
Vladimir Putin, en un discurso provocativo que podría interpretarse como un pretexto para la guerra, afirmó ayer que toda Ucrania pertenece a Rusia y reconoció formalmente la independencia de dos regiones separatistas en Ucrania que están controlados en gran medida por separatistas respaldados por Moscú. Su gobierno entonces ordenó el envío de tropas a esas regiones para llevar a cabo “funciones de mantenimiento de la paz”.
“Considero necesario tomar una decisión esperada desde hace tiempo: reconocer de inmediato la independencia y soberanía de la República Popular de Donetsk y de la República Popular de Lugansk”, dijo Putin en referencia a las dos zonas prorrusas de la región ucraniana de Donbás que desde 2014 libran una guerra contra el gobierno de Kiev que se ha cobrado un estimado de 14.000 vidas.
Pero el acto de reconocimiento es más relevante todavía, porque las fronteras reclamadas por los líderes respaldados por Rusia de las dos regiones separatistas se extienden más allá del territorio que ahora controlan y se extienden al espacio que está en manos del ejército ucraniano.
Putin reconoció a las autoproclamadas repúblicas, que reclaman el territorio que en el mapa figuran en gris, aunque los rebeldes apoyados por Rusia solo controlan una parte de ese territorio, demarcado por la línea naranja.
No está claro aún si las tropas rusas permanecerán, entonces, sólo en el territorio controlado por los separatistas o si buscarán capturar el resto de los dos enclaves ucranianos cuyo territorio reclaman.
Tampoco está claro si con esta declaración se da inicio a una invasión rusa a gran escala de Ucrania. Lo que sí se sabe es que los separatistas pueden haber invitado a las fuerzas rusas a entrar, pero ni Ucrania ni el resto del mundo ven a las autoproclamadas repúblicas como algo más que territorio ucraniano. A nivel internacional, el reconocimiento de Putin no es válido, porque estos territorios pertenecen a Ucrania.
Un decreto vagamente redactado firmado por Putin no decía si las tropas estaban en movimiento y presentaba la orden como un esfuerzo por “mantener la paz”. Pero pareció desvanecer las escasas esperanzas que quedaban de evitar un gran conflicto en Europa que podría causar un gran número de víctimas, escasez de energía en el continente y caos económico en todo el mundo.
En su discurso del lunes en la noche a la población rusa, Putin, a veces con un tono sombrío y otras enfadado, se mostró despectivo con la Ucrania actual señalando que su creación como estado soberano fue una tragedia y un accidente de los líderes comunistas en el siglo XX.
Actuando como si Ucrania nunca hubiese existido históricamente hasta la época soviética, Putin culpó unas veces a Vladimir Lenin y otras a Stalin, y en un momento dado criticó la decisión de Nikita Kruschev de sacarle la península de Crimea a Rusia en 1954 y entregársela a Ucrania.

Como en todas las narraciones históricas, en las palabras de Putin había elementos de verdad. Los ucranianos y los rusos son pueblos eslavos orientales emparentados cuyos destinos se han entrelazado y separado a lo largo de la historia. Pero el mandatario prefirió centrarse en el momento de máximo dominio de Rusia sobre Ucrania, olvidando de forma oportuna que es una nación independiente reconocida por tratados internacionales y explícitamente por Moscú desde hace 30 años. En su lugar, presentó a la Ucrania actual como un país corrupto y apenas funcional, un títere de Estados Unidos que amenaza la seguridad de Rusia y que, según su punto de vista, no tiene razón real para existir salvo si está unida a Rusia.
Es probable que reconocer la independencia de las regiones separatistas sea popular en Rusia, donde muchos comparten la visión del mundo de Putin. Los medios estatales rusos publicaron imágenes de personas en Donetsk lanzando fuegos artificiales, ondeando grandes banderas rusas y tocando el himno nacional de Rusia.
Mientras tanto, los ucranianos en Kiev se enfadaron con la medida.
“¿Por qué Rusia debería reconocer (las regiones controladas por los rebeldes)? Si los vecinos vienen a usted y le dicen: ‘Esta habitación será nuestra’, ¿le importaría su opinión o no? Es tu piso, y siempre será tu piso”, dijo Maria Levchyshchyna, una pintora de 48 años en la capital ucraniana. “Que reconozcan lo que quieran. Pero en mi opinión, también puede provocar una guerra, porque la gente normal luchará por su país”.
La medida allanó el camino para brindarles apoyo militar, enemistando a los líderes occidentales que lo consideran una violación del orden mundial, y desencadenó una lucha frenética por parte de EEUU y otros para responder.

La Casa Blanca indicó este martes que los despliegues de tropas rusas en el este de Ucrania son una “invasión”, una línea roja que el presidente Joe Biden había dicho que daría lugar a que Estados Unidos impusiera sanciones severas contra Moscú.
Varios líderes europeos afirmaron horas antes que las tropas rusas se han desplazado a las zonas controladas por los rebeldes en el este de Ucrania después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, reconociera su independencia, pero algunos apuntaron que aún no se trataba de la temida invasión propiamente dicha.
El gobierno estadounidense se resistió inicialmente a ponerle calificativos al despliegue de tropas porque la Casa Blanca quería ver qué iba a hacer Rusia realmente. Después de evaluar los movimientos de las tropas rusas, quedó claro que se trataba de una nueva invasión, explicó un funcionario bajo condición de anonimato.
También, Estados Unidos aplaudió la decisión de Alemania de bloquear la certificación del gasoducto Nord Stream 2.
(Con información de AP y EFE)
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