La OTAN descarta que la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania comprometa su capacidad de defensa, según afirmaron este martes el comandante supremo aliado en Europa y la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, en medio de una creciente presión sobre los miembros europeos para asumir mayor protagonismo en la seguridad del continente.
El general estadounidense Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado en Europa (SACEUR), fue categórico tras la reunión del Comité Militar en Bruselas: “Esta decisión no afecta a la viabilidad de nuestros planes regionales”. Agregó que se siente “muy cómodo con la situación actual” y que continuará trabajando para garantizar “la cobertura adecuada en los lugares adecuados”.
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La decisión del presidente Donald Trump de retirar esos efectivos —anunciada el 1 de mayo— fue interpretada como una reacción a las críticas del canciller alemán Friedrich Merz, quien acusó al mandatario republicano de haber sido “humillado” por Irán en las negociaciones para un acuerdo de paz.
Grynkewich explicó que la medida se inscribe en la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos y en lo que denominó el concepto “OTAN 3.0”: a medida que el pilar europeo de la alianza se fortalezca, Washington podrá reducir su presencia en el continente y concentrarse en proveer únicamente las capacidades que los aliados aún no pueden aportar por sí solos.
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Los 5.000 efectivos que serán retirados proceden, en una parte considerable, del equipo de combate de una brigada blindada y de un batallón de fuego de largo alcance cuyo despliegue había sido anunciado pero que no llegará a concretarse. Trump también canceló el despliegue de misiles Tomahawk de largo alcance en el continente.

El general señaló que desde que esa brigada llegó sin relevo en 2022, los aliados bálticos, Polonia y otros países han reforzado considerablemente su capacidad de combate terrestre. Mencionó, en particular, la brigada multinacional liderada por Canadá en Letonia —“plenamente operativa y muy eficaz”— y el refuerzo alemán en Lituania.
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Grynkewich advirtió que habrá nuevas retiradas de tropas estadounidenses en Europa —que en total suman aproximadamente 80.000 efectivos— pero que estas se producirán de forma gradual, condicionadas al crecimiento de las capacidades europeas. “Va a ser un proceso continuo durante varios años”, precisó, sin ofrecer un calendario exacto. El ritmo de la reducción dependerá de que los países aliados cumplan sus compromisos de gasto acordados en la cumbre de La Haya del año pasado y alcancen sus objetivos de capacidad.
Actualmente, el ejército estadounidense mantiene más de 36.000 soldados en Alemania, distribuidos en instalaciones como la base aérea de Ramstein, el cuartel general en Wiesbaden, las zonas de entrenamiento de Grafenwöhr y Hohenfels en Baviera, la base aérea de Spangdahlem y el complejo militar de Stuttgart. La OTAN depende de Washington para capacidades que los aliados europeos no pueden replicar a corto plazo: sistemas de mando y control, inteligencia, comunicaciones por satélite, bombarderos estratégicos y el paraguas nuclear, según señalaron funcionarios y analistas.
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La alta representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, sostuvo ante el Parlamento Europeo que la disuasión de la alianza “permanece intacta” y calificó la retirada de tropas como un “cambio de enfoque hacia el Indopacífico” que ya había sido previsto. Llamó a los europeos a “asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa”, lo que implica aumentar el gasto, cerrar brechas de capacidad y ampliar la producción militar propia.
“Disuadir la agresión es más barato que luchar en una guerra”, sostuvo Kallas, quien reconoció que la UE “enfrenta el entorno de seguridad más peligroso desde el fin de la Guerra Fría”. Señaló a Rusia como una amenaza que “se está preparando para una confrontación a largo plazo con Occidente” y cuyo objetivo final, advirtió, “no es solo Ucrania”.
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Entre los riesgos identificados figuran violaciones del espacio aéreo, ciberataques, sabotaje contra infraestructuras críticas y campañas de desinformación, factores que, según Kallas, condicionan la planificación de defensa de la UE para los próximos tres a cinco años.
(Con información de AFP, EFE y Reuters)
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