
Cuatro organizaciones de conservación lanzaron el proyecto Jaguar Rivers o “Los ríos del Yaguareté“ para reconectar ecosistemas de la cuenca del río Paraná y proteger al yaguareté en un área más amplia que recorre.
Se trata de una red natural que atraviesa Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay y de la que dependen más de 100 millones de personas. La iniciativa propone proteger ríos, humedales y bosques ribereños como parte de una misma estrategia regional para la fauna y las comunidades humanas.
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La alianza reúne a Fundación Rewilding Argentina, de Argentina, Nativa, de Bolivia, Onçafari, de Brasil, y Fundación Moisés Bertoni, de Paraguay. Tompkins Conservation acompaña el proyecto. Las entidades buscarán coordinar su trabajo con gobiernos, comunidades locales, empresas y organizaciones civiles para recuperar la conectividad entre ambientes hoy fragmentados.

Sofía Heinonen, directora ejecutiva de Rewilding Argentina explicó a Infobae que el éxito que tuvieron con la introducción del yaguareté en Iberá marcó el camino de cómo los animales más jóvenes buscan nuevos territorios.
“En 2024 pescadores observaron a un animal nadando sobre el río Paraná y yendo a Paraguay. Eso nos llevó a trabajar con fundaciones y personas de Paraguay. En Formosa también hay movimientos de yaguaretés. En el río Bermejo de Salta, también se ven en el límite con Bolivia. Y en Parque Nacional Iguazú también hay dispersión de especies. Observamos que los animales jóvenes no se quedan en sus territorios y los expanden. Ahí nace la visión de proteger los ríos del yaguareté que conecta todos los hábitats del felino más grande de América”, precisó Heinonen.
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El yaguareté ocupa un lugar central en esa agenda. El felino necesita grandes extensiones de territorio, alimento y condiciones seguras para reproducirse.

Cuando los bosques se reducen y los ríos pierden sus márgenes naturales, las poblaciones quedan aisladas, los animales tienen menos opciones de desplazamiento y aumentan los encuentros con actividades humanas.
Jaguar Rivers parte de una idea simple: la conservación no puede quedar limitada a parques nacionales o reservas separadas entre sí. Las fronteras administrativas organizan la gestión pública, pero los ríos y la fauna recorren paisajes más amplios. Un yaguareté puede atravesar provincias y países en busca de presas, agua o una pareja, por lo que la protección requiere acuerdos que superen los límites de cada jurisdicción.
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La cuenca del Paraná ofrece esa escala. Sus ríos y afluentes conectan grandes humedales, zonas de bosque y áreas productivas. También sostienen la vida cotidiana de millones de personas, que usan el agua para consumo, riego, transporte, pesca y ganadería. Esa convivencia convierte a los cursos de agua en espacios ecológicos y sociales al mismo tiempo.

Heinonen afirmó que la presentación del proyecto ya tuvo lugar en Buenos Aires (en el Malba) y la tendrá en los otros países. En ellas, se anunciará la construcción de 4 estaciones biológicas con una flota de 4 barcos que buscarán estrategias de conservación con las comunidades a lo largo de 1200 kilómetros. Y también comentó que también trabajan con la recuperación de la nutria gigante, que se dispersa por los ríos, más que el yaguareté.
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El proyecto busca recuperar corredores de biodiversidad en una región bajo la presión de la presencia humana. La deforestación redujo superficies de monte nativo. Las represas modificaron los ritmos de crecida y bajante. La contaminación y la extracción de agua afectaron sectores ribereños. Las canalizaciones alteraron conexiones naturales entre lagunas, esteros y ríos.
Cada cambio puede limitar el movimiento de especies y debilitar la capacidad de recuperación de los ecosistemas.
Los ríos son las rutas naturales a proteger

Los impulsores de la iniciativa consideran que los ríos pueden funcionar como corredores ecológicos. En sus riberas persisten sectores de vegetación, alimento y refugio para mamíferos, aves, reptiles y peces. En el caso del yaguareté, esos ambientes ofrecen rutas que vinculan regiones con presencia actual o potencial de la especie.
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La primera meta planteada por las organizaciones consiste en reforzar la conexión entre el Pantanal, en Brasil y Bolivia, y los Esteros del Iberá, en Corrientes. El objetivo apunta a una red de conservación que vincule zonas clave para la fauna y reduzca el aislamiento de las poblaciones de animales silvestres.
“Decidimos juntarnos con pares que tuvieran redes, vínculos con gobiernos, con sociedad civil y con empresas. De esta forma, rápidamente podemos construir una visión común que es proteger los ríos”, indicó Heinonen, de Rewilding Argentina.

La alianza propone establecer áreas protegidas que define como “arcas”, sitios que resguarden especies y funcionen como puntos de conexión dentro de territorios más extensos. También prevé el desarrollo de paisajes integrados, donde las medidas de conservación convivan con actividades productivas y con las poblaciones que viven en las cercanías de los ríos.
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El concepto busca responder a un problema que afecta a la fauna de gran tamaño. Un parque puede proteger un núcleo de animales, pero no siempre alcanza para asegurar la permanencia de una población. Los individuos jóvenes suelen dispersarse cuando alcanzan la adultez. Si no encuentran zonas seguras fuera del área protegida, quedan expuestos a la caza, los atropellamientos, la falta de presas o los conflictos con productores.
“Sería algo como tener una flota común con presencia continua, fortalecer redes con los pobladores y poner el foco en el río. El río no se protege porque nadie le está poniendo atención”, detalla Heinonen. La propuesta incluye presencia territorial, intercambio de información y acciones de prevención en puntos donde pueden ocurrir conflictos.
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Los encuentros entre personas, ganado y fauna silvestre ocurren con frecuencia cerca del agua. Los productores llevan a sus animales a beber, las comunidades usan las riberas y los animales nativos buscan los mismos recursos. Para el yaguareté, esa cercanía puede derivar en ataques a ganado y, luego, en represalias contra el felino.
La caza fue durante décadas una de las principales causas de muerte de la especie en Argentina. La pérdida de bosque profundizó esa amenaza, porque redujo los espacios de circulación y acercó a los animales a zonas habitadas. Por eso, la protección de los ríos también exige trabajo con productores, medidas de prevención y respuestas rápidas ante eventuales ataques.
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Jaguar Rivers prevé nuevas tecnologías para conocer el estado de los cursos de agua. El monitoreo puede aportar datos sobre niveles, sedimentos y condiciones de las áreas ribereñas. Esa información permite identificar sectores degradados, definir prioridades y evaluar el efecto de las acciones de restauración.

“Perdimos esa relación con el río y es algo que nos une con una misma historia. Eso lo tenemos que reconectar”, advierte Heinonen. La iniciativa asocia la salud de los ríos con la conservación de especies emblemáticas, pero también con las condiciones de vida de las comunidades que dependen de esos ambientes.
La urgencia se observa en distintas regiones de la cuenca. En el Gran Chaco argentino, por ejemplo, quedan menos de 20 yaguaretés. La población enfrenta desmontes, caza ilegal y aislamiento. En el Parque Nacional El Impenetrable, en Chaco, un proyecto de recuperación incorporó hembras para reforzar un grupo que contaba con muy pocos ejemplares.
El río Bermejo conecta parte de esa región con Bolivia. El Paraná vincula Argentina y Paraguay. El Uruguay enlaza Argentina, Brasil y Uruguay. Esa red de cursos de agua explica el enfoque regional de Jaguar Rivers: la supervivencia de las especies no depende de una sola provincia ni de un único país.
Iberá llegó a 50 yaguaretés libres después de siete décadas sin la especie
El crecimiento de la población de yaguaretés en Corrientes muestra qué puede ocurrir cuando un ecosistema recupera condiciones adecuadas y sostiene un trabajo de largo plazo. La provincia registró 50 animales libres en los Esteros del Iberá, después de más de 70 años sin presencia silvestre de este felino.
La cifra se alcanzó tras el nacimiento de una cría de Porá, una hembra que integró la primera liberación del Proyecto Iberá. El cachorro nació en abril y todavía no tiene sexo identificado. El dato representa mucho más que un número redondo: confirma que los animales liberados ya forman familias y que la población registra nuevas generaciones nacidas en libertad.
Porá salió al humedal el 7 de enero de 2021 junto con su madre, Mariuá, y su hermana, Karaí. Las tres fueron los primeros yaguaretés liberados en Corrientes tras la desaparición local de la especie. Con el tiempo, Porá se independizó y fijó su territorio en Corrales Grandes, cerca del lugar donde nació.

“Porá es una hembra que fue liberada siendo una cachorra, de entre tres o cuatro meses, el 7 de enero de 2021. Fue liberada junto a su madre, Mariuá, y su hermana, Karaí; ellas tres fueron los primeros yaguaretés libres de todo el Proyecto Iberá tras setenta años de extinción en Corrientes”, cuenta Sebastián di Martino, director de Conservación en Rewilding Argentina.
El equipo de conservación sospechaba que la hembra tenía una nueva cría. La confirmación llegó cuando la vieron con el cachorro. “Es una yaguareté muy especial que creció, se independizó y se estableció en la misma zona donde nació, en Corrales Grandes. Tuvo varias camadas. En San Alonso sospechaban que había parido una vez más y, finalmente la vieron con un cachorro en la boca. Ese cachorro, del que aún no sabemos el sexo, es el yaguareté número cincuenta que registramos en estado silvestre en el Iberá”, destaca di Martino.
La primera observación ocurrió durante una jornada habitual del equipo. “Estábamos desarrollando actividades cotidianas y tuvimos la oportunidad de ver a Porá. Sola, muy cerca de nosotros, con muchísima calma. Percibimos que estaba buscando a su cachorro. Ya teníamos indicios de que había elegido esos sectores para parir y pudimos verla cargando a su cría”, relata Pablo Sánchez, asistente de Conservación del Proyecto Iberá en la Estación Biológica San Alonso.

La recuperación de Iberá comenzó en 2012, con la construcción del Centro de Reintroducción del Yaguareté en la isla San Alonso. El programa reunió al Gobierno de Corrientes, la Administración de Parques Nacionales, Rewilding Argentina, Tompkins Conservation y especialistas de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
El yaguareté es el mayor felino de América. Los machos pueden alcanzar 140 kilos y medir hasta 2,5 metros de largo. En Argentina, la especie ocupa apenas el 5 % de su distribución histórica. La destrucción del hábitat y la persecución humana explican gran parte de esa reducción.
El último censo disponible, realizado en 2022, ubicó la población argentina entre 250 y 300 individuos. Los 50 animales libres de Iberá representan cerca de una décima parte de ese total. Corrientes pasó de no tener ejemplares silvestres a reunir una de las poblaciones más importantes del país.
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