
Los trastornos mentales ya son la principal causa de discapacidad global y afectan a 1.200 millones de personas.
Según un nuevo estudio publicado en The Lancet, la prevalencia y carga global de estos trastornos, medida entre 1990 y 2023 en ambos sexos, 25 grupos de edad, 21 regiones y 204 países y territorios, casi se duplicó en ese período y superó a las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las afecciones musculoesqueléticas.
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En 2023, estos trastornos representaron 171 millones de años de vida ajustados por discapacidad y más del 17 % de todos los años vividos con discapacidad en el mundo.

La investigación fue liderada por especialistas del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud, que se encuentra en los Estados Unidos y es el centro de referencia en estadísticas sanitarias globales, en colaboración con la Universidad de Queensland, Australia.
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El estudio identificó un impacto desproporcionado en adolescentes de 15 a 19 años y en mujeres.
Damian Santomauro, primer autor del trabajo, explicó la vinculación del alza reciente con dos cuadros concretos y señaló a la agencia de noticias Sinc: “Los recientes aumentos se deben principalmente a los trastornos de ansiedad y al trastorno depresivo mayor”.
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Qué explica el salto posterior a la pandemia

Desde 2019, la prevalencia estandarizada por edad del trastorno depresivo mayor aumentó cerca de 24 %, mientras que los trastornos de ansiedad crecieron más de 47 %. Ambos alcanzaron su punto más alto en los años que siguieron a la pandemia de covid-19.
Ante este escenario, Santomauro destacó: “Estas tendencias al alza pueden reflejar tanto los efectos persistentes del estrés derivado de la pandemia como factores estructurales a largo plazo, como la pobreza, la inseguridad, el abuso, la violencia y la disminución de la cohesión social”.
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El mismo investigador añadió: “Abordar esta situación requerirá una inversión sostenida en los sistemas de salud mental, un mayor acceso a la atención y una acción global coordinada para brindar un mejor apoyo a las poblaciones más vulnerables”, dijo el investigador.
Cuándo se da el máximo de prevalencia

Alize Ferrari, coautora del estudio, subrayó el momento de mayor concentración de casos: “Nuestros hallazgos demuestran que la prevalencia de los trastornos mentales alcanza su punto máximo entre los 15 y los 19 años, una etapa del desarrollo que puede influir en las trayectorias educativas, laborales y relacionales”.
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La investigación señala que los trastornos mentales atraviesan todas las etapas de la vida, aunque su tipo e impacto cambian según la edad. Ese pico en la adolescencia ubica el problema en un momento de transición que condiciona formación, empleo y vínculos.
El estudio también encontró una carga mayor entre las mujeres. En 2023, 620 millones de mujeres vivían con un trastorno mental, frente a 552 millones de hombres, y acumularon 92.6 millones de años de vida ajustados por discapacidad, contra 78.6 millones entre los varones.
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Según el trabajo, esa diferencia puede vincularse con una combinación de factores: mayor exposición a violencia doméstica y abuso sexual, más responsabilidades de cuidado y desigualdades estructurales como la discriminación de género.
La brecha de tratamiento

Los trastornos mentales aumentaron en todas las regiones del mundo de 1990 a 2023, aunque con intensidades distintas según la región y el nivel de desarrollo.
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Las tasas de carga más elevadas aparecieron en áreas de altos ingresos como Australasia, región de Oceanía, y Europa Occidental, con países como los Países Bajos, Portugal y Australia entre los más afectados. También se registraron fuertes incrementos en África subsahariana occidental y partes del sur de Asia.
El estudio advierte que ese avance convive con una cobertura muy baja. Los análisis del Estudio de la Carga Global de Enfermedad, el mayor informe mundial sobre salud pública de la OMS, estiman que solo alrededor del 9 % de las personas con trastorno depresivo mayor en el mundo recibe un tratamiento mínimamente adecuado, y que en 90 países menos del 5 % accede a una atención adecuada.
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La falta de cobertura también se observa entre los sistemas más desarrollados. En los 204 países y territorios analizados, solo un número reducido de entornos de altos ingresos, como Australia, Canadá y los Países Bajos, supera una cobertura de tratamiento del 30 %.
Esa combinación entre más casos, mayor discapacidad y baja cobertura extiende el impacto sobre las familias y cuidadores, reduce la participación laboral y la productividad, y suma presión sobre los sistemas de salud y los recursos públicos.
Ecos invisibles: el grito silente de la salud mental

Sergio Grosman, médico psiquiatra y presidente del capítulo Psicoterapias de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), comentó a Infobae después de leer el estudio: “El problema central hoy ya no es solo cuántas personas tienen un trastorno mental, sino que el sistema de salud no logra absorber ni siquiera a quienes buscan ayuda en América Latina. Conseguir un turno puede resultar casi imposible en el sector público y muy difícil incluso a través de las obras sociales”.
Además, señaló Grosman: “Quienes consultan representan solo una fracción del problema. Por cada paciente que llega a la atención, hay probablemente una o dos personas más que sufren síntomas sin pedir ayuda, ya sea por estigma, desesperanza o falta de conciencia de la enfermedad. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿tiene sentido aumentar la detección si luego no hay dónde atender a quienes detectamos? Considero que no habrá mejora real sin una mayor inversión pública y mejor cobertura”.
En cambio, aclaró: “Si aparecen recursos, hay tres prioridades para tener en cuenta. Se necesita un programa de prevención con acento en los lazos comunitarios, que están rotos por la soledad y el aislamiento social. También se deberían establecer prioridades sobre los objetivos para realizar una inversión y una mejora real de la oferta de servicios, con el aumento de las sedes de atención y de los equipos profesionales”.
En el mundo desarrollado ya existen programas de atención mixtos entre sistemas digitales con inteligencia artificial y contacto con profesionales. “No son la solución perfecta ni reemplazan la relación terapéutica, pero permiten que personas con síntomas leves o moderados accedan a una primera instancia de ayuda sin lista de espera y a bajo costo”, resaltó.

En tanto, el doctor Eduardo Keegan, profesor asociado y director de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica y Terapia Cognitivo-Conductual de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, afirmó al ser consultado por Infobae: “No me resulta sorprendente que haya aumentado tanto la tasa de trastornos de ansiedad y depresión mayor si se tiene en cuenta que hubo una pandemia por coronavirus tan extensa en el mundo. Si se calcula la carga de muertes, desempleo y alteración laboral, el incremento parece esperable”.
Con respecto a lo que señala el estudio en The Lancet sobre la falta del acceso al tratamiento adecuado, Keegan explicó: “Eso tiene que ver con la necesidad de implementar planes públicos para acercar los tratamientos disponibles a la gente. No es necesario inventar nada nuevo, sino mejorar el acceso a las terapias que ya cuentan con evidencia".
Existen diferentes formas de tratamiento, en particular la terapia cognitivo-conductual, que es un abordaje psicológico con alta eficacia para la mayoría de los pacientes, subrayó. “Aproximadamente el 70% mejora en unas quince semanas, con entre dieciséis y dieciocho sesiones. Hay diversos protocolos cognitivo-conductuales que han demostrado ser útiles tanto para la depresión como para la ansiedad. También hay abordajes farmacológicos eficaces, seguros y de bajo costo, y la posibilidad de combinar ambas estrategias. Pero todo esto requiere una estructura y una organización que facilite el acceso, algo que en países de América Latina como la Argentina todavía no existe”.
En algunos países europeos, especialmente en Inglaterra, “sí hay programas públicos como el conocido Mejora del Acceso a los Tratamientos Psicológicos, actualmente llamado Programa de Terapias de la Palabra o Talking Therapies”.
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