
El sistema hospitalario en México está prestando atención insuficiente a personas de más de 60 años, debido al mayor número de jóvenes contagiados por SARS-CoV-2, pues la esperanza de vida de un adulto mayor enfermo de COVID-19 era de 52%, en promedio, ahora es de menos de 40%, alertó el doctor Roberto Gutiérrez Rodríguez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La letalidad ha aumentado de manera considerable en la población de 50 años y más: entre quienes tienen de 95 a 99 años, en 23.6 puntos porcentuales, y de 75 a 79, en 22.4 puntos, lo cual “contradice lo que se ha manifestado hasta ahora en círculos oficiales y evidencia que por una parte mueren menos adultos mayores debido a la pandemia, pero por otra la proporción de fallecidos respecto de la de infectados es más alta”.
De acuerdo con el jefe del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa, alrededor de 60% de las personas fallecidas por COVID-19 tiene 60 años o más y el promedio ponderado de edad se ha movido muy poco, de 63.6 años hasta el 4 de abril de 2021, a 62.9 años a partir de esta última fecha, además de que sorprende la mortalidad de infantes de entre cero (nonatos) y cuatro años –383 hasta el 13 de julio de 2021, un promedio de casi uno diario– y hasta el momento aparece en cero la estadística para el rango de cinco a 14 años de edad.
Estos resultados son parte del Informe de Seguimiento de la COVID-19-UAM-I, elaborado por el doctor Gutiérrez Rodríguez que compara las características de los mexicanos contagiados y fallecidos entre el 27 de febrero de 2020 y el 13 de julio de 2021, dividido en dos subperiodos: desde el inicio de la pandemia, hasta el 4 de abril de 2021, y desde esa fecha hasta el 13 de julio, en coincidencia con la gestación de una tercera ola.

El profesor de la Casa abierta al tiempo explicó que desde que comenzó la aplicación masiva de vacunas y aparecieron nuevas variantes del virus –en particular la B.1.1.59 mexicana, la Alfa y la Delta– las infecciones de menores a 40 años han aumentado de manera sensible.
La edad promedio de enfermos “se redujo de 33 a 28 años; si se hace un corte de cero a 39 años, se observa que hasta el 4 de abril de 2021 este rango concentraba 44% y de esa fecha al 13 de julio subió a 55 por ciento.
“La llamada inmunidad de rebaño es otro convencionalismo no necesariamente aplicable para este padecimiento; argumentar que 50% de la población ya se contagió y creó anticuerpos es demasiado optimista por parte de las autoridades de salud; debe considerarse que en otros países ya se está vacunando a jóvenes de menos de 18 años y que nuestros intentos por reabrir las escuelas siempre han estado acompañados de malas experiencias”.

El doctor Gutiérrez Rodríguez consideró que la política de distanciamiento social, uso de cubrebocas y asepsia personal se debe reforzar con el reconocimiento de que la tercera ola podría escalar a niveles peores en todo sentido, respecto de las dos anteriores.
En este escenario sería necesario hacer más pruebas; rastrear las cadenas de contagio; aplicar un presupuesto suficiente para mejorar las medidas de control de las instituciones públicas; deducir impuestos a las escuelas y centros de trabajo privados que cumplan con medidas sanitarias adecuadas, e implantar, así sea de manera temporal, un seguro de desempleo, no sólo para trabajadores formales, sino también informales.
También se requiere de un esfuerzo adicional de la sociedad, los gobiernos y las empresas, por lo menos hasta que termine de inocularse a todos, incluidos menores de 18 años y migrantes indocumentados, además de trazar un plan de vacunación periódica con la participación del sistema completo de salud –público y privado– lo que implica la creación de un mercado, cartillas creíbles y más recursos al sector, indicó.

El académico de la UAM agregó que las cifras de pacientes y fallecidos que da a conocer todos los días la Secretaría de Salud debieran ser objeto de una actualización sistemática y no sólo de ajustes ocasionales e insuficientes, pues el número de muertos reportados entra en contradicción con la información sobre exceso de mortalidad difundida en la propia página electrónica y los reportes oficiales.
Para ello cuenta con el apoyo de instituciones especializadas en estadísticas generales y de salud, como las que forman parte del Grupo Interinstitucional para la Estimación del Exceso de Mortalidad por Todas las Causas durante la Emergencia por COVID-19, entre ellas el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Registro Nacional de Población.
Las autoridades del ramo han reconocido que 70% del exceso de mortalidad a partir de enero de 2020 es atribuible al COVID-19, sin embargo ¿por qué dejar las series como están, con pequeños ajustes ocasionales y sin corregirlas, partiendo las de infecciones del 28 de febrero de 2020 y las de fallecimientos del 18 de marzo de 2020? Al aplicar este porcentaje de exceso de mortalidad se tendría un adicional de 168,000, es decir, el acumulado al cierre de julio de 2021 debería ajustarse de 240,000 a 408,000.

La Secretaría debería precisar qué vacunas recibieron quienes van dando o vuelven a dar positivo a COVID-19 y cuántos niños contraen el mal e incluso pierden la vida, con el fin de conocer la efectividad de los diferentes biológicos y la letalidad de las variantes del virus en menores, pero no negarse a adquirir nuevas dosis por su costo excesivo, pero sin una base estadística, sostuvo.
El doctor Gutiérrez Rodríguez manifestó que la situación obliga a reconocer que “nos movemos con un alto grado de incertidumbre” y se ha asumido que las vacunas protegen a la población de las variantes del SARS-CoV-2 con un periodo de inmunidad de seis a ocho meses
“Pronto comprobaremos si eso es correcto, aunque países como Israel ya están aplicando una tercera dosis de la Pfizer-BioNTech; las de una sola aplicación, Janssen y en particular CanSino, siguen generando inquietud y evidentemente requerirán un refuerzo; es cierto que todos los virus mutan, y que hasta ahora la ciencia médica ha resuelto eso con refuerzos a las vacunas de aplicación anual, como la de la influenza”.
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