Aplastada por sucesivas oleadas de represión, la oposición rusa ha sido diezmada desde el inicio de la invasión de Ucrania. Los últimos grandes críticos de Vladimir Putin han emigrado o están en la cárcel.
“En los dos últimos años, el gobierno ruso no ha hecho más que intensificar su caza de brujas contra la oposición y las organizaciones de la sociedad civil”, dijo Natalia Zviagina, directora del Programa Regional para Rusia de Amnistía Internacional. “Ni un solo crítico, defensor de los derechos humanos o periodista independiente está a salvo de la amenaza de persecución, represalias y represión”.
Si bien Rusia lleva años persiguiendo a quienes desafían al Kremlin, la hostilidad hacia la oposición aumentó tras la aprobación de una ley -el artículo 280.3 del código penal de Rusia- que sanciona la difusión de “información falsa” sobre su ejército.
Vladimir Kara-Murzá
La última víctima de la represión de Putin fue el destacado opositor y periodista Vladimir Kara-Murzá, condenado el lunes por un tribunal ruso a 25 años de prisión. La pena, sin precedentes para un político ruso, fue vista como una muestra de que el presidente ruso no está dispuesto a tolerar ni la más mínima muestra de disenso en tiempos de guerra con Occidente.
Kara-Murzá, de 41 años, fue hallado culpable de alta traición, difusión de información falsa sobre la actuación del Ejército ruso en Ucrania y cooperación con una ONG declarada indeseable por la Justicia rusa.
En su última intervención, la semana pasada, aseguró que no se arrepiente “de nada” y que ama a Rusia. ”Estoy en la cárcel por mi postura política, por estar en contra de la guerra en Ucrania, por mi larga lucha contra la dictadura de Putin”, afirmó el disidente, quien dijo sentirse orgulloso de que le introdujera en la política el opositor Borís Nemtsov, asesinado en 2015 cerca del Kremlin.
Kara-Murzá fue vicepresidente de Open Russia, una organización pro democracia creada por el ex oligarca prófugo Mikhail Khodorkovsky. Ha escrito numerosos artículos críticos con Putin en prestigiosos medios de comunicación rusos y occidentales, y en 2011 lideró los esfuerzos de la oposición para lograr la adopción de sanciones occidentales contra los violadores de los derechos humanos en Rusia.
Estas sanciones impuestas por muchos países occidentales se conocen como leyes Magnitsky en honor al abogado denunciante Sergei Magnitsky, que murió en una cárcel rusa en 2009 tras denunciar fraude por parte de funcionarios.
El disidente sufrió dos envenenamientos como el encarcelado líder de la oposición rusa Alexei Navalny y sus abogados denunciaron el lunes que su precario estado de salud le impide cumplir su pena.
Alexei Navalny y sus colaboradores
La lista de opositores encarcelados es encabezada por el más célebre de ellos: Alexei Navalny. El líder opositor está cumpliendo nueve años de cárcel tras ser condenado por fraude en marzo de 2022. Había sido detenido en enero de 2021 a su regreso de Alemania, donde había recibido tratamiento por un envenenamiento con un agente nervioso en Siberia.
Navalny, de 46 años, ya ha pasado dos años en la cárcel, a menudo en régimen de aislamiento, pero se enfrenta a a hasta 35 años por otros cargos. Este este martes, un día después de la condena de Kara-Murzá, las autoridades abrieron una nueva causa en su contra.
El opositor se encuentra en malas condiciones de salud y ha perdido ocho kilos en las últimas semanas. Sus partidarios y familiares denuncian está siendo “lentamente” asesinado en prisión.
Aún así, dese la cárcel sigue denunciando al Kremlin y calificó el ataque en Ucrania de “tragedia” y “crimen contra la humanidad”.
Sus asociados también se enfrentan a la persecución del Kremlin.
“Las organizaciones asociadas a Aleksei Navalny están consideradas la archienemiga de las autoridades, y se han convertido en el blanco de amplias represiones. Como consecuencia, la mayoría de los asociados de Navalny han tenido que huir del país”, dijo Zviagina, de Amnistía Internacional.
No obstante, incluso los socios de Navalny que consiguieron huir, como sus estrechos colaboradores Leonid Volkov, Ivan Zhdanov y Lyubov Sobol, se enfrentan a ser procesados a su regreso a Rusia.
Ilya Yashin
En diciembre, otro conocido opositor, Ilia Yashin, de 39 años, fue condenado a 8 años y medio de cárcel por supuestamente “difundir información falsa” sobre el ejército ruso. El activista no había hecho otra cosa que denunciar en una transmisión en YouTube “el asesinato de civiles” en Bucha, cerca de Kiev, donde el ejército ruso fue acusado de crímenes de guerra.
Durante el juicio Yashin, uno de los pocos críticos destacados del Kremlin que permaneció en Rusia tras el inicio de la guerra de Ucrania, argumentó que su caso fue fabricado y “tiene todas las características de una persecución política ilegal”. Su castigo fue el más severo impuesto por las nuevas leyes represivas.
Tras ser condenado, dijo que la represión de los disidentes era una muestra de la debilidad del Kremlin: “Con esa sentencia histérica, las autoridades quieren asustarnos a todos, pero solo demuestran su debilidad. Solo los débiles quieren cerrar la boca a todos y erradicar cualquier disidencia”.
Yevgueni Roizman
Yevgueni Roizman, el único opositor que ha sido alcalde de una ciudad de más de un millón de habitantes, corre el riesgo de pasar varios años en prisión en un juicio que se abre la semana que viene.
El ex alcalde de Ekaterimburgo, de 60 años, fue detenido varias veces y luego liberado. Las autoridades lo acusan de “desacreditar” al ejército. Al igual que en el caso de Yashin, la investigación se abrió a raíz de un vídeo denunciando la ofensiva rusa en Ucrania publicado por el opositor en su canal de YouTube
Roizman, que ganó popularidad en el país cuando en 1999 creó una fundación para la lucha contra la drogadicción, se ha pronunciado en repetidas oportunidades contra la “operación militar especial”.
“La guerra con Ucrania es terrible, tonta, inútil, es la guerra más infame, vergonzosa e injusta en la historia de Rusia”, dijo en su momento. Más tarde declaró que “ni en el juicio final” se arrepentiría de estas palabras.
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