
Como fue informado en este medio, la ONG Prisoners Defenders, con sede en Madrid, reveló que se firmó un acuerdo entre los gobiernos de Cuba y Rusia según el cual Cuba enviaría soldados para unirse a la guerra en Ucrania. Tal evento plantea muchas preguntas importantes.
El dramático motín fallido del Grupo Wagner dejó en claro algo que el Kremlin sabía desde hace mucho tiempo. El grupo, particularmente su líder Yevgeny Prigozhin, se convirtió en un problema para Rusia en el frente domestico y en el frente de batalla.
El grupo tiene poca formación militar y ha servido como carne de cañón en la guerra. Miles de sus combatientes cayeron en batalla. El grupo ha sido una salida conveniente para el régimen de Vladimir Putin ya que permitió sacrificar criminales cuyas vidas eran prescindibles. Así también evitó una crisis de legitimidad interna. A la vez, el inescrupuloso carácter del grupo tendría un efecto intimidador sobre el enemigo ucraniano.

Asimismo, el grupo desempeñó un papel fundamental en varias partes del mundo, donde sus operaciones están ligadas a la comunidad militar y de inteligencia rusa. El grupo brindó servicios de seguridad y asistencia paramilitar y lanzó campañas de desinformación para regímenes y grupos políticos en Sudán, la República Centroafricana, Malí, Libia, Siria y Venezuela.
La utilidad del grupo explica la inicial contención de Putin hacia Prigozhin, quien se convirtió en un duro crítico del establecimiento militar ruso. Más ominoso aun para el régimen, Prigozhin cuestionó el racional oficial que justificó el asalto a Ucrania.
A medida que aumentaba la hostilidad de Prigozhin hacia los militares, el régimen de Putin buscó alternativas al grupo Wagner. De hecho, el Ministerio de Defensa planeó disolver el grupo Wagner el 1 de julio ya que este se había convertido más en una amenaza que en un activo. Es precisamente en este trasfondo que podemos entender el reclutamiento de soldados cubanos por parte de Rusia.
Según Prisoners Defenders, Rusia pagaría a cada soldado 2.000 dólares mensuales pero el gobierno cubano se quedaría con entre el 75% y el 95% de esos ingresos. El informe también afirma que estos soldados no tienen más remedio que unirse a las tropas rusas. De lo contrario, estarían sujetos a represalias y castigos.

Por supuesto, esta no es la primera vez que se activan soldados cubanos. Estuvieron involucrados en la guerra civil de Angola, en Etiopía, Congo, Argelia, Irak y Siria. Solo en África, se estima que Cuba ha perdido 5.000 soldados.
Es razonable suponer que las bajas cubanas serán significativamente mayores en la guerra actual, ya que es probable que tengan el mismo estatus de prescindibles que los delincuentes y criminales reclutados por Wagner.
El gobierno cubano se beneficiaría económicamente de tal acuerdo, y los rusos comenzarán a reducir su dependencia del Grupo Wagner.
Además, fortalece la alianza entre Rusia y los regímenes latinoamericanos de izquierda. La Venezuela de Maduro, la Nicaragua de Ortega y la Cuba de Díaz-Canel apoyaron a Putin incondicionalmente durante el motín.
Existe una alianza estratégica entre Rusia y los regímenes antiliberales de izquierda en América Latina. Rusia también ha desplegado equipo militar, tropas y mercenarios en Venezuela, incluidos miembros del Grupo Wagner. También ha desplegado sistemas de defensa aérea S-300 y ha proporcionado cientos de asesores militares. De igual forma, ha enviado Tu-160 nuclear a Venezuela y Nicaragua. En Nicaragua, el régimen de Ortega autorizó de 180 a 230 tropas, aviones, barcos y armas rusas para operar en su territorio. Asimismo, a las tropas rusas se les ha permitido entrenar en Nicaragua y Venezuela.

Por lo tanto, como parte de esta alianza, tiene sentido que Putin intente ofrecer tratos similares a Maduro y Ortega.
Es muy poco probable que la terquedad de Putin conduzca al final del conflicto en el corto plazo. Las bajas posiblemente se multipliquen y los regímenes latinoamericanos cada vez más allegados a Rusia podrían sacrificar a sus hijos en una guerra prolongada y sin sentido.
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