
La ciudad de Derna, en Libia, quedó completamente arrasada por el agua luego de que, el pasado domingo, dos represas colapsaran tras el paso de la tormenta Daniel.
Sin embargo, el jefe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), una agencia de la ONU, Petteri Taalas, sostuvo que “la mayoría de las muertes podrían haberse evitado” y responsabilizó de ello a la inestabilidad política en el país durante las últimas décadas.
Inclusive, un informe de 2021 de la auditoría del país denunció la procrastinación de la cartera competente sobre tareas de mantenimiento a estas estructuras.

A medida que avanzan las investigaciones que buscan determinar con mayor exactitud lo ocurrido, se conoció que las represas colapsadas presentaban grietas desde 1998 pero nunca fueron reparadas.
Abu Mansur y Al Bilad fueron construidas sobre el cauce homónimo en la década de 1970 por una compañía yugoslava, “no tanto para recoger agua sino para proteger a Derna de las inundaciones”, indicó el fiscal general libio Al Sedik Al Sur, ya que en 1941, 1959 y 1968 la ciudad había sufrido una serie de importantes inundaciones.
Casi treinta años después de su construcción, en 1998, la dirección nacional de presas informó de la presencia de grietas en estas estructuras y, dos años más tarde, las autoridades contrataron a una empresa italiana para que evaluara la gravedad de los daños.
El equipo confirmó el diagnóstico y recomendó la construcción de una tercera presa para proteger a la ciudad.
El proyecto no se abordó hasta 2007, cuando el régimen de Muamar al-Qaddafi se dispuso a contratar a una empresa turca para que se encargara de ellas. Sin embargo, las tareas se vieron postergadas por la falta de pago y realmente iniciaron en 2010, pero se vieron suspendidas menos de cinco meses después por la revolución que derrocó y acabó con la vida del dictador.

Las administraciones subsiguientes se caracterizaron por el desorden y el descuido y, aunque se asignó un presupuesto anual para la reparación de las presas, las obras nunca se realizaron.
Los años pasaron y, en 2022, el ingeniero y académico libio Abdel Wanis Ashur realizó otro estudio en el terreno en el que concluyó que existía una real amenaza de “catástrofe” en Derna si no se concretaban de una vez las tareas de mantenimiento.
Las autoridades hicieron caso omiso a la advertencia y dejaron la puerta abierta a que, efectivamente, tuviera lugar una tragedia como la de esta semana.
Por la presión de las lluvias torrenciales del pasado domingo, Abu Mansur, ubicada a 13 kilómetros de Derna y con una capacidad de 22.5 millones de m3, cedió y liberó corrientes de agua tan fuertes que impactaron en Al Bilad. Ésta segunda, situada a un kilómetro de la ciudad costera y con una capacidad mucho menor, de 1.5 millones de m3, cedió enseguida.

Dada su proximidad con Derna era casi imposible que la inundación se disipara antes de llegar al lugar y, por ello, el impacto fue total. Muchos, inclusive, llegaron a comparar la fuerza del torrente con la de un tsunami.
Si bien la ONU indicó que aún se desconoce “la extensión” de la destrucción, se cree que un 25% de la ciudad quedó arrasada y se pidieron unos USD 71.4 millones para tareas humanitarias.
Además, el último balance dio cuenta de unos 11.300 muertos, cerca de 30.000 desplazados y al menos otros 10.000 desaparecidos.
(Con información de AFP)
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