Rafael Nadal atraviesa su peor campaña en polvo de ladrillo desde 2004, cuando era un jovencito de 17 años que recién asomaba en el circuito. A partir de la temporada siguiente, el manacorí se metió de lleno bien arriba y se hizo fuerte en la gira europea de canchas lentas, ganando los torneos de Montecarlo, Barcelona, Roma y su primer Roland Garros. Todos estos triunfos sobre una misma superficie, el polvo de ladrillo en el cual hoy parece estar empantanado.
¿La lesión en su rodilla derecha es la causa? ¿Será que su nivel de tenis actual no le permite esos triunfos o es el primer afectado por el recambio generacional? Tal vez haya que buscar la respuesta en el cóctel servido en esta temporada, lesión-edad-nivel.
Lo cierto es que, a poco de contraer matrimonio con su novia de toda la vida, Rafa no ha conquistado ningún título en esta temporada, de hecho, su última victoria fue en agosto del año pasado, cuando se alzó con el Masters1000 de Canadá, sobre superficie dura.
Si bien es cierto que para cualquier jugador los resultados que obtuvo el mallorquín serían dignos de una temporada brillante, siendo Nadal y lo que representa, lo único que genera son dudas. Y no sólo sobre lo que pueda conseguir en adelante, sino en cuánto más pueda extender su carrera.
Con seis torneos en lo que va de 2019, Rafa alcanzó una sola final (Australian Open), en su primer torneo del año. Pero luego de su fallida presentación en Acapulco, las semifinales fueron su límite en Indian Wells, Montecarlo, Barcelona y Madrid. Pero la diferencia de edad no parece ser la limitante, ya que ha tenido más victorias que derrotas frente a los jóvenes que empiezan a querer forzar el recambio.
La diferencia de edad no parece ser la limitante, ya que ha tenido más victorias que derrotas frente a los jóvenes que empiezan a querer forzar el recambio
En cuanto a la pregunta de si Nadal podrá ganar Roland Garros, lo primero que hay que decir es que todavía falta jugar Roma, pero las estadísticas no le juegan a favor. Sus peores temporadas, por llamarlas de alguna manera ante la comparación de sus mejores años, fueron 2015 y 2016, aunque en ambos consiguió algún título. 2015 lo vio salir con las manos vacías de la gira europea sobre polvo de ladrillo, un escenario impensado, parado sobre los 10 años anteriores. Ahora, 2019, le muestra un camino similar. Son otros los nombres que lo acechan, son otras las edades, pero las lesiones siguen siendo las mismas.
Hace cuatro temporadas, el porcentaje de puntos obtenidos por Nadal, cuando culminó el la Gira Europea fue del 28,09%, pero para esta altura (con 3 torneos jugados) había sido de 40,80%. Comparado, el de este año es bastante menor: 36%.
Desde esta perspectiva pensar en que el mallorquín pueda obtener el título N°12 en Roland Garros se hace difícil, aunque tiene un par de cosas a favor: sostener el nivel por 5 sets y la experiencia.
Si bien Nadal no perderá el segundo lugar del ranking, sea cual fuere el resultado que alcance en Roma, una mala performance en Roland Garros lo dejaría en el Top Ten, pero podría mandarlo en el límite del Top Five, ya que defiende los dos títulos, 3.000 puntos.
El juego de Nadal es desgastante para su rival, y también para él, pero ya ha dado muestras de que tiene resto y de que, cuando se propone algo, trabaja hasta conseguirlo.
Su reino está en peligro y en juego. Ya pudo regresar y reconquistarlo en una ocasión. La pregunta, ahora, es si le quedarán ganas y físico para intentar sostener los muros de fortaleza en París.