
Presentar el terrorismo de Estado como revolución, las violaciones de derechos humanos como defensa popular, los oprimidos como subversivos, los presos políticos y torturados como delincuentes, los exiliados como prófugos, la principal organización de crimen organizado transnacional como socialismo del siglo XXI, los crímenes de corrupción a narcotráfico como acciones políticas y la conspiración como liberación de los pueblos, son solo parte de la “narrativa de falsificación” que la dictadura de Cuba ha creado y sostiene con sus dictaduras de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y los gobiernos de Argentina y México. Estas y otras grandes mentiras son el soporte de las dictaduras y para derrotarlas urge promover y ejercer la “narrativa de la verdad”.
La narrativa es “la descripción oral o escrita de un acontecimiento, real o ficticio, con el fin de persuadir o entretener al espectador”. La narrativa puede ser de hechos ciertos o falsos y por eso -en el ámbito de la falsificación de los hechos- es instrumento esencial de dictaduras, totalitarismos, tiranías y toda forma de detentar el poder ilegítimamente. La “narrativa de la verdad” es la “que no se puede negar racionalmente, es la realidad”.
Cuando la realidad objetiva muestra que la dictadura de Cuba comete todo tipo de delitos contra su población a la que somete a hambre y miseria, a la que trafica con sistemas de esclavismo moderno y aterroriza con un aparato de represión violenta y simulación judicial, la pregunta es ¿cómo y por qué se sostiene ese régimen?...Pero cuando se constata que en el siglo XXI esa dictadura de Cuba se ha expandido y establecido dictaduras bajo su mando y metodología en Venezuela, Bolivia y Nicaragua, la pregunta es ¿las democracias y sus líderes no pueden hacer nada para terminar con el oprobio? ¿No pueden por lo menos decir la verdad?
Mas allá de las limitaciones del sistema jurídico internacional, lo que sostiene a la dictadura de Cuba por más de 63 años es la narrativa de presentar desde el inicio sus acciones criminales como revolucionarias y seguir una larga cadena de falsificación de los hechos victimizándose cuando en verdad agrede a todas las democracias de la región, presentándose como un proyecto político de liberación cuando en verdad es una organización de agresiones y delitos.
La narrativa de la revolución de Cuba es tal vez la falsificación mejor vendida a nivel internacional, seguida por la narrativa del mesianismo de Fidel Castro y la falsa épica del Che Guevara que presenta criminales como un héroes. Las narrativas de la “lucha antiimperialista” y el “bloqueo norteamericano”. Todas falsas, como los éxitos en educación, y salud en Cuba. La juventud y el pueblo en las calles pidiendo libertad, patria y vida a partir del 11 de Julio de 2021 lo prueban. Manifestaciones y protestas que a un año de su inicio continúan, indican la crisis terminal de la dictadura, que busca sobrevivir con más narrativa falsa puesta en sus operadores Maduro, Ortega, Morales, Fernández/Kirchner, López Obrador…
Desde las democracias no hay narrativa, los mensajes son locales y nacionales, no se sostiene la “narrativa de la verdad” respecto a la dictadura de Cuba y menos respecto a su expansión en el siglo XXI que la llevó a establecer y controlar las dictaduras de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y en su momento Ecuador, la Organización de Estados Americanos y más.
No se trata de crear una contra narrativa, ni de una respuesta a la narrativa falsificada de Cuba jefe del castrochavismo, se trata de tomar iniciativa para presentar la verdad, la realidad objetiva, los hechos como son y como los vive la gente común y normal. Llamar las cosas por su nombre y darles los efectos jurídicos e internacionales que tienen. Que las acciones del régimen cubano después del 11-J son “terrorismo de Estado”, “crímenes de lesa humanidad” y aplicar el Estatuto de Roma y la Convención de Palermo, es “narrativa de la verdad”.
Se trata de que el caso de Nicaragua con apresamientos y condenas a inocentes, el de Bolivia que encarcela y exilia con el mismo método y de Venezuela que es la más antigua aplicándolo, se reconozcan como las dictaduras operadas por Cuba. El tratar a las dictaduras del castrochavismo como si fueran entidades diferentes e independientes y a los gobiernos para dictatoriales de Argentina y México como si fueran neutrales, es complicidad en la narrativa de falsificación y renuncia a la narrativa de la verdad.
La narrativa de la verdad consiste reconocer la realidad objetiva y exponerla como propuesta no como respuesta, como acusación no como defensa: “Cuba es la dictadura jefe” amenaza para todas las Américas, hay que “separar la política de la delincuencia organizada”. Los pueblos ya están en la narrativa de la verdad, faltan los líderes y gobernantes democráticos.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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