
Las primeras inundaciones en el Sahara en medio siglo, causadas por lluvias excepcionales en el sureste de Marruecos y una de las zonas más secas del planeta, captó la atención de expertos y meteorólogos internacionales. Durante dos días, el sureste del país registró más precipitaciones de las que caen en un año entero, según la agencia meteorológica de Marruecos. En una región caracterizada por su extrema aridez, hace que eventos como este sean extraordinarios.
El pueblo de Tagounite, un pueblo situado a unos 450 kilómetros al sur de la capital de Rabat, recibió más de 100 mm de lluvia en solo 24 horas en septiembre, una situación nunca antes vista en las últimas décadas. Houssine Youabeb, funcionario de la agencia, declaró a Associated Press que “hacía entre 30 y 50 años que no teníamos tanta lluvia en tan poco tiempo” y remarcó lo inusual de este fenómeno.
Las imágenes satelitales de la NASA confirmaron que el lago Iriqui, seco durante 50 años, comenzó a llenarse nuevamente como resultado de estas intensas precipitaciones.

El impacto de las lluvias no se limitó a la formación de lagos y embalses llenos a un ritmo récord, sino que también provocó la muerte de 18 personas y afectó a las regiones que aún se recuperaban del terremoto de 2023 en Marruecos. Las tormentas extratropicales, como se denomina este tipo de fenómenos, modificaron el paisaje del Sahara en el corto plazo, y también podrían modificar las condiciones climáticas de la región en los próximos meses e incluso años.
“Como resultado del aumento de las temperaturas, el ciclo hidrológico se ha acelerado. También se ha vuelto más errático e impredecible, y nos enfrentamos a problemas cada vez mayores de exceso o de escasez de agua”, afirmó la científica argentina Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial.
Con sus 9,4 millones de kilómetros cuadrados, el Sahara es el desierto cálido más extenso del planeta, que abarca una vasta franja que cruza el norte, centro y oeste de África. La sequía constante ha afectado a muchos de los países que lo comparten, mientras que el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, vinculado al calentamiento global, hizo que los científicos anticipen la posibilidad de que tormentas inusuales se repitan en el futuro.
Más amenazas para el Sahara

En la ciudad costera de Derna, en Libia, las inundaciones de septiembre de 2023 se cobraron la vida de más de 11.300 personas, en lo que Yale Climate Connections describió como la “inundación más mortal de África en un siglo”. La tormenta Daniel, también conocida como “Medicane Daniel”, golpeó la costa oriental de Libia y provocó una de las inundaciones más devastadoras registradas en el continente africano en los últimos 100 años en África.
En esta línea, un equipo internacional de investigadores, en un artículo publicado en Nature Communications, explicaron que la tormenta se debió a una combinación de precipitaciones inusualmente intensas, el colapso de dos presas de control de inundaciones y la falla de la infraestructura local para manejar la situación.
La carga de sedimentos arrastrados por el agua erosionada aumentó la densidad del flujo, lo que intensificó el impacto destructivo de las inundaciones en las ciudades costeras de Derna y Susah. Allí, hasta el 66% de las superficies urbanas en Derna y el 48% en Susah resultaron gravemente dañadas.

Essam Heggy, científico investigador del Centro Viterbi de Investigación y Exploración de Áridos y Aguas (AWARE) de la Universidad de Southern California (USC), y coautor del estudio, explicó que la combinación de erosión, sedimentos y represas envejecidas contribuyó al fracaso de la infraestructura hidráulica, lo que agravó los efectos devastadores de las lluvias en Derna.
Los autores del trabajo también advirtieron sobre la vulnerabilidad alarmante de las zonas áridas ante la creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, impulsados por el cambio climático. Es que durante la última década, el desierto del Sahara, que abarca una extensión mayor que los Estados Unidos continentales, experimentó una peligrosa combinación de condiciones cada vez más áridas interrumpidas por intensas tormentas costeras.
La desertificación ha intensificado las sequías, mientras que las tormentas de lluvia han aumentado en frecuencia debido al calentamiento del agua del mar en el Mediterráneo oriental. Además, los científicos enfatizaron la necesidad urgente de implementar programas avanzados de observación en las cuencas hidrográficas en áreas desérticas mediante el uso de satélites de radar avanzados.
Heggy, además subrayó que hay que “mejorar el monitoreo de las cuencas hidrográficas áridas utilizando satélites de radar avanzados será crucial para mitigar estos riesgos devastadores en varias partes del Sahara, la Península Arábiga y otros desiertos”.
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