
Las últimas horas de Noor Mukadam estuvieron marcadas por el terror. Golpeada repetidas veces, la mujer de 27 años saltó por una ventana, pero fue arrastrada de nuevo adentro, maltratada otra vez y finalmente decapitada. Un amigo de la infancia fue acusado de su asesinato.
El horrible episodio de la semana pasada en un barrio exclusivo de Islamabad se suma a una serie de ataques sufridos por mujeres en Pakistán, donde defensores de los derechos humanos dicen que la violencia de género va en aumento a medida que el extremismo religioso gana terreno.
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Mukadam era la hija de un diplomático y su condición de miembro de la elite del país ha enfocado la atención en la implacable violencia contra las mujeres en Pakistán, según la prominente activista Tahira Abdullah. La mayor parte de las víctimas de esta violencia, no obstante, son mujeres pobres o de clase media y sus muertes rara vez salen en los diarios. Cuando salen, tienden a ser ignoradas.
“Le podría dar una lista más larga que mi brazo, solo en una semana”, de ataques a mujeres, expresó Abdullah. “La epidemia de delitos y violencia sexual contra las mujeres de Pakistán es una epidemia silenciosa. Nadie la ve. Nadie habla de ella”.
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El Parlamento paquistaní no aprobó este mes un proyecto de ley que buscaba proteger a las mujeres de la violencia en sus casas, incluidas agresiones de los maridos. Decidió pedir al consejo de la ideología islámica que opinase sobre la propuesta. Al mismo consejo que previamente había dicho que los maridos podían pegarles a sus esposas.
Datos de las líneas telefónicas especiales de todo el país para atender llamadas reportando violencia doméstica revelan un aumento del 200% en esos casos entre enero y marzo de este año, de acuerdo con un informe de Human Rights Watch difundido este año. Las cifras siguieron subiendo después de marzo, cuando comenzaron los confinamientos por el COVID-19, según el informe.
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Muchas de las matanzas de mujeres en Pakistán son por cuestiones “de honor” y el autor es a menudo un hermano, un padre u otro pariente, hombre. Todos los años más de mil mujeres mueren por esta razón y muchas de esas muertes no son reportadas, según trabajadores de organizaciones de derechos humanos.

“Las autoridades no han ofrecido adecuada protección ni rendición de cuentas por los abusos contra las mujeres y niñas, incluidas las matanzas ‘por cuestiones de honor’ y los matrimonios forzados”, señala el informe de HRW.
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Las organizaciones de derechos humanos han criticado al primer ministro paquistaní Imran Khan y su gobierno, diciendo que le rinde pleitesía a la derecha religiosa y justifica las agresiones a las mujeres.
Ex astro del cricket, casado tres veces, Khan tuvo alguna vez fama de mujeriego, pero ahora adoptó una versión conservadora del Islam. Mantiene estrechos lazos con un individuo que atribuyó el COVID-19 a “los pecados de las mujeres”. En una ocasión pareció culpar a las mujeres por las agresiones de los hombres, diciendo que “si generas tentaciones en la sociedad... todos estos jóvenes no tienen adónde ir y esto tiene consecuencias en la sociedad”.
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Su ministro de Información, Fawad Chaudhry, dice que los comentarios de Khan fueron sacados de contexto y negó que la violencia contra las mujeres esté en aumento, aunque sin ofrecer pruebas. Aseguró que el gobierno alienta la participación de la mujer en la política y el deporte. “Yo creo que esta percepción de que en Pakistán las mujeres no están a salvo o de que hay misoginia no responde a la realidad”, dijo Chaudhry en una entrevista.
La semana pasada, no obstante, un miembro del gabinete, Ali Amin Gandapur, dijo durante un acto ante miles de partidarios, mayormente hombres, que “abofetearía” a una dirigente opositora.
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En septiembre del año pasado, un alto oficial de la policía culpó a una mujer que había sido violada por un grupo de hombres delante de sus dos hijos. Sostuvo que no debió haber salido de noche y sin un hombre.
Ese tipo de comentarios reflejan los valores de los ultraconservadores y de extremistas religiosos, según Amir Rana, del Instituto de Estudios de la Paz.
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En los últimos tiempos han proliferado las organizaciones religiosas y los partidos políticos religiosos, muchos de ellos con creencias extremistas, declaró Rana, cuya organización documenta el extremismo en Pakistán.
Agregó que estas organizaciones tienen mucha presencia en ciudades y pueblos, y pueden influir en los valores sociales.
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El ex dictador Ziu-ul-Haq, por otro lado, impuso durante su gobierno leyes islámicas que reducen los derechos de las mujeres a la herencia, limitan el valor de su testimonio en los tribunales y hacen que las denuncias de violaciones sean casi imposibles al requerir cuatro testigos varones.
La policía detuvo a Zahir Jaffar, hijo de un empresario rico, por el asesinato de Mukadam. Las primeras versiones indican que la mató porque rechazó su pedido de matrimonio.

La brutalidad de la agresión -el agresor utilizó una manopla de bronce- y el temor a que su elevado estatus social signifique que podría quedar en libertad, impulsó a muchos en Pakistán a denunciar. Han celebrado protestas y una vigilia con velas y han lanzado una campaña en las redes sociales #justicefornoor para evitar los intentos de utilizar influencias y dinero para sacar al acusado del país.
En una petición que circula por Internet, el autor exige que el sistema judicial del país “haga responsables a los autores de la violencia. Exigimos justicia. Exigimos rapidez. La exigimos para Noor. La exigimos para todas las mujeres”.
Zarqa Khan, una estudiante que asistió a una vigilia con velas por Mukadam, lamentó cómo la religión impregna ahora gran parte de la vida en Pakistán y cómo hoy teme caminar sola por las calles. “Ya no me siento segura en la calle”, dijo Khan. “Y ese no debería ser el escenario”.
(Con información de AP)
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