
Alguna vez los hombres más temidos en todo Irak, después de su padre Saddam Hussein, claro, los hermanos Uday y Qusay murieron en batalla contra las fuerzas de Estados Unidos el 22 de julio de 2003, hace exactamente 15 años.
Habían sido traicionados por un colaborador, que informó a los estadounidenses de su escondite en la ciudad de Mosul con la intención de cobrar los más de 15 millones de dólares de recompensa por cada uno de ellos que ofrecía en ese momento Washington.
Cuando las tropas de la Fuerza de Tareas 121, que los estaba buscando activamente, y soldados de la división aerotransportada 101 llegaron a la enorme mansión en la segunda ciudad más grande de Irak, recibieron una lluvia de balas de parte de los hermanos, el hijo de 14 años de Qusay y un guardaespaldas.

Tal fue la respuesta que los 200 soldados que rodeaban el edificio debieron ordenar un bombardeo aéreo con aviones A10 Thundebolt II y pedir cañones pesados para poder doblegar la resistencia.
Tras seis horas de combate, solo quedaban ruinas y los cuerpos calcinados de los dos hijos más importantes del dictador Saddam Hussein, quien sería capturado cinco meses después en Tikrit.
Uday Hussein, de 39 años y el mayor de los hijos de Saddam, era el comandante de la organización paramilitar Fedayeen Saddam, director del Comité Olímpico y alguna vez considerado sucesor de su padre, aunque progresivamente fue desplazado de este rol por su estilo de vida lleno de excesos y violencia desenfrenada. Era el "as de corazones" en el mazo de naipes con los más buscados por Estados Unidos al comienzo de la Invasión de Irak en marzo de 2003.

Qusay, su hermano menor de 36 años, era el comandante de la Guardia Republicana y director de la brutal inteligencia iraquí durante el dominio de Saddam. Frío, calculador y despiadado, se había convertido en el heredero del régimen y era el "as de tréboles".
Saddam y sus hijos estaban escondidos desde la caída de Bagdad en abril de 2003, pero el dato del informante develó que Uday y Qusay, siempre juntos, se habían refugiado en Siria durante la invasión y habían vuelto a Mosul, donde finalmente fueron encontrados.
Cuando la noticia se supo hubo celebraciones en todo Irak, especialmente en las comunidades chiitas y kurdas que habían sufrido lo peor de la represión del régimen sunita de los Hussein, que gobernó desde 1979 a 2003.

Especialmente Uday era famoso por sus excentricidades, su temperamento violento, sus tortura indiscriminada a los atletas iraquíes, sus borracheras y sus abusos sexuales a mujeres que simplemente veía en la calle y le gustaban.
También era famosa su fortuna acumulada gracias al control de los medios de comunicaciones iraquíes y otros negocios del gobierno de su padre.
Era tan temido y odiado que en 1996 intentaron asesinarlo. Recibió al menos siete disparos en el cuerpo por parte de atacantes no identificados mientras conducía por Al Mansour, y a raíz de sus heridas quedó impotente.

Pero apenas fue dado de alta protagonizó uno de los hechos más famosos de su locura violenta, como recuerda el periodista Anton Antonowicz, quien lo conoció durante una entrevista a su padre en 1982, en el periódico The Sun.
Uday quería celebrar haber sobrevivido al ataque y asistió al prestigioso club hípico Jadriyah. Allí quedó fascinado por una niña de 14 años, por lo que ordenó a sus guardaespaldas que la raptaran y llevaran a su casa.
La violaron por tres días y luego la dejaron en su casa junto a una bolsa de dinero.

Pero su padre, un ex gobernador, se quejó ante Saddam y habló en público de lo que Uday había hecho.
En consecuencia, el entonces heredero del régimen se presentó ante el hombre, le exigió que entregara una vez más a su hija y que esta vez incluyera también a su hermana de 12 años, o los mataría a todos. El ex gobernador aceptó.
Qusay cultivaba, en cambio, el bajo perfil. No se le conocían estos arranques homicidas ni otros excesos. Vestía de manera sobria e imitaba el estilo de su padre.

Pero, como éste, su brutalidad no requería de grandes actos. Era él quien dirigía el aparato represivo de Saddam, los servicios de inteligencia y la policía secreta.
En 1991 lideró las matanzas contra lo chiitas levantados en Saddam City y persiguió y torturó a los opositores al régimen hasta el derrocamiento de su padre, muchas veces involucrándose personalmente en el proceso.
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