
A pesar del inicio de un año de celebraciones por el 75 aniversario de su independencia del Imperio Británico, la India y Pakistán continúan enfrentados por el control de Cachemira, el mayor foco de inestabilidad en la región.
La expulsión de los británicos impulsada por el movimiento de no violencia del mahatma Gandhi, desencadenó sin embargo con la partición del subcontinente indio un éxodo multitudinario de hindúes y musulmanes a los dos lados de la frontera que degeneró en ataques contra las minorías, dejando a su paso hasta un millón de muertos.
Esas tensiones entre los dos países persisten desde entonces en Cachemira, la única región india de mayoría musulmana con un fuerte movimiento independentista, y por la que la India y Pakistán han librado dos guerras y numerosos conflictos menores.
Casi 75 años después, y pese a la independencia, “Cachemira sigue siendo una mancha negra”, aseguró el analista político y conocido jurista Sheikh Showkat Hussain.

LA PAZ ESQUIVA
Pese a varios intentos por alcanzar un acuerdo para resolver las tensiones por Cachemira, sobre la que tanto Islamabad como Nueva Delhi reclaman un control total, la paz nunca ha logrado asentarse en la región.
El último período de crisis estalló el 5 de agosto de 2019, cuando Nueva Delhi despojó a la Cachemira india de su estatus de semiautonomía y confinó a sus 7 millones de habitantes durante meses, con duras restricciones al movimiento, para evitar protestas.
Pakistán calificó la medida como una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Cachemira, redujo las relaciones diplomáticas con la India, y suspendió todo el comercio.
”La paz entre la India y Pakistán está subordinada a Cachemira. La paz seguirá evadiendo a estos vecinos hasta que resuelvan el problema de Cachemira. Pueden tardar otros 75 años, pero hay que encontrar una solución al problema de Cachemira”, dijo Hussain.

El historiador indio Ramachandra Guha está también de acuerdo en que “Cachemira es una de las deficiencias fundacionales de la India”, incluso cuando opina que el país se ha mantenido firme en sus credenciales democráticas 75 años después de la independencia.
EL NACIONALISMO HINDU
La India también está viviendo un aumento del radicalismo hindú, un asunto que preocupa en esta democracia multicultural, con un deterioro de sus libertades que, critican algunos, comienza a asemejarse al extremismo islámico presente en Pakistán.
El autor y comentarista Gowher Geelani considera que el Gobierno nacionalista hindú del primer ministro, Narendra Modi, está usando “las herramientas de la democracia” para sofocar la disidencia, mientras los musulmanes, que representan el 14% de los 1.350 millones de habitantes del país, quedan marginados.
El Gobierno ha despojado políticamente a las sociedades marginadas, suspendido las libertades civiles, y amordazado a los medios de comunicación, convirtiendo el miedo en una de sus principales armas en Cachemira y el resto del país, aseguró.

”El régimen actual ve la pérdida de poder de los habitantes de Cachemira como una conquista hindú sobre la Cachemira musulmana”, subrayó.
A principios de este año, el grupo de expertos Freedom House degradó el estatus de la India a país “parcialmente libre”, debido a la supuesta represión de la disidencia y las restricciones a los medios de comunicación y a los activistas de la sociedad civil.
PROPAGANDA ANTI-INDIA
Aunque la idea del sentimiento antimusulmán es respaldado por numerosas organizaciones civiles, Praveen Rai, analista político del Centro para el Estudio de las Sociedades en Desarrollo, con sede en Nueva Delhi, niega esta afirmación.
”La narrativa política antimusulmana prospera en dos niveles. Uno es la intelectualidad musulmana mimada por el Gobierno anterior del Congreso (la formación de la dinastía Nehru-Gandhi). Están por todos lados, en medios e instituciones extranjeras”, dijo Rai.

Según su tesis, estos intelectuales musulmanes están promoviendo una narrativa anti-India de que el país es antiminorías y exagerando algunos “incidentes violentos antimusulmanes” que han ocurrido durante el Gobierno de Modi. ”(El número de) estos incidentes ha bajado. Los musulmanes no están siendo víctimas de este Gobierno. Las cosas están bastante tranquilas”, aseguró.
El analista se refirió también a la controvertida política del Gobierno nacionalista de Modi sobre Cachemira, que, sostuvo Rai, son medidas justificadas considerando el historial de violencia en la región.
”Cada Estado soberano tiene una forma de hacer las cosas. Pero lo que sea que haya sucedido en Cachemira y cómo se resolvió (su) problema estaba dentro del ámbito del Parlamento y la Constitución”, concluyó.
(con información de EFE)
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