
Una nueva evaluación de los servicios de inteligencia de Estados Unidos indica que Irán podría estar explorando un método más rápido, aunque menos sofisticado, para desarrollar un arma nuclear si su liderazgo decide avanzar en esa dirección.
La información fue recopilada en los últimos meses de la administración de Joe Biden y luego transmitida al equipo de seguridad nacional de Donald Trump durante la transición de poder. De acuerdo con estos reportes, los científicos iraníes estarían investigando un procedimiento que permitiría convertir su creciente reserva de combustible nuclear en un arma funcional en cuestión de meses, en lugar del año o más que se estimaba anteriormente.
Funcionarios estadounidenses afirmaron a The New York Times que el líder supremo de Irán, Alí Khamenei, aún no ha tomado la decisión de desarrollar un arma nuclear. Sin embargo, la nueva inteligencia sugiere que, ante el debilitamiento de sus fuerzas aliadas y el fracaso de sus misiles contra defensas estadounidenses e israelíes, el gobierno iraní está evaluando opciones para fortalecer su capacidad de disuasión.
Desde que Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, Irán ha reanudado la producción de uranio y ahora cuenta con suficiente material para fabricar al menos cuatro bombas. No obstante, todavía carece de los elementos finales para ensamblar un arma.

Esta información fue un punto clave en la reunión del martes entre Trump y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, la primera visita de un líder extranjero a la Casa Blanca desde la toma de posesión del republicano hace dos semanas. Netanyahu ha considerado en varias ocasiones un ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes, aunque en el pasado se ha abstenido por la presión de sus propios asesores y de EEUU.
La situación actual podría modificar sus cálculos, ya que Irán enfrenta una debilidad sin precedentes, según funcionarios israelíes y estadounidenses. Sus aliados regionales, Hamas y Hezbollah, han perdido liderazgo y capacidad ofensiva, mientras que el dictador sirio, Bashar al-Assad, se ha refugiado en Moscú tras ser depuesto, eliminando a Siria como una ruta fácil para el traslado de armas iraníes.
En octubre, un ataque israelí destruyó las defensas antimisiles alrededor de Teherán, así como instalaciones clave para la producción de combustible de misiles, debilitando la infraestructura militar iraní.
Posibilidades de negociación y las dudas sobre el poder real de Pezeshkian

A pesar del ambiente de confrontación, Trump ha expresado que prefiere evitar un conflicto directo con Irán y ha dejado abierta la posibilidad de una negociación. “Sería bueno si pudiéramos resolver esto sin tener que preocuparnos”, comentó tras su toma de posesión, agregando que espera que Irán esté dispuesto a “hacer un trato”.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, quien asumió el cargo en julio tras la muerte de su predecesor en un accidente de helicóptero, también ha manifestado interés en un nuevo acuerdo. Sin embargo, expertos señalan que podría no tener control sobre el programa nuclear.
“Irán tiene un doble régimen”, explicó a The New York Times Karim Sadjadpour, analista del Carnegie Endowment for International Peace. “Por un lado, una estructura militar y de inteligencia bajo el mando de Khamenei, responsable del programa nuclear y de las operaciones encubiertas. Por otro, diplomáticos y políticos con poca o ninguna información sobre estas actividades, encargados de negarlas ante Occidente”.

Estados Unidos ha sostenido por años que Irán detuvo su programa de armas nucleares en 2003, tras la invasión estadounidense a Irak. No obstante, documentos obtenidos por Israel en 2018 revelaron que Teherán había continuado con investigaciones técnicas.
Si Irán decidiera enriquecer uranio al 90% de pureza —nivel necesario para un arma nuclear—, podría hacerlo en cuestión de días. Sin embargo, convertirlo en un dispositivo funcional sigue siendo un proceso que, según estimaciones estadounidenses, tomaría entre un año y 18 meses, aunque Israel calcula que podría tardar hasta dos años.
Para evitar ese retraso, Irán podría optar por ensamblar una versión más rudimentaria de un arma nuclear, basada en diseños obtenidos hace más de 25 años del científico pakistaní A.Q. Khan. Aunque esta versión no sería lo suficientemente compacta para montarse en un misil balístico ni garantizaría una funcionalidad óptima, sí permitiría a Irán realizar una prueba nuclear y declararse potencia atómica, lo que alteraría el equilibrio estratégico de la región.
Si bien un arma de este tipo no representaría una amenaza inmediata para Israel, su sola existencia podría modificar los cálculos militares de Washington y Tel Aviv, disuadiendo potenciales ataques contra Irán.
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