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“Las protectoras de las Yungas”: la comunidad guaraní apuesta por la conservación del bosque que alberga una de las mayores biodiversidades de la región

Las mujeres líderes de la comunidad ava-guaraní de Yariguarenda, Salta, tienen la firme convicción de que el camino hacia la conservación del bosque y las yungas no solo es útil para generar oportunidades económicas, sino también para no abandonar la identidad indígena. ¿Qué proyectos pusieron en marcha para que su futuro siga vinculado a la naturaleza?

Mientras el cambio climático altera bosques, agua y biodiversidad en el norte argentino, mujeres indígenas y rurales lideran respuestas económicas que combinan conservación, producción y saberes ancestrales
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Para las mujeres guaraníes de la comunidad de Yariguarenda, en el norte de Salta, la protección de las Yungas tiene el mismo sentido que proteger su propia vida. En ese territorio, entre ecosistemas conservados, habrá una fuente de vida asegurada para todos. Habrá futuro.

“No tenemos una vida plena si no tenemos el monte sano”, afirman las mujeres guaraníes de Yariguarenda. Ellas remarcan que “todo su entorno y su vida es circular, y transcurre también a través de esos ciclos”. La conservación de las Yungas puede generar oportunidades económicas mientras fortalece la identidad indígena y protege uno de los ecosistemas más biodiversos de la región de las Américas.

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¿Puede la conservación de las Yungas convertirse en una actividad económica? En Yariguarenda, la respuesta es “sí”.

La comunidad ava-guaraní de Yariguarenda está sobre la Ruta Nacional 34, a unos 13 km de Tartagal y cerca de la frontera con Bolivia. Tiene reconocimiento jurídico como comunidad indígena desde 2003 y reúne aproximadamente entre 50 y 60 familias. Además, tiene claros sus objetivos: biodiversidad y resiliencia territorial, con iniciativas de turismo rural comunitario, producción agroecológica y rescate cultural.

Naty Valdez, líder guaraní de Yariguarenda, Salta
Naty Valdez, líder guaraní de Yariguarenda, Salta

Mientras el cambio climático altera bosques, agua y biodiversidad en el norte argentino, este grupo de mujeres indígenas y rurales lidera respuestas económicas que combinan conservación, producción y saberes ancestrales.

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El hallazgo periodístico no es el daño ambiental —ya documentado—, sino que las protagonistas son mujeres que gestionan soluciones económicas frente a la crisis climática que amenaza directamente sus medios de vida.

Estas mujeres indígenas líderes encaran el desafío del cambio climático. La relación entre el ambiente y las comunidades indígenas es de hermandad. El monte da vida, y son las comunidades nativas quienes mejor lo saben y lideran acciones concretas.

Infobae y la periodista Daniela Blanco recibieron una beca internacional del Pulitzer Center, organización de referencia en apoyo al periodismo de investigación.

Limones orgánicos sembrados por mujeres guaraníes en Yariguarenda, Salta
Limones orgánicos sembrados por mujeres guaraníes en Yariguarenda, Salta

Estas narrativas en el Gran Chaco Americano forman parte del proyecto presentado al Pulitzer Center junto a Gabriela Oliván, líder y fundadora de Women’s International News Network (WINN), la red global que impulsa el liderazgo de mujeres periodistas y promueve un periodismo libre, innovador y sin sesgos.

Ecosistemas diversos

Las Yungas se escriben con mayúscula inicial porque funcionan como el nombre propio de una región natural o ecorregión. Esa mayúscula también ratifica su lugar clave en el impacto ambiental positivo para toda una región y la comunidad que la rodea.

En 2022, las Yungas fueron declaradas Reserva de Biosfera por la UNESCO. Abarcan más de 1,3 millones de hectáreas del Gran Chaco Americano y constituyen uno de los ecosistemas más biodiversos de Argentina y de la región de las Américas. Allí se concentra cerca del 50% de la biodiversidad del país.

Humita en Chala y cultivos orgánicos en la finca de Yariguarenda en Salta, recuperada por la comunidad guaraní
Humita en Chala y cultivos orgánicos en la finca de Yariguarenda en Salta, recuperada por la comunidad guaraní

Los guaraníes, y en especial las mujeres guaraníes de Yariguarenda, se reconocen como parte constitutiva de la cosmovisión de las comunidades indígenas, donde la resiliencia y la transformación frente a la crisis climática ponen en riesgo la supervivencia de estas comunidades. En ese contexto, reclaman soluciones urgentes ante el impacto del cambio climático.

¿Cómo enfrentan al clima en Yariguarenda?

Históricamente, Yariguarenda atravesó conflictos por la tierra, procesos de invisibilización cultural y desafíos económicos comunes a muchas comunidades indígenas del norte salteño.

En la actualidad, la consolidación de la cooperativa Yariguarenda desarrolló el ecoturismo rural comunitario en las Yungas como una economía basada en tres pilares: la conservación de las Yungas, la protección contra los incendios y la protección de la biodiversidad junto a la resiliencia territorial.

Natalia Valdéz, lideresa de la comunidad de Yariguarenda

Naty Valdez es una verdadera cuidadora de la Yunga. Los guaraníes saben y sienten cómo la cultura ancestral repara el bosque
Naty Valdez es una verdadera cuidadora de la Yunga. Los guaraníes saben y sienten cómo la cultura ancestral repara el bosque

Natalia Valdez es la figura pública más visible de la comunidad ava-guaraní en los últimos años. Impulsa el turismo rural comunitario en su tierra de Yariguarenda.

Una de las principales iniciativas que vuelve atractiva a Yariguarenda es la combinación de senderismo, interpretación ambiental, gastronomía tradicional, producción agroecológica y rescate cultural guaraní.

Al desarrollo económico local se suma la venta de frutas, verduras y plantas aromáticas, cultivadas y producidas por familias de la comunidad guaraní.

—Estamos en Yariguarenda, en tu casa, Nati, en las Yungas. Contame la historia que tiene que ver con el legado de tus ancestros: ¿cómo se gesta Yariguarenda hasta convertirse en lo que es hoy, un ícono del ecoturismo del Gran Chaco Americano?

—¡Bienvenida a la familia de Yariguarenda! En guaraní, yarigua significa sapo y renda es lugar. Estas tierras son de los yaris, de los sapos. Esta herencia que nos dejaron nuestros abuelos es especial.

Marta Godoy fue una gran lideresa y nos motivó a organizarnos en nuestra comunidad. Así, las mujeres nos establecimos para soñar y construir el futuro, para que todos tengamos oportunidades. Hoy desarrollamos el turismo rural comunitario.

—Formás parte de la comunidad ava-guaraní y sos una lideresa como tu abuela soñó. ¿Cómo se protege la Yunga para que personas que no conocen estos territorios se acerquen y entablen una relación con este lugar?

—Soy nieta de Mburbichá Modesto Valdez. Desde niños vivenciamos estos saberes. Somos del pueblo guaraní y tenemos respeto por el monte. Nuestros espacios son circulares desde toda nuestra experiencia, y tenemos espacios para desarrollar nuestro buen vivir.

Los guaraní no tenemos una vida plena si no tenemos cerca y sano al monte. Por eso cuidamos y protegemos el monte: es parte de la vida diaria y de una reciprocidad en armonía con la naturaleza.

Hemos relevado y monitoreado más de 160 especies de aves y de árboles nativos para cuidar nuestro entorno natural. Al registrar las aves, vemos especies de otros ambientes que se están adaptando a las zonas de Yungas, donde vivimos. Nosotros los protegeremos.

Todo lo que la comunidad guaraní en Yariguarenda sirve en sus mesas es producido de manera orgánica en sus tierras
Todo lo que la comunidad guaraní en Yariguarenda sirve en sus mesas es producido de manera orgánica en sus tierras

—Los seres humanos a veces somos impiadosos frente a la naturaleza, intervenimos y agredimos al ambiente. ¿Cuáles son los desafíos de conservación del monte que hoy observás desde tu comunidad?

—Es cierto, sentimos mucha impotencia ante tantos avances dañinos contra el monte y la naturaleza, como la deforestación continua. Los incendios también nos afectan mucho. Hemos perdido muchos árboles nativos y eso representa un gran desafío para nosotros como comunidad.

El turismo comunitario es una herramienta de conservación, de reparación en muchos casos y de sensibilización para la población. Queremos seguir cuidando y protegiendo para las futuras generaciones.

—¿Cuál es el legado de futuro para la comunidad de Yariguarenda?

—Nos hemos puesto al hombro la comunidad para seguir sensibilizando y cuidando. Quiero que mis hijas tengan las mismas vivencias de mi infancia, que puedan caminar el monte y reconocer semillas.

Como decimos los guaraní: todo nuestro entorno y toda nuestra vida es circular, y avanzamos a través de esos ciclos.

Naty Valdés, líder guaraní de Yariguarenda, y Daniela Blanco, directora editorial de Infobae, durante un recorrido por las Yungas de Yariguarenda
Naty Valdés, líder guaraní de Yariguarenda, y Daniela Blanco, directora editorial de Infobae, durante un recorrido por las Yungas de Yariguarenda

“No somos dueños de la tierra: somos parte”

Valdez contó que la comunidad guaraní se organiza para recibir en sus casas a los visitantes que buscan compartir experiencias y conocer el territorio desde adentro.

Natalia explicó que esa forma de vivir y habitar el lugar también afirma que Yariguarenda sigue en pie y que el futuro que imaginan se construye desde su identidad.

Planteó que el objetivo es formar parte de una sociedad que no excluya a los pueblos originarios y que reconozca sus valores, en una vida vinculada a la naturaleza.

“A los que nos visitan, nosotros les decimos ¡ñandereko!, que es nuestra forma de decir: acá estamos”. Valdez vinculó esa visión con una relación de respeto hacia el monte y el territorio, que no se define en términos de propiedad, sino de pertenencia.

Las 100 mejores fotos mujeres indigenas - Gale
Delicias orgánicas y hechas por las manos de las mujeres guaraníes en el bosque conservado de Yariguarenda

—¿Hay especies en peligro de extinción en las Yungas que rodean a la comunidad guaraní?

—Cuidamos a nuestro árbol nativo y de gran tamaño que habita el bosque: el cedro. Las semillas de cedro son importantes para nosotros. Los guacamayos verdes también están en peligro de extinción y hay una población muy pequeña en la comunidad. Sabemos que estos guacamayos viven en las zonas bajas y se alimentan de los cedros.

—Hay más de 200 aves que habitan en la comunidad. ¿Existen aves migratorias que tienen que adaptarse porque vienen de otros espacios, tal vez expulsadas por la deforestación?

—En la zona chaqueña de las Yungas, hoy se deforesta mucho para el cultivo de soja, entre otros. Por eso, la charata ha ido adaptándose. También hay animales nativos como el acutí, los chanchos del monte y los monitos, que se pueden avistar al recorrer los senderos de Yariguarenda, además de las liebres.

La comunidad guaraní de Yariguarenda vive del ecoturismo en su propio territorio conservado. El cuidado de la biodiversidad nativa es clave. Miel y cultivos orgánicos, el oro del lugar
La comunidad guaraní de Yariguarenda vive del ecoturismo en su propio territorio conservado. El cuidado de la biodiversidad nativa es clave. Miel y cultivos orgánicos, el oro del lugar

—¿Cómo es la filosofía del ecoturismo en Yariguarenda?

—Hay que contarle a la gente que el ecoturismo en Yariguarenda nos permite reparar, para que quienes no conocen este territorio puedan explorarlo, conocerlo y enamorarse.

Con el ecoturismo y las actividades junto a los visitantes, buscamos que se adentren en nuestra selva y vivan una experiencia en los senderos, una interpretación que es cultural y ancestral, basada en los saberes heredados de nuestros abuelos.

Entre esos conocimientos están los árboles medicinales, que forman parte de nuestra vida. También los cantos de los pájaros, ya que cada canto tiene su significado. Por ejemplo, el ave que anuncia las lluvias.

Infografía que muestra un mapa de Argentina dividido por ecorregiones, gráficos de porcentajes y textos con datos sobre cambios de suelo y bosques.
MAPBiomas es una red global y multiinstitucional, formada por universidades, ONG y empresas tecnológicas, que monitorea los cambios en la cobertura y el uso del suelo en los territorios y sus impactos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mirando el Gran Chaco Americano

El Gran Chaco Americano es el segundo bioma y la mayor masa boscosa de Sudamérica después de la Amazonía. Abarca más de 1 millón de km², compartidos entre Argentina (53%), Paraguay (25%), Bolivia (14%) y una pequeña porción de Brasil. Es una vasta ecorregión de bosques secos, sabanas y humedales, con alta vulnerabilidad ambiental por el cambio de uso del suelo.

Se destaca por su biodiversidad y por el potencial de sus comunidades para liderar un modelo de desarrollo sostenible basado en sus saberes y cultura, con innovación aplicada a la producción local y a la preservación del ambiente.

También es el principal bosque subtropical del mundo y una de las ecorregiones más extensas y diversas del continente. En ese contexto, el territorio se proyecta como un espacio clave para impulsar el desarrollo sostenible, proteger el ambiente y fortalecer a las comunidades que lo habitan.

Un territorio desigual

(De izq a der.) Nadia Bosch, consultora de Comunicación de la Fundación Pronorte y Redes Chaco. Liliana Paniagua, secretaria ejecutiva de Redes Chaco junto a Infobae. Paniagua y Bosch fueron pilares fundamentales de la interconexión con las ONG´S y expertos ambientales para que Infobae pudiera documentar de manera idónea datos y conversaciones en el territorio con las comunidades indígenas en el Gran Chaco americano
(De izq a der.) Nadia Bosch, consultora de Comunicación de la Fundación Pronorte y Redes Chaco. Liliana Paniagua, secretaria ejecutiva de Redes Chaco junto a Infobae. Paniagua y Bosch fueron pilares fundamentales de la interconexión con las ONG´S y expertos ambientales para que Infobae pudiera documentar de manera idónea datos y conversaciones en el territorio con las comunidades indígenas en el Gran Chaco americano

En diálogo con Infobae, Liliana Paniagua, secretaria ejecutiva de Redes Chaco, planteó: “Defendemos una lógica de producir conservando y conservar produciendo. No creemos que la producción y el cuidado ambiental sean conceptos opuestos”.

Paniagua destacó la importancia de visibilizar el Gran Chaco Americano: “Es el bosque seco más importante del planeta”. Señaló que el territorio enfrenta un deterioro ambiental acelerado por la expansión agrícola y ganadera, los incendios forestales y la explotación intensiva de recursos naturales.

Paniagua advirtió que las mujeres indígenas “siempre están en desventaja, tanto en acceso a oportunidades como en acceso a derechos”. En muchas comunidades persisten problemas graves relacionados con la salud, la educación, la documentación de identidad o la representación política. “Hay quienes ni siquiera tienen identidad legal y muchos menores siguen muriendo por malnutrición”, lamentó.

Infografía con datos de urbanización en Argentina que incluye un gráfico de barras de crecimiento en diez ciudades y dos mapas con áreas urbanizadas por región.
El área urbanizada en Argentina creció 356.799 hectáreas entre 1985 y 2024, según datos de MAPBIOMAS, con el AMBA como la ciudad de mayor expansión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

También mencionó que el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur surge como una oportunidad económica para pequeños productores del territorio. “En Argentina, algunos agricultores con los que trabajamos podrían incrementar su producción entre un 17% y un 20%”.

“Es un reconocimiento al trabajo colectivo de muchísimas personas que llevan años construyendo alternativas desde el territorio”, indicó Paniagua.

Tras casi dos décadas de trabajo, Redes Chaco mantiene la idea con la que nació en 2008: demostrar que la salida a las crisis ambientales y sociales vinculadas a los territorios indígenas no se puede construir en soledad. “La respuesta siempre tiene que ser colectiva”, concluyó.

“La apicultura es un arte”

Rodrigo, guaraní y apicultor en Yariguarenda. Las abejas son esenciales para mantener la biodiversidad del bosque
Rodrigo, guaraní y apicultor en Yariguarenda. Las abejas son esenciales para mantener la biodiversidad del bosque

En diálogo con Infobae, Rodrigo Valdez —primo de Naty y apicultor guaraní— contó que la comunidad de Yariguarenda impulsa desde hace tres años un proyecto de apicultura que recupera prácticas ancestrales y suma técnicas actuales. Según explicó Rodrigo, el trabajo cotidiano lo sostienen las mujeres de la comunidad.

—Contanos cómo es el proceso del proyecto de apicultura que tienen en Yariguarenda, porque son abejas que viven y vienen del monte.

—Somos una comunidad guaraní. Ancestralmente trabajamos con la extracción de miel de los palos. Hoy estamos desarrollando un proyecto que iniciamos hace tres años y lo lideran las mujeres de la comunidad.

Valdez explicó que la miel que producen es natural y orgánica, y se caracteriza por ser multifloral: las abejas recolectan néctar de distintas floraciones del bosque. Mencionó cítricos y plantas frutales, y señaló que la temporada alta coincide con la floración de mango y palta, lo que impacta en el sabor del producto.

—¿Por qué es tan particular la miel de Yariguarenda?

—Es una miel de abeja natural y producida orgánicamente, hecha por las propias abejas. Nosotros solo participamos en el proceso de convivencia humano-animal.

En Yariguarenda, cerca de Tartagal, trabaja la comunidad guaraní en la conservación de las Yungas, la protección contra incendios, y el cuidado de biodiversidad. Mujeres guaraníes atravesadas por la resiliencia y el cuidado de su territorio
En Yariguarenda, cerca de Tartagal, trabaja la comunidad guaraní en la conservación de las Yungas, la protección contra incendios, y el cuidado de biodiversidad. Mujeres guaraníes atravesadas por la resiliencia y el cuidado de su territorio

La miel de Yariguarenda se distingue por ser multifloral: las abejas recolectan el néctar, única materia prima para elaborar la miel. Rodrigo describió el trabajo técnico y el cuidado que requiere la apicultura. “En invierno alimentamos a las abejas cuando falta floración: les damos una especie de jarabe (azúcar y agua). Con eso no hacen miel; es solo un incentivo para que sobrevivan. La cámara de cría les brinda facilidades; yo la llamo ‘su casa’”.

En el proyecto producen una miel llamada Yateiresa que, según explicó, en dialecto guaraní significa “ojo de abeja” o “abeja reina”. Para Valdéz, el objetivo es sostener un producto orgánico, ligado al monte y a una lógica comunitaria, manteniendo la dimensión cultural del trabajo.

Las Yungas como reservorio de biodiversidad

Para el biólogo Alejandro Brown, presidente de la Fundación ambientalista ProYungas, el Gran Chaco Americano es “un ecosistema vital para el desarrollo sostenible”. ProYungas, fundada por Brown hace 25 años, promueve la convivencia armónica entre zonas silvestres y paisajes productivos.

En su libro “Argentina sustentable. El Norte grande”, Brown afirma que la región dispone de capacidades de innovación social, productiva, tecnológica e institucional. Resalta la importancia de actuar desde una potencia colectiva y fomentar la colaboración intersectorial y transfronteriza, acciones que pueden sentar las bases de una nueva geopolítica colaborativa.

En ese marco, Brown también destaca la construcción colectiva de los territorios: incorporar activamente al tejido social y organizacional en la toma de decisiones y responder al avance de la individualidad. Brown defiende la articulación entre conservación y actividad productiva. “La producción necesita de la naturaleza, pero la naturaleza también necesita de la producción”, afirmó a Infobae.

Tapa del libro "Argentina Sustentable: El Norte Grande"
Tapa del libro "Argentina Sustentable: El Norte Grande"

En esa línea, señaló que en el país hay más naturaleza resguardada en manos del sector productivo que en todo el sistema de Parques Nacionales y áreas protegidas provinciales.

En Argentina, indicó que las Yungas abarcan tres millones de hectáreas. Junto con la selva misionera, representan solo el 2% del territorio nacional, pero concentran el 50% de la biodiversidad del país.

En parte de este “pulmón verde” se concentran grandes empresas agroindustriales, cuyos bosques quedan al margen de los sistemas de protección oficiales, aunque sí bajo el paraguas de la Ley Nacional de Bosques Nativos (Ley 26.331).

Una beca internacional que reconoce el periodismo de investigación

Cada uno de los cuatro reportajes —estrenados el 13 de julio y publicados durante cuatro lunes consecutivos— profundiza en historias de mujeres de comunidades indígenas y el impacto de un clima que cambia, a partir de un trabajo en el territorio del Gran Chaco Americano, una región estratégica para la biodiversidad de Sudamérica y especialmente expuesta a los efectos del cambio climático.

Como se detalla en la primera nota de la serie, las siguientes organizaciones de la sociedad civil fueron determinantes para la investigación de Infobae en el territorio: Redes Chaco e Impacto Verde (que articula a seis organizaciones: Fundación Pronorte, Pata Pila, ACDI Argentina, Fundación ProYungas, Fundación Gran Chaco y Avina).

Sobre el Pulitzer Center

Fundado en 2006 en Washington D.C., el Pulitzer Center es una organización sin fines de lucro que apoya el periodismo de calidad sobre desafíos globales mediante becas, alianzas con medios y programas educativos. Su foco está en investigaciones y coberturas de profundidad sobre cambio climático, salud, derechos humanos, migraciones, democracia, economía y desarrollo sostenible. Cada año selecciona proyectos de distintos países a través de convocatorias competitivas. Sus becas han respaldado trabajos publicados en medios de referencia y han visibilizado historias que suelen quedar fuera de la agenda informativa tradicional.

*Fotos y realización en el territorio: Matías Arbotto

*Director de los episodios audiovisuales: Alejo García Sosa y equipo Media Lab Infobae

*Este artículo fue producido gracias al apoyo de Pulitzer Center

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