
Sábado de reserva, veda electoral. A partir de la medianoche del último viernes, los dos candidatos que pelean la presidencia de Francia detuvieron sus campañas para darle a los casi 49 millones de franceses, habilitados para votar, una jornada sin proselitismo ni promesas acerca del quinquenio que sobrevendrá. Entre cierta bronca y frustración, aquellos que se movilicen el domingo lo harán mayoritariamente entre dos aspirantes que desaprueban.
El 63% de los electores que votaron en la primera vuelta no eligieron ni por Emmanuel Macron ni por Marine Le Pen. Por eso, los que decidan hacerlo mañana lo harán auto percibiendo que los resultados no provocarán los cambios que desean. Muchos de ellos llegarán sólo para evitar que el país se desmorone.
Miedo que una victoria de la líder de ultraderecha, Marine Le Pen, en la segunda vuelta, provoque un giro hacia un modelo marcado por el ultranacionalismo, el aislamiento o la violencia hacia las minorías, vuelco que no resolvería las crisis económica, social, política, y geopolítica, que atraviesa el país y el proyecto europeo.
En este contexto, el centrista, Emmanuel Macron, consolida su lugar como favorito de este segundo “tour’ la frente a la líder de la Agrupación Nacional (RN). En el último sondeo diario OpinionWay-Kea Partners para el diario francés Les Echos, publicado este viernes, el presidente saliente vuelve a sumar 1 punto y ganaría con el 57% de los votos frente a su oponente de extrema derecha, con un 43%

Con estos números, la performance del actual inquilino del Palacio del Elíseo es la mejor desde finales de marzo, luego de que la brecha se redujera a un puntaje de 53% versus 47%, a favor del presidente saliente. Macron se quedaría asi con la ronda del domingo 24, aunque el horizonte político seria más hostil. El presidente reelegido se mantendría al frente de un país donde la ultraderecha acumula casi la mitad de los votos y, por tanto, será una nación aún más fragmentada. La situación dista de aquella en 2017 hace cinco años. El líder de La Republica en Marcha (LRN) obtenía el 66,10 % de los votos, frente al 33,9 % de Le Pen: una diferencia de 10 puntos porcentuales.
El otro desafío que se abre: cómo gobernar un país con un creciente número de franceses frustrados, huérfanos del sistema político. Según las proyecciones, la participación del domingo se estima entre el 71,5 % y el 75,5 %, una cifra media del 73,5 %, frente al 74,5 % de la segunda vuelta de 2017.
Además, podría ausentarse parte del electorado de izquierda. Los votos de los electores de Jean-Luc Mélenchon a favor del señor Macron se estiman en un 41 %, pero un 38 % de ellos se abstendría y un 21 % incluso votaría por Marine Le Pen. Entre los comunistas, serían un 43% a favor del presidente saliente, un 44% a la abstención y un 13% a votar por el candidato de extrema derecha. Por lo tanto, hay márgenes para la incertidumbre.
Otro riesgo es que el aspirante a renovar no movilice a su propia tropa. Presentado como ganador, con ciertas ventajas luego del duelo televisivo y los pronósticos de última hora, el temor es que parte de sus seguidores no vean la necesidad de concurrir. El ausentismo, el voto blanco o nulo, la desmotivación general, constituyen la principal incógnita de las elecciones del 24 de abril.
Cuando faltan menos de 24 horas para la apertura de los centros electorales, los franceses debaten o reflexionan sobre una elección, que aunque no los alienta, puede definir sobre dos proyectos de país contrapuestos. El domingo, determinará tanto la persona que presidirá Francia durante los próximos cinco años, el marco institucional para encarar los desafíos pendientes de una democracia en ebullición, pero además, entre dos personas que pueden mostrar dos caras totalmente opuestas de una misma Francia.
El voto de mañana, marcará los caminos para resolver desde las desigualdades, la caída del poder de compra, la salida a la crisis sanitaria, hasta la manera que el país responderá a una guerra en suelo europeo. Aunque escépticos, los franceses saben de las tormentas que se avecinan. Las crisis económica, social y geopolítica, además de una agenda climática, situaciones que enfrentarán y en cierto punto, los arrinconarán.
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