
Navidad de 1942, frente soviético. Un soldado italiano de nombre Vincenzo Fugalli escribe una carta con tono de despedida a su familia que nunca llegaría, hasta que casi 80 años después, la misiva fue encontrada por casualidad por una desconocida que se ha encargado de que acabe, por fin, en su destino.
La protagonista de esta historia se llama Olga Rosa Davini, hija de Tino Davini, combatiente en el frente argelino de la Segunda Guerra Mundial, y de Adele Turelli, de quienes adquirió el compromiso con la memoria histórica.
Tal es así que desde hace tres años, al perder a sus padres, se dedica a buscar información sobre los soldados italianos caídos en territorio ruso durante aquel conflicto.
A finales de febrero, mientras hojeaba uno de los libros de la biblioteca de su madre, encontró por casualidad una carta perdida, escrita en italiano y fechada el 24 de diciembre de 1942 en la Unión Soviética (URSS). En la firma, el nombre del joven Vincenzo Fugalli.

Davini consultó entonces una lista de soldados desaparecidos en suelo soviético hecha por sus padres y en ella encontró el nombre de Fugalli, nacido en 1919 en Barletta (Apulia, sur) y fallecido en la actual Rusia el 26 de enero de 1943, tras la batalla de Nicolajevka, parte de Stalingrado.
Olga Rosa enseguida se interesó por estos viejos folios y empezó a preguntar por aquel soldado en varios grupos de redes sociales en los que los usuarios buscan información sobre sus parientes muertos en la guerra, pero nadie parecía conocerlo.
Sin embargo, la casualidad estaba de su parte y una periodista le ofreció hacer su anuncio en la televisión local de Barletta para tratar de llegar a los familiares del militar.
El anuncio televisado consiguió su objetivo y entró en la casa de una Fugalli, Serena. La mujer estaba zapeando distraídamente cuando vio en la pantalla la imagen de su tío Vincenzo ataviado con el uniforme del 7º Regimiento Alpino de Belluno (norte).
Enseguida llamó a Davini, hablaron por las redes sociales y decidieron hacer la entrega de la carta en cuanto las restricciones por el coronavirus en Italia lo permitieran.
Así, cuando acabó el cierre regional a finales del pasado mayo, fijaron una fecha para encontrarse en Barletta, en un acto que fue “extremadamente conmovedor”: el broche de oro a una historia que Davini considera “de película”.
”Otra persona habría leído la carta y habría dicho ‘qué bonita’, la habría conservado y ahí habría acabado la historia. Pero Olga no: ella me buscó obstinadamente y me encontró. Ha hecho mucho más de lo que podía hacer”, agradece Fugalli.
No es la primera vez que el azar juega a favor del empeño de los Davini: Olga Rosa recuerda, aún con expresión de sorpresa, la vez en que su madre conoció en la sala de espera de un hospital a la viuda de Angelo Bogarelli, otro desaparecido de la URSS.
Era 1984 y, aunque el cuerpo del soldado estaba localizado, no pudieron devolverlo a Italia hasta 1992, meses después de la disolución de la URSS. Tras años de espera, el mismo día que el féretro llegó a Italia, la viuda de Bogarelli murió. “Les hicieron el funeral juntos”, narra Davini.
”La vida va adelante. Miles de cuerpos volvieron a Italia y se encuentran en el templo de Cargnacco en Udine (Friuli-Venecia Julia, norte), pero quedan todavía 90.000 allí”, explica, entre los cuales se encuentra el de Vincenzo Fugalli.

Esta carta, no obstante, “acerca” su recuerdo a su familia, que interpreta la misiva como un “testamento” y un “mensaje de paz en medio del silencio y el dolor”, casi 80 años después de ser escrita.
Toda la correspondencia anterior de Vincenzo era “afectuosa, pero muy breve”, por lo que los cuatro folios de esta hacen pensar a su sobrina que él sabía que ocurría “algo malo”.
”Manda un mensaje de calma, de tranquilidad, en el que asegura constantemente que está bien, a menos cuarenta grados y en medio de las minas. Es un testamento que deja a toda la familia”, sostiene.
Y añade que si tuviera que quedarse solo con una frase del texto sería una que le hace llorar cada vez que la lee: “Aquí te reconviertes en bueno”.
Tanto Fugalli como Davini confían en que este hallazgo sirva para “despertar una conciencia colectiva” en su país en lo que respecta a sus caídos en la Segunda Guerra Mundial sin recuperar.
”Yo no paro de recibir mensajes en redes sociales de personas que todavía me preguntan por su tío, por su abuelo, por su abuela que lloró hasta el final y no pudo despedirse de su hijo. En Italia hay todavía una herida abierta, aunque la guerra parezca muy lejana”, sentencia Davini.
(Con información de EFE)
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