
Las ambiciones territoriales de China han tomado un nuevo realce con la publicación de la edición actualizada de su mapa estándar en agosto de 2023, donde se incluyen territorios que actualmente pertenecen a India y Rusia, así como Taiwán y extensas áreas del Mar de China Oriental y el Mar de China Meridional, disputadas también por Brunei, Indonesia, Japón, Malasia, Filipinas y Vietnam.
Este acto deliberado no solo refleja la postura del Partido Comunista Chino (PCC) frente a sus polémicas reivindicaciones territoriales, sino que también subraya un recurso estratégico de Beijing: la utilización selectiva de narrativas históricas para justificar sus pretensiones, en un contexto donde la fuerza militar parece respaldar cada vez más sus reclamos.
La justificación del régimen chino conducido por Xi Jinping sobre sus aspiraciones territoriales se basa en una interpretación antojadiza de su historial. Por ejemplo, Beijing asegura que las Islas Senkaku (administradas por Japón pero reclamadas por China bajo el nombre de Islas Diaoyu), han sido “territorio inherente de China desde tiempos antiguos”. Una retórica similar se emplea para sustentar su derecho sobre partes del estado de Arunachal Pradesh en India, y sobre su soberanía en el Mar de China Meridional, basándose en mapas marítimos históricos propios, de acuerdo a un artículo firmado por Frederik Kelter para la revista Foreign Policy.
La política exterior de China ha exhibido un irredentismo selectivo, enfocándose en recuperar o defender territorios específicos que coinciden con sus intereses actuales, mientras deja de lado antiguas regiones bajo su influencia como Mongolia, Corea del Norte, Corea del Sur y Vietnam. “El poder nacional de China ha aumentado significativamente, reduciendo los beneficios del compromiso y permitiendo a China imponer condiciones mucho más duras”, explicó M. Taylor Fravel, profesor de ciencias políticas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Esta declaración subraya una realidad geopolítica donde Beijing percibe menos incentivos para buscar resoluciones pacíficas en sus disputas territoriales restantes.
A lo largo de la historia, muchas de las reivindicaciones territoriales del PCC surgieron durante el último periodo de la dinastía Qing y los tratos desiguales que siguieron a las derrotas militares y la presión diplomática de potencias occidentales, así como de los imperios ruso y japonés. Estos eventos, que marcaron una “centuria de humillación”, dejaron al PCC con disputas territoriales heredadas a su fundación en 1949.

No obstante, durante momentos de inestabilidad interna, China mostraba disposición a negociar y reducir sus ambiiciones territoriales, como se evidenció en acuerdos con países limítrofes tras la sublevación tibetana de 1959 y las turbulencias en la región uigur en las décadas de 1960 y 1990.
Sin embargo, la situación ha evolucionado. El descubrimiento de posibles reservas de petróleo cerca de las Islas Senkaku en la década de 1970, y la devolución de las islas a Japón por parte de los Estados Unidos, incitaron a China a reafirmar su reclamo sobre estas, a pesar de haberlas reconocido anteriormente como parte de las Islas Ryukyu de Japón.
Asimismo, aunque Beijing y Moscú resolvieron una disputa sobre la Isla Heixiazi en 2004, China ha mantenido su reclamo, ilustrando cómo el PCC retiene ciertos intereses fundamentales y espera momentos oportunos para afirmarlos. Collin Koh Swee Lean, del Instituto de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur, destacó la tactica del régimen de Beijing de conservar intereses fundamentales para reclamarlos en momentos oportunos.
En cuanto a Taiwán, una reclamación invariable del PCC, la unificación con la isla se ha convertido en un componente crucial de la visión política de Xi Jinping para rejuvenecer a la nación china, mucho más allá de los lazos históricos. “El PCC persigue un nacionalismo chino que enfatiza la unidad y la homogeneidad centrada alrededor del liderazgo del PCC”, comentó Chong Ja Ian, profesor asociado de la Universidad Nacional de Singapur.
En el panorama geopolítico actual, Taiwán emerge como un punto de fricción significativo entre China y el resto del mundo, especialmente en lo que respecta a las ambiciones marítimas de Beijing. La importancia estratégica de Taiwán, resaltada por el hecho de que casi la mitad de la flota de contenedores mundial navegó por sus aguas en 2022, coloca a la isla como una pieza clave en el tablero de las aspiraciones chinas de lograr una hegemonía marítima. Esta situación no solo subraya la importancia de la isla democrática en el escenario global, sino que también destaca cómo la identidad autónoma de Taiwán representa un desafío directo al relato del PCC.
El modelo democrático de Taiwán, caracterizado por elecciones libres y una competencia saludable entre múltiples partidos políticos, contrasta marcadamente con la política autoritaria del régimen de Xi. “La experiencia taiwanesa es un claro desafío al narrativo del CCP”, apuntó Chong en sus declaraciones, evidenciando la creciente identidad distinta de Taiwán que se ha venido desarrollando en oposición a la narrativa impuesta por china continental.
Además, la disputa territorial no se limita únicamente a Taiwán. La reclamación por parte del PCC de grupos de islas e islotes en los mares del Este y Sur de China también ha sido objeto de controversia, siendo estos argumentos históricos considerablemente menos robustos que las reivindicaciones de tierra firme del partido. Estas tensiones marítimas no solamente enfatizan el conflicto en Taiwán sino que también desatan preguntas acerca de la validez y justificación detrás de las ambiciones territoriales de China en estas áreas críticas.
Por tanto, la situación de Taiwán y las reclamaciones del CCP sobre diversas entidades marítimas no solo tienen implicaciones para la política interna y la autonomía taiwanesa sino que también presentan un desafío significativo para el orden marítimo internacional. A medida que Taiwán continúa desarrollando su identidad y democracia, la tensión en la región seguramente evolucionará, posiblemente delineando nuevos contornos en las relaciones internacionales del siglo XXI.
Este panorama señala un cambio en la política exterior china hacia una posición menos inclinada al compromiso y más propensa al reclamo irredentista cuando las condiciones se lo permiten. Mientras China siga adoptando una interpretación selectiva de su historial histórico para justificar sus reclamaciones territoriales, y esté dispuesta a respaldarlas con acciones militares, sus vecinos continuarán enfrentando riesgos e incertidumbres.
“Aunque diga lo contrario, la falta de voluntad de Pekín para ceder en sus tenues reivindicaciones territoriales marítimas sugiere que China persigue ambiciones de larga data y aspiraciones globales en lugar de intentar revertir pérdidas pasadas. Mientras el PCCh utilice su historial de forma selectiva y cambiante para servir a sus objetivos -y esté dispuesto a respaldar sus reivindicaciones con acciones militares-, los vecinos de China seguirán estando en peligro”. concluye el autor del artículo.
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