
El escritor y ensayista español Arturo Pérez Reverte es conocido por su lenguaje descarnado y su incorrección política. Pero pocas veces su columna semanal "Patente de corso", que publica el diario ABC de Madrid, causó tanto revuelo en las redes sociales.
En la edición de esta semana, el autor de Territorio Comanche, La reina del Sur y la saga Las aventuras del Capitán Alatriste cuenta de una cena que compartió junto a otros amigos escritores y periodistas en el restaurante Casa Lucio de la capital española al que llegó también la actriz Cristina Hendricks. "La pelirroja de Mad Men, ya saben. La de las tetas grandes", acota Pérez Reverte. Quien enseguida añade: "Además de anatómica, ésta es una definición sexista, claro. Pero cuando uno escribe debe buscar, ante todo, la brevedad y la eficacia. Y reconozcan que la definición es breve y eficaz a tope: pelirroja de tetas grandes. Ahora todos –y todas– saben a quién me refiero".
El texto sigue narrando los pensamientos y comentarios machistas de ese grupo de amigos que sueña con acercarse y hasta tener una aventura con la actriz que está sentada con su esposo en una mesa cercana. La noche no termina de buena manera para Pérez Reverte y sus amigos, pero el texto generó gran indignación entre muchas mujeres que se sintieron ofendidas por el lenguaje del laureado escritor y miembro de la Real Academia Española.
Aquí, la columna de la polémica:
Cristina Hendricks y nosotros
No se atreven. Mucha chulería de boquilla, pero no se mojan. El plan era que cada cual contaría su versión de los hechos para luego compararlas entre sí. Será divertido, decíamos. Pero me han salido unos mantequitas blandas. Barruntan que los llamarán machistas, chulitos de barra o algo así. Son jóvenes, y aún están en esa edad en la que uno se cuida con las redes sociales. El caso es que no cumplen. Así que, tras esperar un tiempo dándoles la oportunidad de teclear lo ocurrido, me tiro al ruedo y lo cuento yo. Lo de aquella noche, en Casa Lucio, con Cristina Hendricks. La pelirroja de Mad Men, ya saben. La de las tetas grandes. Además de anatómica, ésta es una definición sexista, claro. Pero cuando uno escribe debe buscar, ante todo, la brevedad y la eficacia. Y reconozcan que la definición es breve y eficaz a tope: pelirroja de tetas grandes. Ahora todos –y todas– saben a quién me refiero.
Estábamos cenando, los compadres habituales: Antonio Lucas, Manuel Jabois, Edu Galán y David Gistau. En realidad Gistau no estaba esa noche, pero da lo mismo. A efectos de la narración, estaba. Me lo invento y no pasa nada. También se sentaba a la mesa –esto no me lo invento– mi carnal el novelista mexicano Élmer Mendoza. Nos acompañaba su mujer, Leonor; pero como ella no me viene bien al relato, diré que esa noche no estaba. Éramos seis tíos, por tanto, cenando cocochas a la plancha y solomillos poco hechos, con tinto Luis Cañas reserva. Hablando de lo habitual: libros, periodismo, política, mujeres, el musical de Mongolia, el último poema de Luki, la potencia sexual de Jabo, los cuatro niños de Gistau –que no estaba–, que pasan todo el puto día, papi, papi, papi, pidiendo de comer. En fin. Cosas de ésas. Entonces suena mi teléfono y un amigo me dice. «Cristina Hendricks va a cenar a Lucio». Se lo digo a la peña, y mientras lo hago, se acerca Teo, el maître. «Cristina Hendricks acaba de sentarse en la mesa de Severo Ochoa», susurra. Miramos todos, como un solo hombre y una sola mujer. Y la vemos.
En carne mortal pierde mucho. Suele ocurrir. Pero sigue siendo guapa y bien dotada. La acompaña un pavo enchaquetado que Teo define como el legítimo esposo. Estudiamos al pavo con ojo crítico. «No tiene ni media hostia», apunta Edu Galán, ecuánime. Todos nos mostramos de acuerdo. «Habría que decirle algo a ella», sugiere Gistau, que sigue sin estar allí. «Esa gringa no puede escaparse viva», opina Élmer. Todos se muestran de acuerdo y me miran, tanto porque soy el mayor –aún respetamos esas cosas entre nosotros– como porque esta noche me toca a mí pagar la cuenta. Así que, asumiendo mi responsabilidad, me vuelvo a Jabois. «Tú eres el guapo y el cachas de esta mesa», digo, autoritario. «Nuestro semental de concurso», puntualiza Edu, y acto seguido nos enfrascamos en un breve repaso biográfico-sexual de Jabo, políticas y periodistas incluidas, hasta que retomo el hilo. «Te toca hacerte una foto con ella, camarada. Ya estás tardando».
Nos mira Jabois, indeciso, y asentimos todos. «Vuelve con tu escudo o sobre él», sugiere Lucas, épico. Casi homérico. Con su bondad habitual, Jabo asiente, respira hondo, se pone en pie, va con su mejor sonrisa hasta la mesa de la Hendricks, le pide hacerse una foto, y ella pasa de él. Por su parte, el marido pone mala cara y dice que de fotos, nada. Regresa humillado Jabois. «Me han mandado a tomar por culo», dice con su tierno acento gallego. Y se sienta. Nos agitamos, indignados. «El marido no tiene media hostia», insiste Edu Galán. «Menudo gilipollas», dice Luki. «Deberíamos romperle el morro», digo yo. «En Sinaloa le daríamos plomo», remata Élmer. Pedimos las copas, y Edu encarga un Fra Angélico. «Bebida de puticlub», comento. Edu me llama clasista e hijoputa.
Salimos al rato. En la puerta, la Hendricks se hace fotos con los camareros, con el guardacoches, con el que vende lotería, con todos los que pasan por allí. Jabois se deprime un huevo. Nos agrupamos, consolándolo. «El marido no tiene media hostia», insiste Edu. Nos quedamos mirando a la pelirroja y al legítimo con ganas de darle a éste las del pulpo. Haciendo cálculos entre las ganas que le tenemos y los titulares de prensa del día siguiente: «Reverte y otros cinco desaprensivos inflan al marido de la Hendricks en Casa Lucio». O sea, que no. Al final decidimos irnos con las orejas gachas, mientras Edu, que va hasta las patas de Fra Angélico, insiste: «El marido no tenía media hostia». Asentimos todos, cabizbajos y resignados, mientras nos alejamos en la noche. Asiente incluso Gistau, que no estaba.
Tras un día de furia en las redes sociales, Pérez Reverte pidió en su cuenta de Twitter que dejaran de molestar a sus amigos y aseguró que todo se trató de un relato "paródico" e "inventado".
A los imbéciles sin comprensión lectora: dejen en paz a @manueljabois, @edugalan y @Antoniolucas75. Es un relato PA-RÓ-DI-CO e IN-VEN-TA-DO. https://t.co/vnL9vlOBCT
— Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte) May 8, 2017
También retuiteó un chiste que le enviaron que parece resumir su posición sobre la corrección política y las acusaciones en su contra.
El chiste políticamente correcto que no ofende a nadie (by @AaronDoGoRo) pic.twitter.com/SE67cQNrOc
— Bravo (@abravo__) May 7, 2017
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