarrollo.
De esa magnífica fotografía, pasamos a ser conocidos por tener un régimen dictatorial que se instauró en 1998 con la llegada de Hugo Chávez al poder y lo continúa Nicolás Maduro, quien por un lado ha sido el responsable de una inmigración sin precedentes en la historia de Venezuela, pues casi ocho millones de venezolanos han salido de su patria para asentarse literalmente en todos los rincones del mundo en busca de bienestar; y por el otro lado, por ser la cuna de la banda criminal ‘Tren de Aragua’.
Desde la llegada de Maduro al poder en 2013, con intensión o no, se conformaron en las cárceles venezolanas temidas y “bien estructuradas” bandas delictivas, pero también surgió el pranato, la extorsión, el secuestro express, las coimas en los barrios, entre otras figuras delictivas; siendo ‘El Tren de Aragua’ el ícono de esta nueva era de la delincuencia en Venezuela. Su nacimiento ocurrió en la cárcel de Tocorón ubicada en el estado Aragua, su cabecilla es Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “El Niño Guerrero”, quien tiene en su haber delitos como homicidio, robo, narcotráfico, lavado de dinero, robo de identidad, tenencia de armas, delincuencia organizada, entre otros; actualmente está en libertad y se desconoce su paradero.
Para conocer a profundidad a este grupo criminal conversamos con la periodista venezolana Ronna Risquez, autora del libro «El Tren de Aragua. La banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina», obra que documenta la historia y actividad de la banda; la cual según su investigación data del 2014, pero posiblemente operaba desde un poco antes ya que para la época existía la moda de las megabandas que se hacían llamar “trenes”, y es así como surgen el ‘Tren de Oriente’, ‘Tren del Norte’, ‘Tren del Llano’, y por supuesto el ‘Tren de Aragua’, que adopta el nombre del estado donde surgió, no porque estuviera construyéndose un ferrocarril en la entidad.
Para el momento en que Risquez público el libro (2023) calculaba que la banda la conformaban unos 3.000 delincuentes y al día de hoy pareciera que se multiplicaron y crecieron por el continente americano como una gran organización de terror.
Ahora bien, lo ocurrido el año pasado en Chile con el asesinato del teniente venezolano Ronald Ojeda y cuya investigación de la justicia imparcial chilena determinó, por un testigo protegido, que el brutal crimen fue ordenado por Diosdado Cabello; y la operación de este grupo en los EEUU no deja ninguna duda de que son el arma “secreta” del régimen de Maduro para golpear a los países que considera enemigos.
En este punto y sabiendo los orígenes y actuaciones de este grupo delincuencial, regresarlos a Venezuela, como ha anunciado el gobierno del presidente Trump, sería un gran error pues en cooperación con el régimen volverían a salir a sembrar el terror en el continente; así que enviarlos a Guantánamo es la decisión perfecta y el sitio de reclusión acorde a su peligrosidad.
Mientras se lleva a cabo la búsqueda y captura de estos criminales, es importante y válido alzar la voz para que no se siga estigmatizando a los venezolanos en los EEUU por culpa de los criminales del ‘Tren de Aragua’, por cierto, considerado grupo terrorista para el gobierno estadounidense. Ya lo planteaba el ex gobernador del estado Aragua, Carlos Tablante, quien considera que la influencia que han podido tener en Estado Unidos ha sido destacada de manera “exagerada” por algunos voceros.
Refiere Tablante que no existen pruebas concluyentes de que tenga una operación consolidada dentro del territorio estadounidense, y mucho menos que represente una amenaza mayor que los cárteles mexicanos, colombianos, brasileños o las propias redes criminales estadounidenses de tráfico de drogas y armas. De hecho, los datos indican que el tráfico de fentanilo, una de las mayores crisis de salud en el país, está dominado principalmente por ciudadanos estadounidenses, no por migrantes.
Al momento de escribir este artículo, sólo diez integrantes del ‘Tren de Aragua’ habían sido trasladados a Guantánamo, suponiendo que la banda creció tanto y que llegó a multiplicar por diez, por lo que hipotéticamente estaríamos hablando de unos 30.000; entonces las camas de Guantánamo ya tienen nombres y apellidos, y las dos primeras son para sus máximas autoridades: Nicolás Maduro Moros y Diosdado Cabello Rondón.
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