
Durante décadas, la explicación más difundida sobre el nacimiento de la Luna sostuvo que un cuerpo del tamaño de Marte, conocido como Theia, chocó contra la Tierra primitiva y lanzó al espacio una enorme masa de roca que, con el tiempo, dio origen al satélite.
Ahora, dos avances distintos empujan esa discusión hacia un terreno nuevo. Por un lado, la misión BepiColombo se acerca a Mercurio con instrumentos capaces de examinar su composición con un nivel de detalle inédito.
PUBLICIDAD
Por otro, simulaciones recientes plantean que la Luna pudo tomar forma en apenas cinco horas después del impacto, un plazo mucho más breve que el aceptado hasta ahora.

La coincidencia entre ambas líneas de investigación no prueba por sí sola una respuesta definitiva, pero sí reordena el mapa de preguntas sobre los primeros millones de años del sistema solar. El eje ya no pasa solo por identificar qué objeto chocó con la Tierra, sino también por establecer de dónde salió el material expulsado, qué les ocurrió a los planetas rocosos en esa etapa caótica y por qué Mercurio conserva rasgos tan extraños para su tamaño.
PUBLICIDAD
La nave BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) junto con la agencia japonesa JAXA, inició en estos días la fase final de un viaje que comenzó en 2018. Tras separarse de su módulo de crucero, los dos orbitadores que integran la misión siguieron rumbo al planeta más próximo al Sol. Si el cronograma se cumple, entrarán en órbita en noviembre y luego comenzarán a estudiar el mundo más pequeño del sistema solar desde distintas alturas.
Esa llegada tiene un peso especial porque Mercurio todavía conserva varios enigmas abiertos. Su núcleo de hierro representa cerca del 65 % de su masa total, una proporción muy superior a la de la Tierra, cuyo núcleo concentra alrededor del 32 %. Esa diferencia llevó a muchos investigadores a pensar que el planeta perdió buena parte de sus capas externas en una gran colisión ocurrida hace unos 4.500 millones de años. Si eso fue así, la pregunta inmediata resulta inevitable: dónde terminó ese material ausente.
PUBLICIDAD
BepiColombo puede medir en Mercurio señales que hasta ahora solo eran hipótesis

Una de las ideas que circulan en la ciencia planetaria sostiene que parte de ese material pudo contribuir, de alguna forma, al origen de la Luna. El planteo no reemplaza de manera automática el modelo de Theia, pero sí suma una variante más compleja, en la que los primeros choques entre cuerpos jóvenes del sistema solar habrían mezclado restos, trayectorias y superficies con mayor intensidad de la que se creía.
El científico principal del proyecto BepiColombo en la ESA, Geraint Jones, resumió esa línea de trabajo con una hipótesis de larga data.
“Se cree que en algún momento del pasado lejano, hace 4.500 millones de años, cuando todos los planetas se estaban formando en los restos que rodeaban al Sol, Mercurio comenzó a formarse, creó un planeta de tamaño modesto y luego fue golpeado por otro gran planetesimal, que le arrancó la corteza exterior”. Según agregó, entender mejor el interior del planeta permitirá poner a prueba esa teoría.
PUBLICIDAD

La misión lleva instrumentos destinados a estudiar la composición mineralógica y elemental de la superficie, el campo magnético, la estructura interna y la actividad geológica. Ese conjunto puede ayudar a determinar si Mercurio perdió materiales livianos en un choque de gran escala y si sus capas externas presentan huellas compatibles con ese episodio. También puede precisar cómo se distribuyen elementos que funcionan como marcadores de origen y temperatura.
Ese punto importa porque una misión anterior de la NASA, Messenger, ya había encontrado una pista llamativa. Los niveles de potasio y torio observados en Mercurio no encajaban del todo con la idea de que el planeta se formó donde hoy orbita. En términos simples, el potasio se evapora con facilidad en ambientes muy calientes, mientras el torio resiste mejor esas condiciones. Si Mercurio hubiera nacido tan cerca del Sol como está ahora, los científicos esperarían una relación diferente entre ambos elementos.
PUBLICIDAD
El científico del proyecto Johannes Benkhoff lo explicó así: “El potasio se evapora muy rápidamente en un ambiente caliente, mientras que el torio sobrevive incluso a temperaturas muy altas”. Y añadió: “Los planetas que se formaron más cerca del Sol suelen tener más torio que potasio. Pero en Mercurio vemos mucho más potasio del que cabría esperar”.

Esa anomalía fortaleció otra posibilidad: que Mercurio se hubiera formado más lejos del Sol y que, después de una colisión o de varias interacciones violentas, terminara desplazado hacia su órbita actual. Dentro de ese escenario, la pérdida de corteza cobra todavía más relevancia.
PUBLICIDAD
Si el planeta sufrió un despojo extremo de material superficial, ese faltante pudo dispersarse por el sistema solar interior y mezclarse con cuerpos que luego dieron forma a la Tierra, Venus o la Luna.
El profesor Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad Técnica de Berlín, sugirió que la Luna podría estar compuesta por parte de ese material perdido. A su vez, científicos de la Universidad de Arizona plantearon que Mercurio pudo chocar con objetos que más tarde se integraron a la Tierra y a Venus.

Esa propuesta no afirma que Mercurio “fabricó” la Luna, pero sí instala una posibilidad más amplia: que el origen del satélite terrestre incluya restos de más de un mundo primitivo.
PUBLICIDAD
BepiColombo también puede aportar datos sobre otros rasgos que vuelven a Mercurio un caso aparte. Los científicos quieren saber por qué su superficie es tan oscura, si existe grafito en grandes cantidades, qué sostiene su campo magnético y si aún persiste alguna forma de actividad geológica. Además, la misión buscará precisar la presencia de agua en zonas heladas de los polos, donde hay cráteres que nunca reciben luz solar directa.
La ingeniería de la misión debió adaptarse a un ambiente extremo. En la superficie de Mercurio, la temperatura puede superar los 427℃ (800℉), mientras que en los polos sobreviven depósitos de hielo dentro de regiones en sombra permanente. Ignacio Tanco, jefe de operaciones de la misión en la ESA, describió el desafío con una comparación directa: “Es prácticamente lo mismo que trabajar con un horno de pizza muy caliente encendido justo en la espalda”.
PUBLICIDAD

Antes de esta etapa final, la nave recorrió una trayectoria enorme para perder velocidad y alinearse con su destino. Según la ESA, acumuló unos 10.000 millones de kilómetros de viaje y necesitó nueve sobrevuelos planetarios para reducir energía suficiente como para quedar capturada por la gravedad de Mercurio.
En enero de 2025, el último de esos pasos dejó imágenes de cráteres y llanuras volcánicas que anticiparon el valor científico de la fase orbital.
La directora de la misión, Santa Martínez, subrayó la singularidad del operativo con una meta que va más allá de la tecnología.
“Pero lo que hace que esta misión sea realmente única es que, por primera vez en la exploración espacial, vamos a llevar dos naves espaciales a las proximidades del planeta y a ponerlas en órbita alrededor de este misterioso cuerpo, lo que proporcionará a la humanidad y a la comunidad científica una visión sin precedentes del planeta Mercurio”, sostuvo Martínez.
Un estudio propone que la Luna tomó forma en apenas cinco horas tras el impacto

Mientras BepiColombo se prepara para estudiar el planeta más difícil de alcanzar del sistema solar interior, otro trabajo reciente reabrió una discusión central sobre el origen lunar.
Investigadores del Southwest Research Institute y de la Universidad de Arizona presentaron simulaciones de alta potencia que sugieren que la Luna pudo formarse casi de inmediato después de la colisión que dio inicio al proceso.
La novedad del estudio no radica en la existencia del choque, una idea instalada desde hace décadas, sino en la velocidad del resultado. El esquema clásico planteó que el impacto expulsó grandes cantidades de roca fundida al espacio y que esos restos se agruparon poco a poco hasta dar origen al satélite. El nuevo análisis propone una variante mucho más rápida: en ciertos escenarios, una Luna casi intacta apareció en solo cinco horas.

La autora principal, la científica planetaria Adeene Denton, explicó que el resultado depende de las condiciones previas de los cuerpos que chocaron. “Todo depende de la temperatura que tuvieran la Tierra y Theia antes de la colisión. El impacto podría destruir Theia y producir un gran disco de escombros que eventualmente formaría la Luna”, dijo.
Pero luego agregó el punto decisivo del trabajo: “Sin embargo, cuando utilizo los mismos parámetros que en el modelo de impacto original, incluida la misma estructura de temperatura, se forma una Luna prácticamente intacta en unas cinco horas”.
El estudio, publicado en Astrophysical Journal Letters, no clausura el debate, pero sí modifica su escala temporal y obliga a revisar varias interpretaciones. Si la Luna surgió de forma tan veloz, los científicos deberán reevaluar cómo se distribuyeron sus materiales, cuánto calor retuvo al nacer y por qué algunas de sus características químicas no terminan de encajar con los modelos más aceptados.

Ese cambio también puede tener consecuencias sobre la lectura de Mercurio. Si el sistema solar temprano produjo colisiones capaces de formar satélites en cuestión de horas y de arrancar cortezas enteras a planetas rocosos, entonces los mundos interiores pudieron intercambiar material con una intensidad mayor a la prevista. En ese marco, la historia de la Luna deja de ser un episodio aislado entre la Tierra y Theia y pasa a integrarse en una red de impactos que involucró a varios cuerpos en formación.
Mercurio aparece como un candidato central para poner a prueba esa imagen, porque combina dos rasgos difíciles de explicar al mismo tiempo: un tamaño pequeño, apenas un poco mayor que la Luna, y una densidad desproporcionada para un planeta de ese volumen. Si BepiColombo confirma que su composición superficial e interna coincide con la marca de una gran pérdida de material, esa prueba reforzará la idea de que el sistema solar interior atravesó una etapa de violencia mucho más desordenada de lo que sugerían los modelos lineales.
La misión también puede aclarar si ciertos compuestos orgánicos detectados por Messenger tienen relación con la química primitiva de la región donde nació Mercurio. Los científicos no creen que haya vida en el planeta, pero sí consideran que esos rastros pueden aportar información sobre la materia presente en la infancia del sistema solar y sobre el contexto que hizo posible el desarrollo de la vida en la Tierra.

En los próximos meses, cuando BepiColombo concrete su inserción orbital y despliegue sus campañas de observación, Mercurio dejará de ser solo un mundo abrasado junto al Sol para convertirse en un archivo geológico de los choques que moldearon a los planetas rocosos.
Si ese archivo conserva señales del material que perdió, la investigación sobre el origen de la Luna puede entrar en una fase distinta, apoyada ya no solo en simulaciones sobre Theia, sino también en mediciones directas sobre uno de los planetas más extraños del sistema solar.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Cómo un estudio sobre 48 idiomas encontró pistas sobre el posible origen biológico del lenguaje humano
Un equipo europeo analizó decenas de miles de grabaciones y detectó que las pausas al conversar duran, en promedio, dos segundos. Una cifra que también aparece en las vocalizaciones de distintas especies animales

Un equipo con el Nobel Roger Penrose observa por primera vez la gravedad de Einstein en el mundo cuántico
El estudio publicado en Science Advances midió en átomos ultrafríos un efecto de caída libre compatible con el principio de equivalencia de la relatividad general

Por qué algunos órganos aceleran su envejecimiento a los 30 y a los 50 años, según un estudio de casi mil donantes
La investigación, publicada en Nature Aging, plantea que el deterioro biológico no avanza de forma lineal, sino con momentos de aceleración a lo largo de la vida. Los detalles

Un fósil de 324 millones de años podría explicar cómo evolucionaron y surgieron los insectos modernos
El ejemplar, encontrado en Texas y durante décadas clasificado como un crustáceo, presenta una combinación de rasgos acuáticos y terrestres que aporta nuevas pistas sobre la adaptación de estos animales

La ONU alertó que el fenómeno de El Niño durará hasta febrero y será “muy fuerte”
El fenómeno “se está volviendo gigantesco ante nuestros ojos”, advirtió la Organización Meteorológica Mundial. El organismo remarcó que “la ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando”



