
La humanidad está cerca de inaugurar la primera tumba permanente para residuos nucleares de alta peligrosidad, un hito que ocurre en un rincón rocoso de Eurajoki, al suroeste de Finlandia.
La obra subterránea conocida como Onkalo —que significa “cueva” en finlandés— representa un salto en la solución al mayor desafío histórico de la energía nuclear: el destino final de los materiales que permanecen peligrosos durante milenios.
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En uno de los túneles profundos de Onkalo, la pantalla de un ascensor indica “433” metros bajo tierra. Cuando las puertas se abren, la vista conduce a la entrada del depósito que está casi listo para operar.

Este enclave, excavado en una roca que formó parte de la corteza terrestre hace 1.900 millones de años, fue diseñado para almacenar de modo definitivo los residuos nucleares que, hasta ahora, permanecen en recintos temporales en casi todo el mundo.
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Países como Suecia y Francia avanzan en proyectos similares, aunque Finlandia se dispone a convertirse en el primero en poner en marcha una solución subterránea a gran escala.
El proceso de autorización llegó a su etapa final. La Autoridad Finlandesa de Protección Radiológica y Nuclear (STUK) analiza los últimos detalles técnicos y la licencia de operación podría emitirse en las próximas semanas.
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Según Philippe Bordarier, director ejecutivo del operador nuclear Teollisuuden Voima Oyj (TVO), “esperamos poder comenzar la operación a finales de este año o muy probablemente a principios del próximo”. La voz de Bordarier retumbó en los pasillos húmedos donde se depositarán las cápsulas con combustible usado, que seguirá siendo altamente radiactivo durante miles de años.
El origen de Onkalo se remonta a 2004, cuando la empresa de gestión de residuos nucleares Posiva inició la construcción. El proyecto ya demandó cerca de mil millones de euros (1.160 millones de dólares). El depósito tendrá capacidad para almacenar hasta 6.500 toneladas de uranio gastado, generado por los cinco reactores nucleares del país, tres de ellos ubicados en la central de Olkiluoto, junto al Mar Báltico.
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Finlandia enfrenta un doble desafío: el técnico y el social. La legislación nacional establece que los residuos nucleares generados en el país deben almacenarse y eliminarse definitivamente en territorio finlandés. “Antes del cambio legal en 1994, el combustible nuclear gastado se exportaba a, por ejemplo, Rusia”, recordó la ministra de Clima y Medio Ambiente, Sari Multala.
Un sistema pensado para durar milenios

El plan de almacenamiento permanente de Onkalo contempla un funcionamiento de al menos 100 años. Durante ese tiempo, el combustible gastado se trasladará desde las piscinas de enfriamiento de Olkiluoto hasta los túneles del depósito. Allí, las cápsulas serán encapsuladas en botes de cobre, elegidos por su resistencia a la corrosión.
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Lauri Parviainen, químico de Posiva, detalló que “básicamente, tiene que ser seguro para siempre”. Cada cápsula se bajará en un agujero perforado, que luego se rellenará con arcilla de bentonita, un material que actúa como barrera natural.
“Así que si la bentonita permanece en su lugar, estamos a salvo”, explicó Parviainen. Cuando cada túnel de 300 metros quede lleno, se sellará con un tapón de hormigón armado. El combustible permanecerá ahí mientras su radiactividad va decayendo. “Después de 100.000 años, estarán aproximadamente al mismo nivel que el mineral de uranio del que está hecho el combustible”, precisó Parviainen.
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El análisis de riesgos abarca horizontes inéditos. Jarkko Kyllonen, experto de STUK, participó en la evaluación de escenarios posibles para el sitio hasta un millón de años en el futuro. “Teniendo en cuenta el potencial de peligro de los residuos, los primeros 10.000 años son muy importantes para mantener las cápsulas intactas”, declaró a AFP.
Los riesgos principales a largo plazo incluyen la corrosión del cobre y los movimientos sísmicos durante futuras glaciaciones, que podrían afectar la integridad de las cápsulas y provocar fugas.
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Los resultados de los estudios fueron positivos, según resaltó Kyllonen. El objetivo es que el sistema de confinamiento logre superar cualquier desafío geológico o químico, una ambición sin precedentes en la historia de la ingeniería civil.
Legislación, consenso social y futuro nuclear

La legislación finlandesa sobre energía nuclear y residuos radiactivos establece parámetros estrictos para la gestión, almacenamiento y eliminación definitiva de estos materiales. Según la normativa, la construcción de cualquier instalación importante dedicada a residuos nucleares debe responder al bien común y contar con la aprobación tanto del Gobierno y el Parlamento como del municipio anfitrión. Además, toda obra de este tipo requiere una Evaluación de Impacto Ambiental antes de recibir la primera autorización.
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El titular de una licencia para operar una instalación de residuos nucleares está obligado a garantizar su seguridad en todos los ámbitos: protección radiológica, salvaguardias, seguridad nuclear y preparación ante emergencias.
De acuerdo con la legislación, “la seguridad de las instalaciones de residuos nucleares deberá mantenerse al nivel más alto razonablemente posible, y se deberán tomar todas las medidas justificadas por la investigación en seguridad y los avances científicos y tecnológicos para mejorar la seguridad”.

El productor de residuos nucleares asume la responsabilidad de su gestión, investigación, desarrollo, financiación del almacenamiento futuro y desmantelamiento de las instalaciones. El Estado solo asume el control cuando los residuos fueron eliminados de forma autorizada o si la empresa responsable no cumple sus obligaciones.
Finlandia se adelantó a la discusión internacional al prohibir la importación de residuos nucleares extranjeros y la exportación de sus propios desechos, con excepción del combustible usado en reactores de investigación. Así, el país se convierte en referencia de soberanía y control estatal sobre los pasivos nucleares.
El diseño de cualquier instalación nuclear debe prever su desmantelamiento desde el inicio. Los planes correspondientes se actualizan durante toda la vida útil de la planta y deben ejecutarse sin demoras injustificadas, una exigencia que busca evitar la acumulación de instalaciones obsoletas o peligrosas.

La obligación de neutralizar y gestionar cualquier residuo radiactivo se extiende a todo usuario de sustancias nucleares, incluidos los residuos NORM (materiales radiactivos de origen natural). La Ley de Radiación estipula la constitución de garantías financieras para asegurar la gestión responsable de estos materiales, así como la posibilidad de devolver fuentes selladas en desuso al proveedor o entregarlas a la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear (STUK).
Finlandia ratificó además tratados internacionales clave, como el Convenio de Londres y el Convenio Conjunto, que abordan la responsabilidad global y las mejores prácticas en la gestión de residuos peligrosos.
Apoyo y desafíos sociales

El proyecto Onkalo encontró menos resistencia social que iniciativas similares en otros países. Mientras en Francia la idea de construir una tumba nuclear subterránea recibió un fuerte rechazo, la experiencia finlandesa se caracteriza por un grado inusual de consenso social y confianza en las instituciones técnicas y regulatorias.
Según Matti Kojo, profesor de ciencias sociales de la Universidad LUT, “la gente se ha acostumbrado y confía en las evaluaciones hechas por STUK”. El nivel de apoyo a la energía nuclear alcanzó cifras históricamente altas en Finlandia, una tendencia que marca un contraste con el debate europeo.
Aun así, la Asociación Finlandesa para la Conservación de la Naturaleza mantiene una postura crítica. Su director, Tapani Veistola, expresó que “nadie puede garantizar la seguridad de Onkalo durante miles de años”. Este tipo de advertencias resalta la dimensión ética y la incertidumbre asociadas a proyectos que trascienden la escala temporal humana.
Desde el punto de vista legal, la responsabilidad sobre los residuos nucleares, una vez eliminados formalmente, pasa al Estado. Si un productor privado no puede cumplir sus obligaciones, el Gobierno debe intervenir.
El futuro de la energía nuclear y los residuos

El impulso nuclear en Finlandia es parte de una política energética nacional que busca reducir emisiones y diversificar la matriz. El país evalúa el desarrollo de pequeños reactores modulares (SMR), aunque todavía no existe una definición clara sobre la gestión futura de los residuos que estos dispositivos generarán. “Todavía no se ha decidido cómo se gestionaría el combustible nuclear gastado de los futuros SMR”, reconoció la ministra Multala. Una evaluación técnica y legal se presentará el próximo año.
El almacenamiento de residuos nucleares en Onkalo representa la culminación de un proceso de innovación tecnológica, adaptación social y regulación avanzada. El modelo finlandés combina ingeniería de vanguardia, participación social y un marco legal robusto, en busca de una solución definitiva al mayor pasivo de la energía nuclear.
La última palabra la tendrán las generaciones futuras, que deberán confiar en una obra pensada para durar más de 100.000 años, oculta en la profundidad de la roca, mientras la ciencia y la sociedad siguen debatiendo sobre el legado radiactivo.
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