
En menos de seis semanas tendremos elecciones presidenciales en Paraguay, y tal vez deberíamos comenzar a prestar un poco más de atención a lo que allí sucederá, ya que puede ser el eje de un cambio para la región. El 30 de abril se elegirán el presidente, el vicepresidente, 45 senadores, 80 diputados, 17 gobernadores, y 17 juntas departamentales. El presidente electo asumirá el cargo el 15 de agosto y gobernará durante cinco años (hasta agosto de 2028), sin posibilidad de reelección.
Esa elección ha sido precedida por unas internas simultáneas no obligatorias, que se celebraron el 18 de diciembre de 2022, en dónde los partidos eligieron a sus candidatos, y se generó un primer acercamiento real a lo que podría ser el resultado definitivo de abril. Dicha elección dejó tres datos centrales:
1. Los ganadores de la interna colorada, Santiago Peña (candidato a presidente) y Pedro Alliana (candidato a vicepresidente), quedaron confirmados como favoritos para el mes de abril, y al mismo tiempo ganaron la conducción del Partido Colorado.
2. La centro izquierda, que une al Partido Liberal con los seguidores del ex Presidente Lugo, y llevan como candidato a Efraín Alegre, se encuentra muy lejos de ofrecer una opción competitiva y atractiva para la sociedad paraguaya.
3. El Partido Colorado ha salido fortalecido y renovado, ya que los votos de toda la oposición sumados no alcanzaron ni la mitad de los votos que lograron los candidatos de dicho partido.
Frente a esta realidad, Paraguay presenta diversos desafíos que deberán ser solucionados por la nueva administración que asuma en agosto próximo. En primer lugar, se deberá combatir al narcotráfico, que ha avanzado sobre muchas zonas rurales del país. En segundo lugar, se deberá generar confianza para recibir inversiones internacionales, que exigen reglas claras y un sistema bancario y financiero más integrado al mundo. Y en tercer lugar, se deberá avanzar con una gran inversión en infraestructura, que el Paraguay está precisando para dar un salto importante en volúmenes de producción y exportación de alimentos, servicios y energía.
Por otro lado, la realidad regional de los últimos años ha demostrado que se precisan administraciones con mayorías nítidas que permitan avanzar con grandes reformas y transformaciones sin riesgos de pérdida de gobernabilidad. Las recientes experiencias de Argentina, Chile, Perú, Colombia y Ecuador demuestran que los líderes pueden tener las mejores intenciones y los programas más atractivos, pero sin mayorías aquellos quedan reducidos a meras anécdotas y a sociedades desencantadas por no haberse alcanzado las expectativas de transformación que proponía la nueva administración.
Frente a este panorama, la fórmula encabezada por Santiago Peña muestra determinadas características que lo convierten en la opción más sólida para el votante paraguayo. En primer lugar se trata de un hombre de 44 años, que representa una indudable renovación generacional, reforzada por su compañero de fórmula, Pedro Alliana, que tiene 48 años de edad. Por lo tanto, se trata de dos figuras jóvenes, que se encuentran en el momento de mayor capacidad de trabajo de su carrera.
Asimismo, la juventud de Peña se combina con una extensa experiencia laboral, que pocas veces encontramos en los líderes de nuestra región. Ha sido presidente del Banco Central, Ministro de Hacienda, Director de empresas privadas y funcionario del Fondo Monetario Internacional. Por otro lado, ha vivido y estudiado en Columbia, una de las universidades más importantes de los Estados Unidos. En resumen, un combo difícil de encontrar en un dirigente de 44 años de nuestra región.
Desde el punto de vista político, Peña se afilió al Partido Colorado en 2016, y antes de ello militó en el partido Liberal, con lo cual también atrae los votos de centro y centro derecha de dicho partido, que no aceptan la propuesta de izquierda que actualmente propone su candidato presidencial. Asimismo, el candidato a Vicepresidente Alliana no solamente presidió el Partido Colorado, sino que además ha presidido la Cámara de Diputados y ha sido Gobernador. Con lo cual entre ambos suman una representación política difícil de igualar para cualquier otro dirigente del país.
Esa fortaleza política los convierte, en mi opinión, en la única opción política que puede realizar verdaderas transformaciones en el Paraguay, puesto que en caso de resultar electos, tendrán la experiencia de gestión, el respaldo partidario y la representación parlamentaria suficiente, para llevar adelante un plan de gobierno integral que tantos paraguayos están reclamando. Por otro lado, la visión moderna de ambos candidatos y su conocimiento del mundo, los llevará a abrir el país a nuevas inversiones, a la eliminación de regulaciones burocráticas, al combate abierto del narcotráfico, y a la generación de esa igualdad de oportunidades laborales, sociales y educativas que tanto precisa el Paraguay.
Finalmente, considero que el triunfo de Santiago Peña, puede convertir a Paraguay en el eje de un cambio para la región, puesto que luego de ello, vendrán las elecciones en Argentina, donde posiblemente también veremos un regreso al poder de las fuerzas políticas racionales, y a la izquierda kirchnerista reducida a una representación menor. Con lo cual, de suceder ello, tendremos a partir de diciembre de este año, un eje liderado por los jóvenes Luis Lacalle Pou y Santiago Peña, y un nuevo presidente Argentino, que sin dudas van a equilibrar la relación de fuerzas en la región, y junto con Brasil, podrán llevar al Mercosur al mejor momento de su historia, celebrando las demoradas alianzas comerciales estratégicas con Europa, Asia y los Estados Unidos.
Pronostico tiempos interesantes para nuestra región, y una enorme oportunidad para nuestros países, liderando la agenda de producción alimentaria sustentable, de promoción de políticas de economía circular, de desarrollo de energía limpia y de enorme integración económica, financiera y cultural con el mundo desarrollado. Todas acciones que tendrán un impacto muy favorable en nuestros pueblos, y que volverán a colocarnos en el camino del desarrollo que tanto necesitamos.
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