
Un paciente oncológico, aquejado por una úlcera glútea que no respondía a tratamientos clásicos y enfrentaba la posibilidad de una cirugía mayor, logró recuperarse gracias a un procedimiento innovador que utiliza parches de membrana amniótica.
Desarrollada y aplicada por un equipo del CONICET y del CEMIC en Argentina, la técnica permitió el cierre completo de una herida crónica y resistente, abriendo una nueva vía de tratamiento para lesiones complejas que hasta ahora parecían imposibles de sanar.
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El caso, documentado en la revista International Journal of Molecular Sciences, demuestra los beneficios de reutilizar tejidos de la placenta, un material que suele descartarse tras el parto, para acelerar la regeneración y reducir la inflamación en pacientes con heridas difíciles.
La membrana amniótica, que recubre la cara interna de la placenta, suele descartarse tras el parto. Sin embargo, procesada adecuadamente, este tejido demuestra propiedades antiinflamatorias y regenerativas. Su capacidad para favorecer la cicatrización ha impulsado su empleo en tratamientos de lesiones oculares, odontológicas y heridas cutáneas complejas en todo el mundo.
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En Argentina, la Asociación Civil Para el Progreso de la Tecnología Médica de Tejidos (AMNIOSBMA) recolecta placentas donadas para procesar membrana amniótica. Según Alejandro Berra, investigador del CONICET en el CEMET, director de innovación de la ONG y autor del trabajo, el método más extendido es la criopreservación, pero presenta limitaciones logísticas, ya que requiere mantener la cadena de frío y acceso a quirófanos.
“En AMNIOSBMA procesamos la membrana dentro de las primeras 24 horas desde el alumbramiento de la placenta. La esterilizamos y liofilizamos, extrayendo toda la humedad. Así, los factores biológicos quedan detenidos y, al aplicarla sobre una herida exudativa, el exudado rehidrata la membrana y libera esos factores beneficiosos”, explicó Berra.
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El caso presentado por el equipo del CONICET y CEMIC involucró a un varón adulto con antecedentes oncológicos. Tras una infección por una inyección mal aplicada, desarrolló una fascitis secundaria que derivó en una úlcera glútea crónica, resistente a tratamientos previos.

María Ximena Guerbi, becaria del CONICET y primera autora del estudio, relató: “Se había intentado promover la regeneración de tejidos con una técnica que no dio resultado. El paciente manifestó su voluntad de buscar alguna alternativa terapéutica para evitar la intervención quirúrgica”.
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El equipo médico, encabezado por Jimena Rodrigo, integrante del staff de Cirugía Plástica del CEMIC, propuso tratar una parte de la herida con un apósito de membrana amniótica humana y, en otra zona, aplicar una matriz de colágeno de origen bovino. Esta última opción suele utilizarse para preparar el terreno para injertos de tejido.
Resultados: regeneración visible y menos rechazo

Tras 49 días, la evolución de ambas áreas fue muy diferente. El sector tratado con membrana amniótica mostró una cicatrización más rápida y armónica. La piel avanzó sobre la úlcera, bajó la inflamación y la coloración y secreciones mejoraron.
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Guerbi detalló: “Viendo la diferencia macroscópica, se optó por continuar el tratamiento con membrana amniótica sobre la totalidad de la herida hasta su cierre completo”. La reparación cutánea demandó aproximadamente cinco meses.
El análisis de biopsias permitió comparar los procesos biológicos en ambas zonas. Griselda Moreno, investigadora de CONICET, explicó que la región tratada con matriz animal presentó una reacción de cuerpo extraño, que es una forma de rechazo, y persistencia inflamatoria.
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En contraste, la membrana amniótica indujo una vascularización activa, lo que significa que se formaron nuevos vasos sanguíneos y se favoreció la cicatrización. “La maduración del nuevo tejido fue más homogénea y rápida bajo el tratamiento con membrana”, puntualizó Guerbi.

Uno de los aspectos más destacados del procedimiento fue su carácter ambulatorio. El paciente evitó la internación y la cirugía, recibiendo el tratamiento fuera del quirófano. Moreno subrayó: “Aquí se logró trasladar el conocimiento generado en el laboratorio, pero atendiendo a la necesidad del paciente de buscar una alternativa a los tratamientos convencionales que no habían funcionado”.
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El avance se apoya en un marco regulatorio sólido. AMNIOSBMA cuenta con habilitación del INCUCAI y certificación de buenas prácticas de manufactura de la ANMAT, y ya ha tratado a más de 2.000 pacientes, en su mayoría con afecciones oftalmológicas o pie diabético.
El desarrollo de apósitos de membrana amniótica marca un círculo virtuoso entre la investigación básica y la medicina clínica. Berra describió: “Demostramos el potencial de los derivados de membrana amniótica como una alternativa regenerativa, y ahora nos encontramos evaluando la mecanística de ese proceso, es decir, por qué y cómo funcionan estos tejidos de regeneración”.
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El equipo de investigadores y médicos sigue perfeccionando el método con el objetivo de que, en un futuro cercano, pueda realizarse de forma completamente ambulatoria, incluso en el hogar de los pacientes.
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