
El hallazgo de un antiguo papiro egipcio en el Museo Británico reavivó el debate científico sobre la posible existencia de “personas gigantes” en la antigüedad. El documento, conocido como Papyrus Anastasi I, fue escrito durante la Dinastía XIX de Egipto, hace más de tres milenios, y contiene una carta firmada por el escriba Hori.
La pieza, que se exhibe en Londres desde 1839, desató una oleada de investigaciones al describir un encuentro con guerreros de estatura extraordinaria en la región de Canaán. La referencia a estos hombres de gran tamaño llevó a especialistas y arqueólogos a reconsiderar los relatos bíblicos sobre los llamados Nephilim, figuras enigmáticas mencionadas en el Antiguo Testamento.
El documento, datado en el siglo XIII a.C., ganó notoriedad por la descripción de los Shasu, un pueblo nómada del sur del Levante, a quienes el escriba retrató como “feroces de rostro” y de “cuatro o cinco codos” de altura. El codo real egipcio medía unos 52,45 centímetros, lo que ubica a estos guerreros entre los 2,03 y 2,59 metros.

Según el análisis de la Associates for Biblical Research (ABR), la mención de estas proporciones sorprendió a la comunidad académica y encendió la discusión acerca de si se trata de un testimonio literal, una hipérbole retórica o una simple exageración literaria.
Los Shasu aparecen en varias inscripciones egipcias y cananeas como habitantes de Canaán, Filistea y Transjordania, en coincidencia con los escenarios donde la Biblia ubica a los “gigantes” de la antigüedad.
El texto de Hori describe: “El desfiladero estrecho está infestado de Shasu... Algunos de ellos son de cuatro o cinco codos, de cabeza a pie, feroces de rostro, su corazón no es manso”. La descripción impresionó a los israelitas, según apunta la ABR, y se asoció con otras fuentes que relatan la presencia de tribus de gran estatura, como los Iy Aneq, grupo mencionado en los Textos de Ejecución egipcios y que algunos investigadores vinculan con los Anakim bíblicos.
Un cruce de fuentes y miradas: ¿pruebas o exageración?

Según la ABR, la carta del escriba Hori no solo presenta una descripción de gran realismo, sino que se conecta con relieves egipcios del reinado de Ramsés II. En uno de estos, que representa la batalla de Qadesh (c. 1274 a.C.), se observa a dos espías Shasu capturados, dibujados con un tamaño superior al habitual.
Mientras que en el arte egipcio los faraones suelen estar magnificados, en este caso la representación de los enemigos parece más ajustada a una escala realista, de acuerdo con la interpretación de la ABR. Esta convergencia de datos entre papiros, relieves y tablillas cananeas refuerza la hipótesis de que existieron grupos humanos de estatura inusual, o al menos esa fue la percepción registrada por los escribas y narradores de la época.
El debate se alimentó también con la mención en el Antiguo Testamento de figuras como Og, rey de Basán, y los Refaim, descritos como gigantes. La Biblia narra que los israelitas, al entrar a la Tierra Prometida, se sintieron “como saltamontes” ante los hijos de Anac, una frase recogida en Números 13:33: “Y vimos allí a los gigantes, los hijos de Anac, que proceden de los gigantes; y a nuestros propios ojos éramos como saltamontes, y así éramos a sus ojos”.

Una tablilla de Ugarit, datada hacia 1200 a.C., menciona a “Rapiu, Rey de la Eternidad”, entronizado en las ciudades de Ashtarat y Edrei, ubicaciones asociadas bíblicamente a Og.
El propio capítulo 6 del Génesis refiere la existencia de los Nephilim, “hombres de renombre” descendientes de los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”, cuyo comportamiento caótico habría motivado a Dios a “destruir a todas las criaturas bajo el cielo” con el diluvio universal.
Estas historias, analizadas por organizaciones como la Associates for Biblical Research, encontraron un eco inesperado en el estudio del papiro egipcio.
El valor del testimonio y la controversia científica

La interpretación del Papyrus Anastasi I no cuenta con consenso. Mientras algunos arqueólogos consideran que el documento podría aportar respaldo histórico a la existencia de personas de gran estatura, otros lo catalogan como un texto de naturaleza satírica o escolar, donde la exageración y el alarde retórico cumplían una función literaria.
En la bibliografía egiptológica, el papiro suele describirse como una carta satírica entre escribas militares, destinada a la formación de aprendices y caracterizada por el uso de hipérboles para enfatizar la peligrosidad o incompetencia de los adversarios.
La ABR sostiene que la precisión en la mención de las medidas y la convergencia con otras fuentes, como los fragmentos de cerámica del Museo de Berlín que aluden a los Iy Aneq, aportan verosimilitud a la carta.

En su análisis, la organización subraya: “Es una cosa que las talladuras egipcias representen a sus faraones con un tamaño casi sobrehumano. Es bastante diferente que representen a sus enemigos de esa manera”. La existencia de representaciones y relatos similares en culturas vecinas, como las tablillas cananeas y los textos bíblicos, refuerza la idea de que la percepción de “gigantes” formó parte de la cosmovisión en la región.
A pesar de la cantidad de fuentes, la comunidad científica se mantiene dividida. Numerosos expertos subrayan la ausencia de pruebas físicas o restos óseos que respalden la existencia de humanos de más de dos metros y medio en el sur del Levante durante la Edad del Bronce.

Algunos consideran que las dimensiones atribuidas a los Shasu e Iy Aneq fueron recursos literarios para asustar al enemigo o engrandecer a los héroes locales. En este sentido, la falta de evidencia arqueológica sólida lleva a muchos a considerar las historias como parte de una tradición oral y literaria que utilizaba la figura del gigante para transmitir mensajes de poder, miedo o diferencia cultural.
Entre los argumentos escépticos también figura la dificultad de interpretar con precisión las unidades de medida antiguas. El “codo” egipcio variaba según el período y la región, lo que complica la conversión de las cifras a valores actuales.
Además, la costumbre de utilizar términos como “cuatro o cinco codos” pudo responder a la búsqueda de énfasis narrativo antes que a una medición exacta. Pese a esto, la repercusión del hallazgo y el renovado interés mediático impulsaron nuevas investigaciones tanto en Egipto como en los principales centros de estudios bíblicos.
Un enigma que perdura: la huella de los “gigantes” en la historia

La desaparición de los Shasu del registro arqueológico durante la Edad del Hierro temprana coincidió con el fin de las menciones bíblicas a los gigantes, lo que aumenta las incógnitas sobre la correspondencia entre fuentes históricas y relatos míticos.
El arte egipcio, los textos cananeos y las escrituras hebreas confluyen en una misma región y periodo, dando sustento a la perdurabilidad del mito.
Casos como el de los supuestos “gigantes pelirrojos” de Nevada, surgidos de leyendas y hallazgos dudosos de esqueletos en el siglo XIX, muestran que el tema, lejos de agotarse, sigue inspirando investigaciones y controversias hasta la actualidad.

La fascinación por los gigantes se alimenta de la convergencia de relatos antiguos, evidencias indirectas y la permanente búsqueda de pruebas materiales. La carta del escriba Hori, más allá de su valor histórico o literario, puso en primer plano la pregunta sobre los límites entre mito y realidad.
Mientras tanto, el Papyrus Anastasi I continúa siendo objeto de análisis y debates, consolidándose como uno de los documentos más intrigantes y discutidos de la egiptología moderna.
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