
El primer ministro de Rusia, Mijaíl Mishustin, reconoció este jueves que su país se enfrenta a su situación más difícil en tres décadas por las sanciones occidentales que castigaron la invasión a Ucrania, que comenzó el 24 de febrero y que se ha cobrado la vida de miles de civiles, muchos de ellos masacrados por las tropas rusas.
Los países occidentales están ampliando de forma progresiva una serie de medidas económicas impuestas para tratar de obligar a Rusia a poner fin a sus operaciones militares en Ucrania y retirar sus fuerzas.
Moscú califica sus acciones en Ucrania como una “operación especial” que, según dice, no está destinada a ocupar territorio, sino a destruir las capacidades militares de su vecino y capturar a los que considera como peligrosos nacionalistas.

”Sin duda, la situación actual podría calificarse como la más difícil en tres décadas para Rusia”, dijo Mishustin a la Duma, o Cámara baja del Parlamento. “Este tipo de sanciones no se utilizaron ni siquiera en los tiempos más oscuros de la Guerra Fría”.
Las sanciones occidentales ya han aislado a Rusia de la red financiera mundial y han dejado a varios de sus principales bancos sin acceso al sistema internacional de mensajería bancaria SWIFT, mientras que algunos comerciantes han empezado a rechazar cargamentos de petróleo ruso, intensificando la presión sobre las finanzas de Moscú.
Antes de las recientes sanciones, Rusia preveía un superávit presupuestario de 1,3 billones de rublos (17.000 millones de dólares) este año, equivalente al 1% del Producto Interno Bruto. El jueves, Mishustin dijo que Rusia gastará todo lo que gane este año en ayudas estatales.

El gobierno ha prometido hasta ahora más de 1 billón de rublos en ayudas anticrisis a las empresas, en pagos sociales y a las familias con hijos, de los cuales 250.000 millones se destinarán a ayudas estatales para los ferrocarriles rusos.
Rusia ha introducido controles de capital como represalia por las sanciones, lo que hace casi imposible que los inversores extranjeros vendan sus activos, tanto industriales como financieros, si deciden retirarse del país.
”Si tienen que irse, la producción debe seguir funcionando, ya que proporciona puestos de trabajo. Nuestros ciudadanos trabajan allí”, dijo Mishustin. El Kremlin sugirió que podría nacionalizar los activos de los inversores occidentales que decidan marcharse.

Como algunas de las empresas que se marchan están transfiriendo sus participaciones a empresas rusas, dijo Mishustin, la situación ofrece un margen para nuevas oportunidades de negocio.
”Nuestro sistema financiero, la savia de toda la economía, ha resistido”, dijo Mishustin. “El mercado de valores y el rublo se están estabilizando. Dudo que cualquier otro país hubiera resistido esto. Nosotros sí”.
(con información de Reuters)
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