
La forma y función de la muñeca humana ofrecen pistas sobre la historia evolutiva de la especie. Los huesos de la mano no solo permiten la precisión en tareas cotidianas, sino que también revelan cómo nuestros antepasados se desplazaban y manipulaban objetos. Compararlos con los de otros primates ayuda a entender cuáles rasgos se comparten por herencia y cuáles surgieron como adaptaciones únicas.
Un estudio reciente, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, analizó en detalle la estructura de los huesos de la muñeca en humanos, simios africanos y fósiles de especies extintas del linaje humano.
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El trabajo, realizado por equipos de la Universidad de Chicago, el Instituto Smithsoniano y la Universidad de Colorado, empleó técnicas de modelado tridimensional y métodos estadísticos avanzados para reconstruir la historia evolutiva de los huesos carpianos y evaluar su vínculo con el desplazamiento sobre los nudillos.
Herencias compartidas y cambios en la anatomía de la muñeca

El estudio muestra que los antepasados humanos comparten con los simios africanos, como gorilas y chimpancés, ciertas características en los huesos de la muñeca, posiblemente vinculadas a una forma de desplazamiento en la que se apoyan los nudillos sobre el suelo.
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Los investigadores encontraron que la estructura de la muñeca en los humanos actuales y en los simios africanos es muy parecida, lo que sugiere que el antepasado común de ambos grupos probablemente caminaba apoyándose sobre sus nudillos. Dos huesos clave, el semilunar y el piramidal, presentan una similitud notable entre estas especies, lo que indica que cambiaron poco desde ese ancestro común.
El estudio también señala que algunas características exclusivas de la muñeca humana surgieron a partir de estos rasgos heredados y se desarrollaron gradualmente. En especial, ciertos huesos de la muñeca (como el trapezoide, el escafoides, el grande y el trapecio) cambiaron su forma para adaptarse a nuevas funciones, como el uso de herramientas. Sin embargo, este proceso fue lento y, durante mucho tiempo, existieron especies con muñecas que tenían una combinación de rasgos antiguos y modernos, algunas incluso parecidas a las de los monos que apoyan toda la palma al caminar.
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Por último, los autores remarcan que especies humanas extintas como Homo naledi y Homo floresiensis todavía conservaban una muñeca semejante a la de los monos que caminan apoyando la palma. Esto indica que las adaptaciones específicas para el uso intensivo de herramientas no aparecieron en los primeros representantes de nuestro género, sino mucho después.
De los fósiles a los modelos digitales: el camino del análisis
El equipo de científicos utilizó una técnica innovadora que permite medir con precisión la forma en tres dimensiones de los huesos de la muñeca. Para el estudio, reunieron más de 2.000 esqueletos de primates actuales y 55 fósiles de especies humanas extintas. Obtuvieron imágenes detalladas de cada hueso gracias a tomografías y escaneos láser, lo que les permitió crear modelos digitales muy precisos.
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Para comparar las formas de las muñecas entre las distintas especies, aplicaron varios métodos matemáticos y estadísticos, incluidos programas de inteligencia artificial que pueden reconocer patrones y clasificar datos complejos.
Estos métodos ayudaron a distinguir con exactitud a qué grupo pertenecen los huesos, ya sean de humanos, de simios africanos o de monos que caminan apoyando la palma de la mano. Los análisis mostraron que, a medida que se avanza en la evolución, los fósiles más recientes se parecen más a los humanos actuales, aunque todavía existe mucha diversidad en la forma de la muñeca dentro del género Homo.
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Lo que la anatomía de la mano dice sobre la evolución humana

Los resultados del estudio muestran que la muñeca humana actual deriva de la de los simios africanos, aunque presenta cambios que mejoran la capacidad para manipular objetos y usar herramientas. Entre estas adaptaciones se encuentran modificaciones en ciertos huesos de la muñeca que permiten movimientos más precisos y flexibles, necesarios para tareas como sujetar, cortar o fabricar instrumentos.
Estos hallazgos ayudan a entender de qué manera los cambios en la muñeca influyeron en la evolución de las manos humanas y en la capacidad para crear herramientas y objetos. El trabajo sugiere que la destreza manual moderna se construyó sobre una base heredada de antepasados que caminaban usando los nudillos, pero las adaptaciones más importantes para la manipulación fina surgieron en etapas más recientes de la evolución humana.
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