
Un diente de apenas unos centímetros, hallado en el norte de Chile, abrió una discusión sobre el pasado del desierto de Atacama. El fósil perteneció a un pariente extinto de los carpinchos que vivió hace cerca de nueve millones de años en una zona que hoy figura entre las más áridas del planeta.
El descubrimiento, publicado en la revista Scientific Reports, aporta nuevas pruebas de que el paisaje de la costa chilena no fue seco de manera continua durante decenas de millones de años.
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Los investigadores sostienen que, en el Mioceno tardío, hubo allí condiciones aptas para humedales, vegetación y animales asociados al agua dulce.
El hallazgo ocurrió en El Morro, un yacimiento de la Formación Bahía Inglesa, cerca de Caldera, en el norte de Chile. La pieza apareció dentro de una capa de sedimentos vinculada con un ambiente marino poco profundo, que se formó hace entre 10 y siete millones de años.
Cómo apareció un fósil de carpincho en uno de los desiertos más secos del mundo
Los carpinchos actuales, los roedores más grandes del mundo, dependen de ambientes con agua disponible de manera estable.
Habitan cerca de ríos, lagunas, pantanos y otras áreas húmedas, donde encuentran alimento y refugio. En la actualidad, no viven en Chile.

Por eso, la presencia de un molar de un familiar antiguo de estos animales en el desierto de Atacama llamó la atención del equipo científico. El estudio describe el ejemplar como el primer registro de un carpincho en la costa chilena y el más antiguo conocido en el país.
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“Encontrar un diente de carpincho en un depósito marino en lo que hoy es una de las regiones más secas de la Tierra es simplemente asombroso”, afirmó Priscilla Martínez, geocientífica de la Universidad de Arizona y coautora de la investigación.
La importancia del fósil no reside solo en su rareza. Los carpinchos y sus parientes están estrechamente asociados a cuerpos de agua permanentes. Su aparición en este punto de la costa del Pacífico sugiere que el entorno contaba con recursos hídricos suficientes para sostener poblaciones de estos roedores durante un período prolongado.
¿El desierto de Atacama tuvo humedales, palmeras y fauna de agua dulce hace millones de años?
El Atacama recibe lluvias muy escasas en su núcleo hiperárido. Algunas áreas registran menos de dos milímetros de precipitación al mes. Durante años, numerosos estudios lo describieron como uno de los desiertos más antiguos del mundo, con una historia de aridez que podría remontarse a cerca de 40 millones de años.
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La nueva investigación no sostiene que el desierto fuera siempre húmedo ni que haya perdido por completo su condición árida. Plantea una alternativa más matizada: la región pudo atravesar etapas de mayor humedad en distintos momentos de su historia geológica.
Los científicos encontraron otros indicios en los mismos estratos. Entre ellos figuran fósiles de peces de agua dulce y gaviales, reptiles emparentados con los cocodrilos que viven en ríos. También identificaron fitolitos, partículas microscópicas de sílice que algunas plantas forman en sus tejidos.
Los fitolitos funcionan como una huella vegetal. En otras palabras, permiten reconocer qué tipo de flora creció en un área aun cuando las hojas, los troncos y las flores ya no se conservan. En El Morro, esas partículas apuntaron a la presencia de palmeras, gramíneas, jengibres y otras plantas con flores.
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“Contamos con múltiples indicios que apuntan a condiciones de mucha humedad”, dijo Mark Clementz, paleobiólogo de la Universidad de Wyoming y coautor del trabajo. “Los mismos depósitos contienen fósiles de peces de agua dulce y gaviales”.
La combinación de estos elementos permite reconstruir una escena distinta a la actual: zonas costeras con vegetación, cursos de agua y ecosistemas ribereños. Es decir, corredores naturales que podrían haber ofrecido alimento, agua y refugio a los antepasados de los carpinchos.
Qué ruta siguieron los antiguos carpinchos para llegar a la costa norte de Chile
El hallazgo también abre interrogantes sobre la dispersión de estos animales en Sudamérica. Hace unos nueve millones de años, la cordillera de los Andes ya constituía una barrera de gran altitud entre las tierras bajas orientales y la costa del Pacífico.
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Según los investigadores, cruzar ese sistema montañoso habría resultado difícil para animales dependientes del agua y de baja movilidad terrestre. Por esa razón, el estudio propone que los carpinchos no atravesaron los Andes desde el este.

La hipótesis apunta a una ruta costera de baja altitud. Los animales pudieron desplazarse desde el norte de Sudamérica, a través de los actuales territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, hasta alcanzar el norte de Chile. Ese trayecto habría requerido una red de humedales y ríos a lo largo de la costa occidental del continente.
“No tenemos ninguna otra prueba de carpinchos en esa zona costera de Chile. No se supone que estén allí”, señaló Bárbara Carrapa, profesora de Geociencias de la Universidad de Arizona y coautora de la investigación.
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Para los autores, el diente no parece haber llegado de forma accidental al yacimiento. Su tamaño dificulta que el viento lo haya transportado desde una distancia considerable. Una corriente de agua podría haber movido restos de un animal, pero eso también implicaría la existencia de un sistema fluvial de cierta magnitud en una región que hoy carece de esas condiciones.
El trabajo fue encabezado por Carolina Gutstein, paleontóloga de la empresa minera Fosfatos de Caldera y profesora de la Universidad Santo Tomás de Santiago. El ejemplar apareció dentro de una capa de cerca de 0,9 metros de espesor, en un área conocida por la abundancia de fósiles marinos.
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La Formación Bahía Inglesa alberga además el sitio Cerro Ballena, famoso por sus concentraciones de restos de cetáceos. La identificación de un roedor vinculado a ambientes húmedos añade otra pieza a la reconstrucción ambiental de esta franja del norte chileno.
“Todo esto respalda la idea de que existía una comunidad ecológica lo suficientemente sólida como para sustentar poblaciones de carpinchos a largo plazo”, sostuvo Clementz.
El estudio aporta información sobre un período remoto, sin relación directa con los cambios climáticos provocados por la actividad humana. Aun así, sus autores consideran que conocer cómo respondieron los desiertos a variaciones naturales del clima puede ayudar a establecer referencias para analizar su evolución futura.
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La investigación plantea que la historia del Atacama pudo incluir episodios húmedos capaces de sostener ecosistemas mucho más diversos que el paisaje actual.
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