
En el corazón de Europa, investigaciones recientes sobre prácticas funerarias medievales desafían supuestos tradicionales sobre los vínculos sociales y familiares de aquella época. Un estudio científico reveló el primer caso documentado de un entierro doble de personas del mismo sexo sin parentesco genético en la Polonia medieval, un hallazgo que ofrece nuevas perspectivas sobre la complejidad de las relaciones y los rituales en el pasado.
La investigación, publicada en Journal of Archaeological Science: Reports, se centró en una tumba localizada junto a la Catedral de la Exaltación de la Santa Cruz en Opole, Polonia. El análisis de ADN antiguo permitió reconstruir la identidad biológica y las posibles conexiones de los individuos, lo que aportó elementos inéditos sobre la sociedad medieval en Europa Central.
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Lo que revela el inusual entierro sobre las costumbres en la Edad Media
El equipo de científicos examinó los restos de dos adultos sepultados en un abrazo mutuo en Opole. Según el estudio, ambos esqueletos correspondían a mujeres de alrededor de 40 años de edad, y no existía entre ellas parentesco cercano, como madre e hija o hermanas. Así lo confirma el análisis genético citado en el trabajo.
La disposición de los cuerpos llamó la atención desde el inicio de la excavación. Una de las mujeres yacía de espaldas, mirando hacia arriba, mientras que la otra se ubicaba de lado, con un brazo bajo el cuello de su compañera y el otro sobre el pecho de ella, creando la imagen de un abrazo. Esta escena, en un espacio privilegiado cerca de los muros de la catedral, se consideraba exclusiva para miembros de la élite local.
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“Debido a su posición atípica, estos individuos fueron rápidamente apodados los ‘esqueletos abrazados’ e interpretados como amantes. Nuestro trabajo busca interpretar este entierro atípico en el contexto del parentesco genético y el sexo, así como de los datos arqueológicos. Demostramos que ambos individuos son genéticamente mujeres y no están emparentados, lo que constituye el primer entierro doble del mismo sexo genéticamente confirmado en la Polonia medieval”, afirman en el estudio.
El estudio sostiene que la relación entre ambas pudo haber estado basada en lazos sociales, profesionales, institucionales o espirituales, y menciona la posibilidad de “parentesco ficticio”, una práctica donde los grupos humanos forjaban lazos familiares simbólicos a través de alianzas sociales o identidades comunales.
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Las pistas ocultas en el ADN
La excavación del cementerio y el interior de la catedral de Opole se efectuó entre 2022 y 2023, bajo permiso del Conservador Provincial de Monumentos. El trabajo permitió identificar 46 enterramientos, pero el más relevante resultó el de las “esqueletos abrazadas”.
El documento científico describe que, debido a la conservación deficiente de los restos, particularmente en las extremidades inferiores, los investigadores optaron por extraer muestras de dientes y del hueso petroso, una parte del oído interno que suele preservar ADN durante siglos. El objetivo era determinar el sexo, el parentesco y el origen de las mujeres.
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El análisis de secuenciación permitió confirmar que ambas eran de sexo femenino y carecían de lazos sanguíneos cercanos. Además, el equipo descartó la presencia de enfermedades infecciosas o signos de violencia en los huesos, y estableció que ambas compartían una ascendencia genética afín a la población local del este y centro de Europa en la época medieval.
La investigación integró métodos de la bioarqueología, la osteología y la genética, combinando el examen contextual de la tumba, el análisis de los huesos y la interpretación de datos genéticos para reconstruir el escenario social y funerario de la época.
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Nuevas formas de entender la muerte y las relaciones en el pasado
El estudio plantea que los enterramientos múltiples no siempre corresponden a lazos familiares directos, como suele asumirse. El caso de las mujeres abrazadas de Opole sugiere que el reconocimiento social o la pertenencia a instituciones, comunidades o hermandades pudo haber motivado la sepultura conjunta.

El concepto de “parentesco ficticio” adquiere relevancia en este contexto, ya que documenta cómo las sociedades creaban vínculos semejantes a los familiares entre personas no emparentadas por sangre, otorgando a esos lazos un valor ritual y simbólico en la muerte. El hallazgo refuerza la noción de que los cementerios medievales reflejan no solo relaciones biológicas, sino también redes sociales complejas, identidades compartidas y formas alternativas de comunidad.
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Los autores del estudio subrayan la importancia de la validación genética en la interpretación de tumbas dobles o colectivas, sobre todo cuando la conservación ósea dificulta la determinación visual del sexo o el vínculo. El análisis aporta una nueva dimensión a la comprensión de las prácticas funerarias y de las relaciones interpersonales en la Edad Media europea, abriendo interrogantes sobre la diversidad de vínculos que las sociedades del pasado reconocían y honraban en sus rituales de muerte.
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