
Los titanosaurios, uno de los grupos de dinosaurios más grandes que existieron, enterraban sus huevos en nidos de tierra y vegetación para mantenerlos calientes en el sur de Argentina, según un nuevo estudio publicado en Royal Society Open Science.
El análisis de fragmentos de cáscaras hallados en la Formación Chorrillo indica que estos saurópodos aprovechaban el calor generado por la descomposición de plantas, una estrategia similar a la de los cocodrilos actuales.
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La investigación de la Universidad de Calgary, Canadá, realizada en colaboración con científicos de Japón y Argentina, aporta pruebas de que estos gigantes podían reproducirse en latitudes altas, lejos de las zonas cálidas próximas al ecuador donde se habían encontrado la mayoría de las puestas de titanosaurios.
Los restos fueron recuperados en la provincia de Santa Cruz, en un área que hace millones de años tenía condiciones climáticas más frías que las de otros sitios conocidos de anidación de saurópodos.
Los titanosaurios no podían sentarse sobre sus huevos

El tamaño de estos dinosaurios impedía que incubaran las puestas como lo hacen muchas aves. Algunos titanosaurios alcanzaban hasta 25 metros de largo y ciertos ejemplares del grupo podían pesar cerca de 75 toneladas. Sus huevos, en contraste, tenían un tamaño similar al de una pelota de vóleibol.
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“La nidada sería una tortilla gigante”, dijo la paleontóloga Darla Zelenitsky, de la Universidad de Calgary, al explicar por qué estos animales no podían sentarse sobre los huevos sin romperlos.
Los científicos consideran que los titanosaurios depositaban los huevos y no permanecían junto a ellos durante el período de desarrollo embrionario. Esa ausencia de incubación directa obligaba a encontrar otra fuente de calor, sobre todo en una región situada a gran distancia del ecuador.
La respuesta habría estado en el propio nido. La materia vegetal en descomposición liberaba calor, tal como ocurre hoy en los nidos construidos por cocodrilos y por algunas aves megapodios. Estos animales cubren sus huevos con hojas, ramas, tierra y otros restos orgánicos; los microorganismos degradan ese material y elevan la temperatura interna.
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El principal indicio surgió de la estructura microscópica de las cáscaras. Todos los huevos poseen poros que permiten el intercambio de gases necesario para el desarrollo de los embriones. El tamaño y la densidad de esos pequeños canales varían según el lugar donde se encuentre la puesta.
Un huevo expuesto al aire necesita menos poros para no perder demasiada humedad. En cambio, los huevos cubiertos por arena, tierra o plantas requieren una cáscara más porosa, que facilite el paso de oxígeno a través de ese material.

Los investigadores analizaron 255 fragmentos de cáscara de huevos fósiles identificados como Fusioolithus. Encontraron que eran muy porosos, una característica compatible con la incubación bajo tierra o dentro de montículos de vegetación.
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En palabras sencillas, los huevos no habrían quedado a la intemperie. Los titanosaurios los habrían dejado protegidos por una cobertura que conservaba la humedad y generaba la temperatura necesaria para que los embriones continuaran su desarrollo.
Zelenitsky explicó que, si esos huevos hubieran permanecido expuestos, “habrían perdido agua y se habrían secado”, con consecuencias fatales para las crías. El enterramiento ofrecía condiciones más estables, incluso en un ambiente con temperaturas moderadas.
El hallazgo en Santa Cruz revela una zona de anidación a gran latitud

Los fragmentos fueron descubiertos entre 2020 y 2024 en la Formación Chorrillo, en el extremo sur de Argentina, a unos 322 kilómetros al norte del estrecho de Magallanes. Las rocas del sitio datan del Cretácico tardío, el período que abarcó los últimos millones de años antes de la extinción de los dinosaurios no avianos.
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Hace unos 68 millones de años, el lugar se ubicaba entre los 55 y 60 grados de latitud sur. Aunque los continentes modificaron su posición desde entonces, los científicos calculan que se encontraba tan lejos del ecuador como la actual ciudad de Red Deer, en Canadá. El clima, de todos modos, habría sido similar al de Nueva York en la actualidad.
La ubicación convierte al yacimiento en la evidencia más austral de huevos de dinosaurio conocida hasta ahora y en uno de los principales registros de anidación de saurópodos en latitudes elevadas.
Hasta este descubrimiento, los paleontólogos sabían que los titanosaurios habían llegado a regiones muy alejadas entre sí. Sus restos aparecieron en lugares tan meridionales como el sur de Argentina y la Antártida, y también en Mongolia y Texas. Faltaba establecer si solo visitaban esas zonas o si podían completar allí su ciclo reproductivo.
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“Claramente pasaban tiempo en zonas de latitudes más altas, pero hasta ahora no se sabía si también anidaban allí”, señaló Zelenitsky.
Un ecosistema con grandes saurópodos, reptiles y mamíferos

La Formación Chorrillo no solo conserva cáscaras de huevo. El sitio reúne restos de una llanura costera con dinosaurios herbívoros y carnívoros, aves, cocodrilos, tortugas, serpientes, ranas, peces, mamíferos, insectos y caracoles.
Entre los grandes animales de la zona se encontraba el Nullotitan glaciaris, un titanosaurio que podía medir hasta 25 metros de largo. También vivían allí el herbívoro bípedo Isasicursor santacrucensis y megaraptores, depredadores relacionados de forma distante con los tiranosaurios.
No se conoce con certeza qué especie puso los huevos hallados. En el mismo yacimiento aparecieron dientes asociados con colososaurios, un grupo de titanosaurios de grandes dimensiones. Si las cáscaras pertenecían a esos animales, las crías habrían necesitado un ambiente con abundantes plantas y recursos para iniciar un crecimiento que las llevaría, en algunos casos, a superar decenas de toneladas.
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A pesar del tamaño de los adultos, los huevos podían contener alrededor de cuatro litros de líquido y las crías nacían con un peso cercano a los cuatro kilogramos. La diferencia entre el tamaño del huevo y el del adulto era extrema, por lo que los primeros meses de vida resultaban decisivos.
Los nidos pudieron ser montículos del tamaño de una mesa
La estrategia de incubación habría requerido estructuras amplias. Zelenitsky propuso que los nidos podrían haber sido montículos de tierra y vegetación del tamaño de una mesa de picnic, con los huevos enterrados en el interior.
Esa posibilidad abre la puerta a que los titanosaurios anidaran en grupos, aunque el estudio no permite determinar cuántos individuos usaban cada área ni si regresaban al mismo lugar de forma periódica. En otros sitios del mundo se encontraron concentraciones de huevos que sugieren comportamientos de anidación colectiva.
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El nuevo trabajo también plantea que la estrategia reproductiva de los titanosaurios pudo variar según la geografía y el clima. En España, por ejemplo, se localizaron huevos con cáscaras más delgadas y menos porosas, una característica que apunta a puestas más expuestas.
La comparación indica que los titanosaurios podían adaptar sus nidos a las condiciones de cada ambiente. En el sur de Argentina, donde la luz solar no bastaba para garantizar una incubación eficiente, la descomposición de plantas pudo ofrecer el calor que necesitaban las futuras crías de algunos de los mayores dinosaurios de la historia.
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