
Alrededor de un millón de independentistas se manifestaron este martes en Barcelona con motivo de la Diada, la fiesta "nacional" catalana, en una demostración de fuerza y capacidad de movilización a un año del fallido intento de secesión de España.
En una coreografía ideada por los organizadores, la marea de gente quedó en silencio unos minutos y justo a las 17:14 horas (15:14 GMT) -en conmemoración de la toma de Barcelona en 1714 por las tropas borbónicas que suprimieron la autonomía de la región- estallaron en gritos de "Independencia".
En medio de banderas independentistas, la "ola" de ruido generada en ese momento "derribó" un muro, simbolizando los obstáculos superados hacia un Estado soberano.
La manifestación ocupó seis kilómetros de la avenida Diagonal.
La policía municipal de Barcelona indicó en Twitter que "alrededor de un millón de personas" participó, el mismo número que en la Diada de 2017, aunque inferior al pico de 1,8 millones de personas registrado el 11 de septiembre de 2014.
"Reclamamos nuestro derecho a ser una Nación, de manera democrática y pacífica", declaró a la AFP Roger Pujol, productor de aceite de oliva de 37 años, reclamando que "se haga efectiva la República" catalana.

Al grito de "libertad para los presos políticos", la manifestación pidió el fin del proceso judicial contra los líderes independentistas presos o fugados del país.
Trece dirigentes independentistas, entre ellos el ex presidente catalán Carles Puigdemont instalado en Bélgica, están acusados de rebelión por su papel en la fracasada declaración de independencia, un grave delito penado con hasta 25 años de cárcel.
"Yo siento vergüenza, no hay otra palabra. Estoy indignado, no puede haber presos políticos, tienen que salir ya", expresó Santi Noé, un agricultor de 54 años venido en un tractor verde con pancartas con las palabras "Democracia" y "Libertad Presos Políticos".

Divisiones
Los independentistas buscaban demostrar que conservan su fuerza a un año del referéndum de autodeterminación ilegal del 1 de octubre y la declaración de independencia del 27 de ese mes, que llevó a Madrid a intervenir la autonomía de Cataluña.
Desde 2012 los independentistas han usado la Diada para impulsar la separación de esta región de 7,5 millones de habitantes, divididos en partes casi iguales sobre la independencia. Un último sondeo en julio halló que un 46,7% quería la independencia frente a un 44,9% que se opone a la misma.
Los independentistas mantienen el control del Parlamento regional al haber ganado las pasadas elecciones de diciembre, aunque sin mayoría absoluta (47,5%).

La manifestación fue criticada como sectaria por los no independentistas.
"En un día como hoy, los catalanes deberíamos estar celebrando nuestra fiesta nacional y no solamente una apelación a una independencia que sólo es compartida por menos de la mitad de la población", dijo desde Estrasburgo el ministro español de Exteriores, el catalán y socialista Josep Borrell.
El mismo campo independentista muestra divisiones, entre los más moderados que apuestan por abandonar la vía unilateral y los radicales.
"Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que crea que puede imponer la independencia al 50 por ciento de los catalanes que no lo son, es evidente que está absolutamente equivocado", advirtió la semana pasada el diputado Joan Tardá, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), más pragmático frente a su socio en el gobierno catalán, Juntos por Cataluña, de Puigdemont.

Autonomía o autodeterminación
Tras un verano tenso por la proliferación de lazos amarillos en demanda de la liberación de los líderes presos, la Diada marcó el inicio de una serie de movilizaciones de los independentistas.
"Empezamos una marcha sin fin", afirmó este martes el presidente catalán, el independentista Quim Torra.
Torra exige a Madrid un referéndum de autodeterminación pactado, sin renunciar a "ninguna vía" para conseguir la independencia, aunque hasta ahora no ha esbozado una hoja de ruta para lograrlo.

Si regresa a la desobediencia, Madrid volvería a intervenir la autonomía regional, como ya hizo en octubre bajo el gobierno conservador de Mariano Rajoy.
Su sucesor, el socialista Pedro Sánchez, quien llegó al poder en junio gracias a una moción de censura parlamentaria apoyada por los independentistas catalanes, retomó un diálogo con Barcelona y ofreció un referéndum sobre la ampliación del autogobierno catalán, una posibilidad ya rechazada por Torra.
"Uno de los principales problemas de Cataluña es la convivencia, no la independencia. Hay que instar a abrir diálogo entre catalanes", tuiteó este martes Sánchez.

"Ningún diálogo es creíble si son mantenidos en prisión aquellos que deben dialogar", replicó el presidente del Parlamento catalán, el independentista Roger Torrent.
Diego Urdaneta para AFP
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