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La señal química que define el destino de las abejas: ¿permanecer en el nido o marcharse?

En una isla de Panamá, científicos de cuatro países siguieron a cientos de insectos y descubrieron el fenómeno. Las claves

Primer plano de la cabeza de una abeja con ojos facetados, tres ojos simples ocelos, antenas y pilosidad amarilla y verde sobre fondo negro
Investigadores identificaron por primera vez la feromona de reina en "Megalopta genalis", una abeja con eusocialidad facultativa que puede vivir sola o en colonia (USGS Bee LAB)
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Las abejas no siempre viven en colonias. Algunas especies pueden elegir entre construir un nido solas o hacerlo en grupo, y esa decisión, al parecer, depende de una señal química que la reina lleva en su cuerpo.

Investigadores de Estados Unidos, Panamá, Japón y República Checa identificaron por primera vez esa señal, llamada feromona de reina, en una especie de abeja que puede vivir tanto sola como en sociedad.

El hallazgo revela que esa sustancia no manipula a las obreras, sino que les informa con honestidad cuánto les conviene quedarse a ayudar a su madre, según detallaron en la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, editada por la Royal Society del Reino Unido.

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Vivir sola o en grupo

Manos humanas, una abeja dentro de una placa de Petri, un microscopio, herramientas de laboratorio, una mesa de madera y papeles con anotaciones
El estudio sobre la feromona de reina en abejas plantea que la señal química informa de forma honesta la fertilidad de la reina y no actúa como manipulación de las obreras (Jorge Aleman)

Desde hace varias décadas hay un debate en la comunidad científica sobre las feromonas de reina en insectos sociales: ¿son señales honestas que informan a las obreras sobre la fertilidad de la reina o herramientas de manipulación química que obligan a las obreras a renunciar a su propia reproducción?

Esta pregunta tiene consecuencias directas para entender cómo evolucionó la vida en colonia, una de las transiciones mayores en la evolución.

El problema es que los estudios anteriores sobre feromonas de reina se concentraron casi exclusivamente en especies con eusocialidad compleja, como las hormigas y las abejas melíferas, donde las castas están fijas desde el desarrollo temprano.

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En esas especies, el conflicto reproductivo entre reinas y obreras es menor, lo que dificulta saber si las feromonas funcionan como señales honestas o control coercitivo.

Abeja con cabeza y tórax verdes iridiscentes y abdomen rojizo oscuro sobre flor amarilla con estambres negros. Fondo borroso
La investigación en la isla Barro Colorado, en Panamá, analizó nidos de observación y comparó sustancias químicas en hembras con distintos roles sociales (Archivo Evaldo Resende)

Las especies con eusocialidad facultativa, donde una misma hembra puede ser reina, obrera o fundadora solitaria según las circunstancias, ofrecen un modelo mucho más poderoso para estudiar los orígenes de la vida social. Sin embargo, hasta este trabajo, no se había identificado ninguna feromona de reina en ninguna especie con eusocialidad facultativa.

La investigación se propuso identificar y caracterizar esa feromona en la abeja del sudor Megalopta genalis, una especie de la familia Halictidae que habita en la isla Barro Colorado, en Panamá.

Los investigadores buscaron determinar si esa señal química funciona como una señal honesta de la fertilidad de la reina, y si influye en la decisión de las hijas de quedarse como obreras o dispersarse a fundar su propio nido.

Qué encontraron dentro del nido

Primer plano de una abeja con cabeza verde, ojos negros grandes, tórax verde iridiscente, alas translúcidas, abdomen y patas anaranjados
Entre las miles de especies de abejas, Megalopta genalis es una de las pocas que puede elegir: vivir sola o en sociedad, según las circunstancias, lo que la convierte en un modelo único para estudiar cómo surgió la vida en colonia (Carmelo Lopez)

El trabajo se realizó en nidos de observación en la isla Barro Colorado, donde las abejas fundadoras y sus primeras hijas fueron marcadas individualmente y seguidas en su hábitat natural. Allí, midieron las sustancias químicas presentes en la superficie del cuerpo de las abejas y compararon a hembras con distintos roles sociales.

El compuesto identificado como feromona de reina fue un grupo de hidrocarburos de cadena ramificada llamados metilalcanos, que se conocen como MA. Las hembras con nido social tuvieron aproximadamente el doble de MA en su cuerpo que las hembras solitarias.

Cuando los investigadores aplicaron MA sintético sobre reinas vivas, las obreras expuestas retrocedieron, adoptaron una postura característica de sumisión y desarrollaron menos sus ovarios que las del grupo control. Eso demostró que la feromona actúa de dos formas: cambia el comportamiento de las obreras de inmediato y también frena su capacidad reproductiva a largo plazo.

abejas
En el mundo existen entre 24.700 y 26.000 especies de abejas/Freepik

Los niveles de MA en las reinas predijeron con precisión cuántos huevos pondría la reina en el futuro y cuánto se beneficiarían las obreras al quedarse a ayudarla.

Las fundadoras con más MA reclutaron a sus hijas como obreras con mayor frecuencia. La presencia de esas obreras representó aproximadamente la mitad de la productividad total del nido.

Los investigadores también confirmaron que los MA se fabrican a partir de aminoácidos esenciales de la dieta, los mismos que la abeja necesita para producir óvulos. Eso sugiere que producir más feromona tiene un costo biológico real, porque los recursos necesarios para fabricarla compiten con los que se destinan a la reproducción. Los resultados apuntan a que los MA funcionan como señales honestas, no como herramientas de control.

Hombre con camiseta gris en un bosque denso sostiene un dispositivo transparente con abejas, sujetado con pinzas y un frasco pequeño
Los científicos detectaron que la feromona de reina está compuesta por metilalcanos y que las hembras con nido social presentaron cerca del doble que las abejas solitarias (Jorge Aleman)

Los expertos señalaron que ese vínculo bioquímico entre la feromona y la fertilidad es lo que mantiene la confiabilidad de la señal, aunque aclararon que esa regulación es parcialmente independiente y no constituye un lazo irrompible.

Los MA no determinan por sí solos qué hace cada hija: la decisión de quedarse como obrera, dispersarse o tomar el nido depende de múltiples factores internos y externos. La relación causal entre los niveles de MA y esa decisión todavía no está completamente establecida y requerirá más estudios.

Hombre en laboratorio junto a equipo científico, microscopio, cilindros de gas, tubos y cables en mesa de trabajo de madera
La aplicación de metilalcanos sintéticos en reinas vivas hizo que las obreras retrocedieran, adoptaran sumisión y desarrollaran menos sus ovarios, según los científicos (Jorge Aleman)

A partir de los resultados, los científicos sugirieron que se deberían hacer análisis en otras especies con distintos grados de vida social para entender mejor cómo surgió la cooperación en los insectos. Consideraron que su hallazgo abre una línea de trabajo sobre el papel de las señales químicas en el origen de la vida en colonia, una transición mayor en la evolución.

Los orígenes de la vida en sociedad

Mano sostiene recipiente transparente con dispositivo electrónico blanco y cable. Tapa azul de contenedor. Trípode negro. Suelo con vegetación y hojas secas
Los niveles de metilalcanos predijeron cuántos huevos pondría la reina y cuánto convenía a las obreras quedarse a ayudar en el nido (Jorge Aleman)

El equipo científico estuvo liderado por Callum Kingwell y William Wcislo, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, con sede en Panamá. Lo acompañaron Jocelyn Millar, de la Universidad de California Riverside; Yasuharu Yoshimi, de la Universidad de Fukui, en Japón; Fernando Noriega y Marcela Nouzová, del Instituto de Parasitología del Centro de Ciencias de la Academia Checa de Ciencias y de la Universidad Internacional de Florida; Robert Raguso, de la Universidad Cornell.

En diálogo con Infobae, el doctor Walter Farina, biólogo e investigador superior en el Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne), dependiente del Conicet y la Universidad de Buenos Aires, opinó sobre el estudio.

Un hombre de camiseta gris usa un microscopio. Una computadora portátil en el fondo muestra una imagen ampliada de un insecto. Hay frascos y papeles sobre el escritorio
Callum Kingwell, autor principal del estudio, recolecta sustancias químicas cerosas de la superficie de abejas vivas con fibras especializadas de "microextracción en fase sólida" (Jorge Aleman)

“Me parece un trabajo muy interesante porque las abejas sudoríparas son facultativamente eusociales, es decir, dependiendo del contexto ambiental pueden comportarse como solitarias o sociales”, afirmó.

“La abundancia de metilalcanos en las hembras fundadoras parecería determinar su rol reproductivo y de cohesión social, al promover efectos tanto a corto como a largo plazo en el grupo o la sociedad que se va estableciendo”, agregó.

En la isla Barro Colorado, en el Canal de Panamá, las abejas sudoríparas nocturnas abrieron una ventana al origen de la vida en sociedad/Archivo EFE/ Carlos Lemos
En la isla Barro Colorado, en el Canal de Panamá, las abejas sudoríparas nocturnas abrieron una ventana al origen de la vida en sociedad/Archivo EFE/ Carlos Lemos

Según explicó, en cierto modo, es una manera de aproximarse a los orígenes de la feromona real de las abejas eusociales, la cual constituye una señal “honesta”, ya que favorece la cohesión del grupo al inducir procesos fisiológicos (como la inhibición del sistema reproductivo en el resto de las hembras) y comportamentales (como el cuidado y acicalamiento de la reina y la cría por parte de las obreras).

“Desde esa perspectiva evolutiva, el nuevo estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences es sumamente interesante porque abre nuevas posibilidades para discutir el origen y la evolución de la eusocialidad en insectos”, concluyó.

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